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Palacio imperial y Museo nacional

Sorpresa en Tokio

Hoy nos hemos despedido del hotel de Utsunomiya y hemos cogido un tren hasta Tokio, nuestra última escala del viaje. Nuestra intención era dejar las maletas en las taquillas de la estación para ahorrarnos un par de paseos al hotel, dado que requiere combinar varios transportes y el check-in no se puede hacer hasta las cuatro de la tarde. Sin embargo nos hemos encontrado con algo que no esperábamos: todas las taquillas están bloqueadas por motivos de seguridad.

Al parecer, un presidente de un país lejano, un tal Obama, ha decidido visitar Japón justo esta semana, y todo Tokio está en estado de alerta, en especial la red de transportes. Las taquillas van a estar bloqueadas toda la semana (pone del 22 al 25 en los carteles, pero ya no se pueden utilizar), las papeleras están tapadas, todo el personal de la estación lleva brazaletes indicando el estado de alerta y hay mensajes en todos los monitores, tanto en la estación como en los trenes, pidiendo que se informe inmediatamente de cualquier objeto sospechoso que parezca abandonado. Alerta por posible ataque terrorista.

En la estación de Tokio hay una zona en la que custodian maletas, junto a una zona enorme de taquillas. Este servicio seguía funcionando, aunque con limitaciones, como tener que recoger lo que dejaras antes de las ocho de la tarde. Sin embargo, la cola era kilométrica y los precios bastante elevados: ¥500 por bulto. Hemos preguntado y nos han dicho que no es cosa de esta estación, sino que todo Tokio está en estado de alerta y todas las taquillas de todas las estaciones están bloqueadas. Y son muchas taquillas, porque aquí las hay en todas las estaciones, por pequeñas que sean.

La estación de Tokio

La estación de Tokio

En vista de que no podíamos dejar las maletas, nos hemos visto obligados a cambiar de planes y llevar las maletas hasta el hotel, haciendo además la ruta larga, porque el servicio de autobús gratuito del hotel, que lo comunica con la estación de Shinagawa, no empieza a funcionar en dirección al hotel hasta las tres de la tarde. Hemos tenido que coger un tren hasta Hamamatsucho y luego enlazar con el monorraíl hasta Tennozu Isle, parada junto a la que se encuentra el hotel. Afortunadamente, ambas líneas están incluidas en el JR Pass.

Hemos dejado las maletas en recepción y luego hemos repuesto fuerzas tomando un café y unos cruasanes rellenos de una mezcla de crema de cereza y de pasta de judía roja que estaban deliciosos. Luego hemos desecho el camino, tomando primero el monorraíl y luego un tren de nuevo hasta la estación de Tokio.

Hemos salido de la estación y le hemos hecho algunas fotos. La estación de Tokio es un curioso edificio de estilo europeo como no esperas encontrarte en Japón. Fue construida en 1914 al estilo de la estación central de Ámsterdam, en la que se inspira. Quedó gravemente dañada durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida, aunque se conserva gran parte de la fachada original.

Palacio imperial de Tokio

Medio Nijubashi

Medio Nijubashi

Desde la estación nos hemos ido andando hasta el recinto del palacio imperial, que está cerca. Luego hemos tenido que rodear una buena parte para llegar al punto donde se hacen las fotos típicas del puente con el palacio al fondo.

El palacio imperial de Tokio, también conocido como Kōkyo, se encuentra en el lugar donde se situaba el castillo de Edo, del clan Tokugawa. La familia imperial reside aquí desde que se trasladó la capital desde Kioto, tras la Restauración Meiji. Por ese motivo los jardines interiores y los edificios no son visitables.

Al palacio se accede a través de un puente llamado Nijubashi (“puente doble”), cuyo nombre proviene de un puente anterior de madera que tenía dos alturas. Actualmente son dos puentes, uno de acero y otro de piedra, situados uno junto al otro.

La única zona que se puede visitar es Higashi Gyoen (“jardines del este”), donde se pueden ver las ruinas del antiguo donjon (“torre principal”) del castillo, destruido en un incendio en 1657. Cuando se construyó (1638) era la torre más alta de todo Japón, con 58 metros de altura. Hemos estado paseando por los jardines, haciéndonos fotos en los lagos. La estructura de los jardines es la del antiguo castillo y recuerda mucho al castillo de Nijō. Aunque del castillo no queda nada. Tan sólo parte de las murallas y fosos y algunas casas de la guardia.

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Casa de guardias

Casa de guardias

Museo nacional de Tokio

"Mono anciano" (Takamura Koun, periodo Meiji)

“Mono anciano” (Takamura Koun, periodo Meiji)

Nos hemos vuelto andando a la estación de Tokio y hemos cogido un tren hasta Uguisudani, la parada que queda más cerca del Museo nacional de Tokio.

En 1872 se realizó una exposición temporal en un edificio que había sido un anteriormente un templo. Se exhibieron más de 600 piezas procedentes de todo el país. Esta exposición, que se hizo como parte de los preparativos de la partición de Japón en la Exposición Universal de Viena de 1873, fue la base de una exposición permanente que se convertiría en el primer museo nacional de Japón. Con el tiempo, el museo se fue ampliando y reformando hasta convertirse en el mayor museo del país.

El museo consta actualmente de varios edificios, cada uno con diferentes exposiciones. Nosotros nos hemos centrado en el Honkan, el edificio principal, que alberga en su mayor parte obras de arte japonesas. Lo malo es que dos de los cuadros que más interés teníamos en ver no se encuentran ahora en el museo. No obstante, hay montones de obras realmente hermosas e interesantes, así que la visita ha merecido mucho la pena. Además, en el museo se pueden hacer fotografías sin flash, salvo a las obras en las que se prohíbe explícitamente, por deseo de sus dueños.

Varios de los preciosos...

Varios de los preciosos…

...biombos pintados...

…biombos pintados…

...que hay en el museo

…que hay en el museo

En una de las salas hemos descubierto que el día que visitamos el Sanjūsangen-dō nos engañaron, puesto que nos aseguraron que había 1001 estatuas y resulta que tres de ellas están aquí. Eso nos pasa por no contarlas 😉 .

El museo se encuentra al norte del parque de Ueno, así que nos hemos bajado andando a coger el tren allí. Para volver al hotel hemos decidido encadenar dos shinkansen, hasta la estación de Shinagawa. No es que se gane mucho tiempo, pero los trenes normales van siempre llenísimos y así nos garantizábamos poder sentarnos, que ya iba “apeteciendo”. Allí hemos cogido el autobús gratuito del hotel.

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Al llegar al hotel nos hemos ido directamente a cenar, dado que, para evitar que nos cerraran el museo, no habíamos comido gran cosa desde los cruasanes de media mañana. El hotel, un Toyoko Inn, tiene un restaurante shabu-shabu, así que hemos aprovechado para probarlo. Se trata de un tipo de restaurante en el que tú mismo te cocinas la comida, carne, udon y verduras, cociéndola en agua en la propia mesa.

Nuestro hijo se lo ha pasado en grande. Le ha hecho mucha ilusión poder hacerse su propia comida. Y, además, estaba todo muy bueno. Aunque se tarda bastante en cenar, sobre todo si te haces el valiente y decides intentarlo con los palillos, rechazando los tenedores que te ofrecen 😛 .

Tras la cena hemos hecho el check-in y hemos subido las maletas a la habitación. Buenas noches.

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Palacios en Kioto

Hoy hemos desayunado espaguetis con tomate. Se ve que tienen que poner algo occidental en el desayuno, pero no parece que tengan muy claro qué se suele desayunar en occidente. O eso o, simplemente, buscan platos parecidos a los que toman ellos en el desayuno y te los plantan. La cosa es que estaban muy buenos, con sus salchichas y todo 😉 .

Nos hemos cogido un tren hasta Kioto y allí hemos comprado billetes de un día para el metro (para hoy) y billetes de autobús para dos días (para algunos de los siguientes tres días, ya veremos). Hoy tenemos planificadas visitas a las que se llega bien en metro y para el resto de días nos podremos apañar sólo con el autobús.

El palacio imperial de Kioto

De gala para visitar el palacio

De gala para visitar el palacio

Nos hemos ido hasta la parada de Imadegawa, que te deja muy cerca de la puerta de entrada al recinto del palacio imperial de Kioto. Normalmente el palacio sólo se puede visitar con guía, y casi todos los grupos son en japonés, salvo un par de ellos, a horas muy concretas, que son en inglés. Si vas con tiempo puedes reservar para el mismo día, aunque también se puede reservar por Internet. Sin embargo, en primavera hay unos cuantos días de puertas abiertas en los que puedes visitar el palacio por tu cuenta, sin tener que reservar grupo. Este año es del 9 al 13 de abril, así que lo hemos aprovechado.

El Kyoto Gosho o palacio imperial de Kioto fue construido en el año 794, y fue la residencia del emperador hasta que se trasladó la capital a Tokio en 1869, durante la Restauración Meiji. Durante esos mil años el palacio ha sido destruido y reconstruido en numerosas ocasiones, debido a guerras e incendios. El palacio actual es de 1855, y se construyó tratando de reproducir el estilo del palacio original.

El palacio se sitúa en un terreno amurallado llamado Kyōto Gyoen, de 1,3 x 0,7 kilómetros, en el que también se encuentra la residencia oficial (Daidairi), la del emperador retirado (Sento), los jardines y la universidad Doshisha, una universidad privada fundada en 1875.

Shishinden

Shishinden

La visita del palacio se realiza en una ruta marcada. Te dan un panfleto con el recorrido y explicaciones de lo que es cada cosa (aunque hay carteles por el camino que cuentan lo mismo). Sólo se visita el exterior del palacio. No se entra en ninguno de los edificios. Esto es siempre así, no tiene relación con los días de puertas abiertas. Digamos que las puertas las abren, pero un poquito sólo 🙂 .

El palacio es bastante austero, para lo que entendemos por palacio en Europa. Destacan algunas pinturas en las paredes de las salas y las puertas de los edificios son espectaculares. Los jardines nos han gustado mucho también, con el lago y los puentes.

También había montones de puestos vendiendo souvenirs y productos típicos, principalmente dulces. Suponemos que estaban con motivo de las jornadas de puertas abiertas. Hemos comprado alguna cosilla y hemos probado todo lo que nos han puesto por delante. Estaba casi todo bastante rico, aunque hay que tener cuidado con las cosas verdes 😉 .

Puente Keyakibashi

Puente Keyakibashi

Jardín Gonaitei

Jardín Gonaitei

Al salir del recinto del palacio nos hemos dirigido a la estación Marutamachi del metro de Kioto, que se supone que queda más cerca que en la que nos bajamos al venir. Pero teniendo en cuenta todo lo que hemos andado, rodeando el exterior del recinto, seguramente nos habría salido más a cuenta volver a la misma estación por la que llegamos. Es más, con la caminata y el calor que hacía (menudo día se ha quedado, por cierto) hemos tenido que hacer una parada técnica y tomarnos un helado junto a la boca del metro.

El castillo de Nijo

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Nos hemos ido en metro hasta la parada Nijojo-mae, que te deja mucho más cerca del castillo que, paradójicamente, la que se llama sólo Nijo.

El castillo de Nijō (Nijō-jō) fue construido a principios del siglo XVII por Tokugawa Ieyasu, y fue la residencia oficial del shogún durante el shogunato Tokugawa, que perduró durante más de 250 años.

Consta de varios edificios aunque algunos de ellos se destruyeron, como el castillo central (donjon), al que le cayó un rayo, o el palacio interior que quedó destruido en un incendio en 1788, provocando que el castillo quedara abandonado durante más de un siglo. El resto, sin embargo, se ha conservado hasta nuestros días.

El castillo tenía originalmente dos murallas, cada una rodeada de un foso. La más interna rodea al Honmaru (ciudadela interior) y entre ambas se encuentra el Ninomaru (segunda ciudadela) y el resto de edificios y jardines.

El Ninomaru es el palacio más grande. Tiene más de 30 habitaciones, cada una de ellas decorada según su función, incluyendo las de la guardia personal del shogun, formada exclusivamente por mujeres. El suelo de los pasillos de este palacio recibe el nombre de uguisu-bari o pisos de ruiseñor, porque hacen un sonido similar al piar de los pájaros cuando los pisas, alertando así de la presencia de posibles asesinos. En este edificio sí que se puede entrar (quitándose los zapatos), pero sólo a los pasillos exteriores, viendo las habitaciones y las preciosas pinturas de las paredes desde las puertas. En algunas habitaciones hay unos maniquíes que representan escenas cotidianas de la vida en palacio.

Hay varios jardines, bastante bonitos también. De ellos, el Seiryū-en es bastante posterior. Fue construido en 1965 como lugar de recepción de las visitas oficiales a la ciudad. Hoy estaba cerrado.

Torre del castillo de Nijo

Torre del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Comiendo a la japonesa

Al terminar el castillo ya llevábamos un retraso considerable respecto a la planificación prevista para el día. En parte porque hemos madrugado algo menos de lo previsto y, sobre todo, porque nos hemos tomado las visitas con calma, disfrutando de cada sitio. Al fin y al cabo, se trata de eso ¿no?

Takoyaki

Takoyaki

Nos hemos vuelto a la estación de Kioto con la intención de comer allí, que hay bastantes restaurantes. Pero, siendo ya más de las cuatro de la tarde, no nos ha quedado otra que recurrir a la comida rápida (que suele tener un horario más amplio), pero japonesa: takoyaki. Son una especie de croquetas con trozos de pulpo, en forma y tamaño de pelotas de golf. Las sirven con diversas cosas por encima: salsa barbacoa, mayonesa, huevo cocido mezclado con la yema y alguna otra salsa, etc. Los hemos escogido por la foto, sin saber muy bien qué eran o qué llevaban. Al menos, la persona que nos ha atendido nos ha preguntado antes de poner el picante y hemos podido evitarlo. Estaban bastante buenos.

Al final hemos decidido dejar para otro día la visita al santuario de Inari, porque apenas hemos dormido seis horas estos días y si seguimos así no llegamos al fin de semana, y todavía queda mucho viaje. Así que nos hemos comprado unas ekiben para cenar, que son las cajitas de comida (bento) que se venden en las estaciones de tren, unos dorayaki y un sándwich de tonkatsu (cerdo empanado) y nos hemos vuelto al hotel.

Al pedir la llave nos han dado un mensaje que nos han dejado de los Estudios Universales. Lo malo es que no han dicho si han encontrado la sudadera o no. Sólo han dejado un número de teléfono y el horario en que podemos llamar (de oficina). No tenemos muy claro qué vamos a hacer. En ese horario estamos siempre visitando lugares y no tenemos muy claro si vamos a conseguir entendernos con ellos por teléfono (si en persona ya cuesta…). Y luego, si resulta que la han encontrado, tendríamos que ir hasta allí a recogerla, lo que puede suponer más de una hora en desplazamientos, tiempo que tendríamos que quitarle a otra cosa que queramos ver. Si a eso le sumamos que la sudadera seguramente ya no le valdrá a nuestro hijo el próximo invierno… me parece que se van a quedar con ella. Ya veremos.

Como teníamos algo más de tiempo hemos probado el servicio de lavandería del Toyoko y hemos lavado lo que habíamos manchado hasta ahora (que, con un niño, es bastante más de lo que cabría esperar). Ya estamos listos para los siguientes días de visitas, que vienen cargaditos.

Dorayaki

Dorayaki

Ekiben

Ekiben

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