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De compras por Tokio

El hotel en el que nos alojamos en Tokio, el Toyoko Inn de Tennozu Isle, también incluye desayuno japonés gratuito. Sin embargo, este hotel es mucho más grande que aquél en el que estuvimos en Shin-Osaka, al comienzo de nuestro viaje. Tiene muchas más habitaciones y está preparado para más gente. La zona de desayuno es mucho mayor y hay más cantidad de comida… aunque no mucha más variedad. Exceptuando que aquí hay dos sopas diferentes, el resto de platos son idénticos. Bueno, hay cruasanes en lugar de tostadas (supongo que para evitar interminables colas frente al tostador). Y da gracias, porque junto con las salchichas es casi lo único que se puede desayunar si no eres muy aficionado a las algas o los encurtidos gelatinosos. Y no te olvides de traer tus servilletas, porque aquí no tienen.

Tochō

Tochō

Tochō

Después de desayunar hemos tomado el autobús gratuito del hotel que te lleva hasta la estación de Shinagawa. Allí hemos cogido un tren de la línea Yamanote (la circular de Tokio) hasta Shinjuku. Aunque hemos debido de liarnos con las indicaciones que nos daba Hyperdia, porque el primero que hemos tomado ha parado en Osaki y nos han hecho bajar a todos. Aunque en seguida ha venido otro tren con el que continuar el camino. Supongo que hemos coincidido con una hora en la que se reduce el número de trenes.

Sin llegar a salir a la calle nos hemos metido por un túnel subterráneo que te lleva directamente a varios de los edificios de la zona. Nosotros nos hemos dirigido hacia el Tokyo Metropolitan Government, que es de los que más lejos están de la estación. Ha sido un paseo interminable, de cintas transportadoras y escaleras mecánicas, pasando por debajo de todas las calles del barrio. Muy útil si llueve (que no era el caso), pero bastante aburrido. Aunque hay incluso alguna tienda o cafetería por el camino.

La salida te deja directamente en una de las entradas del edificio, y tan sólo tienes que elegir a cuál de las torres quieres subir. Está todo acondicionado para enormes colas de gente, pero no había nadie cuando hemos llegado. Nosotros hemos subido a la torre norte.

El Tokyo Metropolitan Government o Tochō (abreviatura de “Ayuntamiento de Tokio”) es la sede del gobierno de todo el área metropolitana de Tokio, lo que incluye los 23 distritos de la ciudad y 39 municipios de los alrededores. Consta de varios edificios, de los cuales, el número 1 tiene dos torres con plantas de observación a las que se puede acceder gratuitamente. Los miradores están en la planta 45, a más de 200 metros de altura.

Vistas

Vistas

Las vistas de la ciudad no son excesivamente impresionantes. En parte porque, dada la altura, lo que más se ve son los grandes rascacielos de alrededor. Y, sobre todo, porque la neblina que causa la polución no permite ver a mucha distancia.

Lo que sí nos gustó bastante, sobre todo a nuestro hijo, fue la tienda que hay en la planta observatorio. Su cara, con los ojos fuera de sus órbitas, diciendo “¡esto es un sueño!”, tras descubrir la enorme sección de peluches de Nintendo de la tienda, no tiene precio. Bueno, en realidad sí que lo tiene: ¥10.000 en peluches (seis nos llevamos), barajas de cartas, puzles, imanes, carpetas… Y, encima, por la compra nos dieron un puñado de vales de descuento que sólo se podían gastar en esa tienda… lo que nos “obligó” a comprar aún más cosas.

Colección de peluches

Colección de peluches

La tienda también tiene una máquina purikura. Se trata de una especie de fotomatón, con un panel verde detrás que permite usar diversas fotografías de fondo (en este caso, del edificio en el que estamos) y luego añadir textos o efectos. El proceso está dividido en fases en las que vas escogiendo entre diversas opciones con un lápiz sobre una pantalla táctil, con un tiempo máximo establecido para cada una de ellas. La máquina te hace cuatro fotografías y luego puedes escoger la que más te guste. Puedes imprimirla en varios formatos y también te la puedes descargar después desde Internet utilizando un código QR y una clave que se incluyen en la copia impresa.

La máquina tiene montones de opciones, pero las instrucciones están sólo en japonés. Nosotros hemos intentado ponerle la fecha pero no lo hemos logrado antes de que se acabara el tiempo. Muy intuitivas no son. En cualquier caso, por ¥500 tenemos una foto de los tres con el Tokyo Metropolitan Government de fondo (aunque lo tapamos bastante) y con copia digital incluida. La calidad de la foto es algo regularcilla, pero en otros sitios nos han cobrado más del doble por fotos de calidad similar.

Shinjuku

Mode Gakuen Cocoon

Mode Gakuen Cocoon

La vuelta hacia la estación la hemos hecho por arriba, para ver un poco el barrio, haciendo fotos de los edificios por el camino. En el sótano de uno de los edificios más bonitos de la zona, la torre Mode Gakuen Cocoon, hay una impresionante librería que ocupa varios enormes locales distribuidos en dos plantas. Tiene libros tanto en japonés como en inglés.

Uno de los locales está dedicado por entero al manga. Es un laberinto de estanterías llenas, desde el suelo hasta el techo, de volúmenes de cómic japonés. Es realmente impresionante y ha hecho aflorar al friki que llevamos dentro, puesto que, a pesar de que todos los cómics están en perfecto japonés, hemos salido con cuatro o cinco tomos bajo el brazo.

Lo que también nos ha sorprendido es el personal que atiende la librería. Le hemos preguntado a uno de ellos por varias series de manga y nos ha llevado, sin titubear, directamente hasta el punto exacto de la estantería correcta donde estaba cada cosa que le hemos pedido. Sin pararse a buscar, sin recorrerlos hasta encontrarlos. Sabía exactamente dónde tenían que estar y, lo más importante, estaban exactamente donde esperaba encontrarlos.

Los tomos están todos envueltos, para mantenerlos en buen estado (y para que no los puedas leer sin comprarlos, claro). Una vez pagados, te los desenvuelven y te forran la cubierta con un papel que incluye el nombre de la tienda, de forma que puedas leerlos sin estropear la portada y, suponemos, sin que la gente sepa qué estás leyendo exactamente. Porque la librería tiene TODO tipo de manga, algunos con portadas bastante explícitas, por cierto.

Librería de manga

Librería de manga

Shibuya

Tempura y sashimi

Tempura y sashimi

Hemos vuelto a la estación de Shinjuku y hemos cogido un tren hasta Shibuya. Hemos comido en el centro comercial de la estación, en un restaurante especializado en tempura. Por lo que hemos podido ver, en Japón los restaurantes suelen estar muy especializados, cada uno con una oferta de platos basados en el mismo tipo de comida. Si el restaurante es de gyoza, casi todo lo que habrá en la carta será gyoza. Si es un restaurante de tonkatsu, puede que tenga diez o doce platos distintos, pero todos llevarán carne rebozada como elemento principal. Como no les apetezca tomar lo mismo a todos los que vayan en tu grupo, tenéis un problema, porque va a resultar algo difícil encontrar un restaurante donde uno pueda comer sushi y otro yakitori, por ejemplo.

Con los niños suele resultar algo más sencillo, porque casi todos los restaurantes suelen tener algún tipo de menú infantil, bastante variado y a muy buen precio, que a menudo incluye incluso postre (algo que no suele encontrarse habitualmente en la carta, por cierto).

Hachikō

Hachikō

En este caso, el restaurante tenía también una especie de menús fijos, combinando tempura con arroz, udon o incluso sashimi de atún (pescado crudo). Hemos pedido uno de esos para cada uno. Como la camarera no hablaba inglés y la carta sólo estaba en japonés, hemos tenido que salir a señalárselos en el escaparate, donde tienen las muestras de cera de cada plato de la carta.

Cuando nos los ha traído nos ha explicado con gestos para qué era cada salsa y cómo había que comer cada cosa. Luego se ha pasado toda la comida vigilándonos, bastante nerviosa, suponemos que por cómo nos estábamos comiendo la comida. De hecho, se ha acercado varias veces para corregirnos y agregar explicaciones adicionales sobre cómo teníamos que hacer las cosas. Ha sido un poquito agobiante y la mujer parecía estar realmente pasando un mal rato. Pero estaba todo realmente rico, así que ha merecido la pena.

Cuando hemos salido de la estación ya estaba lloviendo, cumpliéndose al fin lo que estaba pronosticado para todo el día. Hemos salido por la puerta que está junto a la estatua de Hachikō, un perro muy famoso y querido en Tokio.

Era el perro de un profesor universitario, que cogía el tren a diario en esta estación. Hachikō venía aquí todas las tardes a esperar el regreso de su amo. Un día el profesor murió dando clase y ya nunca más volvió, pero Hachikō siguió viniendo cada día a esperarlo, durante más de diez años, en el mismo sitio en el que ahora se encuentra la estatua.

Shibuya

Shibuya

Mientras nos estábamos haciendo las fotos con la estatua se han acercado unos japoneses, cámara en mano, con la intención de hacernos una entrevista para una cadena de televisión. Han insistido bastante, así que al final hemos accedido. Nos han preguntado sobre la estatua y por qué era famoso el perro. La entrevista no ha durado mucho, sobre todo por el casi nulo nivel de inglés del periodista. O quizás, porque buscaban a alguien que no supiera por qué había ahí una estatua de un perro. Vete tú a saber.

Las fotos del famoso cruce con las pantallas en los edificios las hemos hecho desde un mirador que hay en la estación, que ofrece mejor altura, aunque algunos árboles entorpezcan un poco la visión.

Akihabara

Akihabara

Akihabara

Hemos cogido otro tren hasta Akihabara, un barrio que destaca por los comercios de electrónica y los salones recreativos. Hemos entrado en algunos de estos últimos, hasta que, por la hora, ya no han dejado entrar a nuestro hijo (a partir de las 18:30, sólo mayores de 16 años).

Los recreativos aquí son impresionantes. Ocupan edificios enteros de varias plantas, normalmente organizados por temáticas. Hay plantas enteras dedicadas a máquinas purikura o esas con ganchos con los que tratar de coger diversos premios. Pero las estrellas son las máquinas de videojuegos. Las hay de todo tipo, con pantallas enormes, entrada de auriculares (para que puedas oír el juego entre tanto ruido) y variados mandos de juego. Incluso hay una zona con máquinas “retro”, con arcaicas pantallas de tubo.

Tienen mucho éxito las máquinas de seguir el ritmo, aunque parece que las de bailar pulsando con los pies ya han pasado de moda. Ahora el ritmo se sigue con las manos, pulsando sobre zonas sensibles de la pantalla y el marco circular que la rodea, o sobre unos mandos esféricos que se mueven en todas las direcciones. Este tipo de máquina parece gustarle sobre todo a las chicas, lo que también parece confirmar el hecho de que en uno de los que hemos entrado sea la única planta que tiene baños para ellas.

Máquinas de ritmo

Máquinas de ritmo

Máquina de cartas

Máquina de cartas

Máquinas de fútbol

Máquinas de fútbol

Hay montones de máquinas de lucha, la mayoría conectadas en red, tanto de personajes más clásicos como de robots gigantes. También hay muchas máquinas a las que se juega con cartas físicas que los jugadores traen de casa (y que deben comprar en otro sitio, porque no parece que se vendan allí). Las cartas las sitúan sobre una superficie que las detecta y sobre la que las desplazan para interactuar con el juego. Hay montones de máquinas de este tipo, tanto para jugar solo como para enfrentar a varios jugadores entre ellos, cada una con sus propias cartas diferentes. Cerca de estas máquinas suele haber catálogos con todas las cartas disponibles.

Como casi todo en Japón, los salones recreativos también están muy organizados. Aparte de la clasificación temática por plantas, hay zonas habilitadas para hacer cola ante las máquinas más demandadas o, directamente, una hoja de reservas similar a la de los restaurantes. También tienen tableros para hacer torneos, con rondas clasificatorias y eliminatorias. Y en algunos puntos hay una serie de cuadernos para que los jugadores se dejen mensajes entre ellos o para que hagan dibujos, algo a lo que parecen bastante aficionados.

Diseña tu propio personaje

Diseña tu propio personaje

Dibujos de jugadores

Dibujos de jugadores

Hemos estado paseando un rato por el barrio, entrando en tiendas y haciendo más compras (cargaditos vamos a volver). También hemos aprovechado para cenar, antes de volvernos al hotel (tren hasta Shinagawa y autobús gratuito).

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Ruta circular en Hakone

El día ha amanecido soleado, bien. En este hotel el desayuno está incluido en el precio de la habitación, suponemos que debido a que no hay ningún restaurante o cafetería cerca y es necesario coger un autobús para llegar a algún lugar con comida. El desayuno, de tipo bufet, es bastante variado, con comida tanto japonesa como occidental.

Barco para recorrer el lago Ashi

Barco para recorrer el lago Ashi

Después de desayunar hemos cogido el mismo autobús en el que vinimos ayer, el H, hasta Hakonemachi. El autobús te deja muy cerca del lago Ashi, junto al puerto donde se puede coger un barco para admirar las vistas que ofrece el lago con el monte Fuji al fondo. Como el día estaba lo suficientemente despejado hemos podido hacer ya las primeras fotografías del volcán, aunque en la cámara cuesta un poco distinguirlo del fondo, porque está completamente nevado.

El barco hace una pequeña parada en Moto-Hakone (donde, por cierto, se han bajado todos los grupos que iban con guía) y luego continúa hasta Togendai, en el otro extremo. En la misma terminal en la que atraca el barco se coge el teleférico, el primero de los dos que suben por el monte Kamiyama. Pero antes de cogerlo hemos pasado por la tienda, para comprar algunos productos de artesanía de madera, típicos de esta zona. Entre ellos hemos comprado una caja kumiki, una de esas cajas en las que tienes que desplazar varios paneles disimulados, en un orden concreto, para poder abrirlas.

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Luego hemos cogido el teleférico para subir los dos primeros tramos, hasta Owakudani. Hay una estación intermedia, Ubako, en la que ni siquiera tienes que bajarte.

No había cola para el teleférico, aunque sí mucha en sentido bajada. Se debe a que nosotros hemos hecho la ruta circular en el sentido opuesto a como se recomienda en las guías y como suelen hacerlo las agencias. Así nos hemos quitado de encima a la mayoría de los enormes grupos con guía.

En la estación de Owakudani (“Gran valle hirviente”) es donde se toma el segundo teleférico, que sube el tercer tramo. Pero antes es recomendable salir a ver la zona en la que se encuentra la estación. Hay algunos estanques con agua hirviendo. En uno de ellos, al que se accede mediante algunos tramos de escaleras, cuecen huevos que puedes comprar para comerlos allí mismo. Al cocerlos en esa agua, la cáscara del huevo se vuelve negra, debido al sulfuro de hierro que contiene, fruto de la reacción del sulfuro de hidrógeno que emana del volcán con el hierro presente en el agua.

Teleférico que sube a Owakudani

Teleférico que sube a Owakudani

Owakudani

Owakudani

Huevo negro

Huevo negro

Tienen unos carritos que se desplazan por cables desde la parte superior, donde está el estanque hasta la inferior, donde está la tienda de souvenirs. Con ellos suben huevos crudos (blancos) y bajan huevos cocidos (negros).

De vuelta en la estación hemos cogido el teleférico hasta Souzan y ahí hemos enlazado con una especie de funicular (cable car), que nos ha bajado hasta Gora.

El monte Fuji, desde Owakudani

El monte Fuji, desde Owakudani

Bajando en funicular

Bajando en funicular

Allí hemos cogido un autobús, el S, hasta Yunessun, un enorme complejo con hoteles, restaurantes y un gran onsen. Hemos comprado una entrada combinada con comida y nos hemos ido directamente al restaurante a comer. Es un bufet con bastante variedad de platos, tanto japoneses como occidentales.

Aquí también te dan una pulsera para pagar cosas dentro del onsen, pero, a diferencia del que visitamos en Osaka, aquí la pulsera también sirve para las taquillas y no hay que andar guardando moneditas.

El entorno de Yunessun

El entorno de Yunessun

El onsen tiene tres zonas, dos para ir con bañador y otra, separada por sexos, para bañarse desnudo. Esta última se paga aparte, pero todas las entradas combinadas la incluyen.

La zona normal de baño tiene las típicas piscinas con chorros de agua, jacuzzi, etc. También tiene una pequeña zona infantil, aunque para niños bastante pequeños. Todo con agua caliente, pero no demasiado.

Luego hay otra zona que podríamos llamar “temática”. Aquí las piscinas no tienen sólo agua, también incluyen otros ingredientes como café, vino, té, sake… Además, están decoradas de forma acorde al contenido de la piscina, con enormes teteras o botellas de vino de las que emana el agua coloreada. Es toda una experiencia. Aquí son todas exteriores y el agua está bastante más caliente.

Para ir a la zona clásica, hay que pasar de nuevo por las taquillas. Se supone que te tienes que vestir y luego volver a quitarte la ropa en la otra zona, donde hay otras taquillas. Pero mucha gente se echa una toalla sobre el bañador y se va tal cual, dado que no sales a la calle en ningún momento. También se pueden alquilar una especie de pijamas, con los que puedes moverte por todo el edificio sin llevar nada más debajo. Las toallas, por cierto, también se alquilan. Pero puedes traer las tuyas.

La zona clásica tiene una parte donde tienes que lavarte primero (aquí no hay esponjas) y luego varias piscinas, un jacuzzi y una sauna. La mayoría de las piscinas son exteriores y el agua está tan caliente que hace que la de 42 grados parezca fría. Si quieres agua fría, para no caerte redondo por la bajada de tensión, tienes que buscar una ducha, porque no la hay en ningún otro sitio.

Piscina de vino

Piscina de vino

Piscina de sake

Piscina de sake

Piscina de té verde

Piscina de té verde

Hemos pasado toda la tarde en el onsen, e incluso hemos cenado en otro de sus restaurantes, porque cerca del hotel no tenemos nada.

Hemos tomado de nuevo el autobús H hasta el hotel. Todos los medios de transporte que hemos cogido a lo largo del día están incluidos en el Hakone Freepass, por lo que resulta altamente recomendable comprarlo.

Al llegar a la habitación nos la hemos encontrado tal y como la dejamos. No nos la han arreglado y no sabemos por qué. Quizás teníamos que haberlo pedido explícitamente o puede que en este hotel sea un servicio que se paga aparte. O tal vez se deba a que dejamos los futones sin guardar. Sea como sea, nos vamos a quedar sin saberlo, porque mañana dejamos el hotel, y nos trasladamos a nuestra siguiente escala.

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Miyajima

Para ganar tiempo, y dado que no hemos cogido el desayuno del hotel (lo que aparece en la foto no parece gran cosa, para lo que cuesta), hemos desayunado en la habitación los cafés y bollos que compramos ayer en la estación. Estación a la que nos hemos dirigido para coger un tren hasta Miyajimaguchi. Todo está perfectamente indicado. Hay que carteles que indican el andén donde para el tren que va hasta Miyajima y, en las estaciones intermedias que tienen nombres parecidos, hay otros enormes que dicen claramente que esa estación NO es donde tienes que bajarte.

Muy cerca de la estación, y siguiendo los carteles que hay por todas partes, está el puerto desde donde salen los ferries que van a la isla. Hemos cogido el de JR, incluido en el JR Pass, que apenas tarda 10 minutos en cruzar los 2 kilómetros que la separan de la costa de Hiroshima.

La isla se llama en realidad Itsukushima, pero se la conoce como Miyajima (“isla-santuario”). Es considerada un lugar sagrado, por el que los kami tienen preferencia, desde hace siglos. Es más, el lugar se considera tan puro, que los nacimientos y las muertes están prohibidos, para no comprometer esa pureza. Las mujeres que estén cerca de dar a luz o los enfermos terminales tienen que abandonar la isla obligatoriamente, y los entierros están totalmente prohibidos.

El santuario Itsukushima

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Desde el puerto hay que andar unos 15 minutos hasta el santuario Itsukushima. Y nada más salir del puerto ya te encuentras con los ciervos salvajes que pululan por toda la isla (y que se te comen los planos a nada que te descuides). De camino hemos ido haciendo fotos, desde todos los ángulos, de la impresionante puerta torii del santuario, que está en el mar. La llaman Otorii (“gran torii”), usando el prefijo honorífico o-. La primera se construyó en 1168. La actual, que es ya la octava, es de 1875. Tiene más de 16 metros de altura y pesa 60 toneladas. Está formada por cuatro pequeñas torii que sostienen los pilares del torii principal. No está enterrada, sino apoyada en el lecho marino, sostenida por su peso, al que contribuyen las 7 toneladas de piedras que hay colocadas en su parte superior. Está lo suficientemente cerca de la costa como para poder acercarse a ella andando cuando baja la marea. Cuando hemos llegado la marea estaba alta, por lo que estaba parcialmente sumergida.

Se dice que el santuario fue fundado en el año 593, aunque los primeros registros sobre su existencia son del año 811. Sufrió daños por incendios en 1027 y 1223, y por un tifón en 1325. El santuario principal actual es de 1571, aunque entre los más de 50 edificios que forman el complejo hay otros de mayor antigüedad.

La Otorii entre faroles

La Otorii entre faroles

El santuario fue construido sobre el agua, aunque los motivos de hacerlo así no están del todo claros. Unos afirman que se debe a que el santuario está dedicado al kami Itsukushima, protector de los pescadores y sus barcos. Aunque lo más probable es que se deba al carácter sagrado que siempre ha tenido la isla, unido a la creencia en la Tierra pura (el “paraíso” budista), que es a donde van las almas de los que mueren, y a la que se llega en barco.

La zona en la que está el santuario tiene muy poquita profundidad y se puede ver el fondo y cómo los pilares de los edificios se apoyan sobre las rocas colocadas para nivelar en lugar de estar enterrados, siempre tratando de alterar lo menos posible el terreno sagrado de la isla.

El monte Misen

Cerca de la salida del santuario, siguiendo la ruta marcada, se encuentra la parada del autobús gratuito del teleférico. Sólo hay que seguir los carteles. El autobús te deja junto a la terminal del teleférico. Tan sólo hay que subir unas pocas escaleras. El teleférico tiene dos tramos, te bajas de uno y te subes en el siguiente. El primero es de cabinas pequeñas, de unas 6 personas. Es de tipo circular, por lo que pasan constantemente. Las cabinas del segundo son más grandes, pero salen cada 15 minutos, por lo que puede que haya que esperar algo de cola. Hay dos cabinas que circulan en paralelo, cada una en un sentido.

Desde el teleférico

Desde el teleférico

Si vas a dejar cosas, para cargar con el menor peso posible durante el paseo por la montaña, es mejor hacerlo en las taquillas que hay arriba, en la estación Shishiiwa, porque son gratuitas (las que hay abajo, no). También puede ser recomendable coger uno de los bastones de bambú que hay junto a la puerta, teniendo en cuenta la cantidad de escalones que hay por el camino y la ausencia casi total de pasamanos (hay tres junto al Dainichido, cuando ya estás bajando). El recorrido está perfectamente indicado, y tiene algunos tramos fáciles y otros bastante empinados o con muchas escaleras. Está muy bien acondicionado, salvo porque no hay dónde agarrarse. Lo estiman en una hora, desde que sales de la estación Shishiiwa hasta que vuelves a ella, pero hay que correr mucho para hacerlo en ese tiempo.

Tras recorrer el primer tramo, el más largo, se llega a una pequeña explanada donde hay varios templos. En uno de ellos está la Llama eterna, encendida por el monje Kobo Daishi durante su búsqueda de la iluminación y mantenida durante más de 1200 años sin apagarse. Éste fue el fuego que se utilizó para encender la Llama de la paz (la dedicada a las víctimas de la bomba atómica, en el Parque de la paz).

Por el camino que sigue subiendo hay pequeños templos y santuarios y, arriba, un mirador desde el que se pueden ver, si el cielo está despejado, muchas de las islas del mar interior de Seto.

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La cumbre del monte Misen

La cumbre del monte Misen

Las islas del mar de Seto

Las islas del mar de Seto

El paseo de vuelta hasta la estación es algo más ligero (aunque no mucho más). Nosotros hemos decidido reponer fuerzas tomando unos udon en el restaurante de la estación del teleférico, antes de bajar.

El autobús gratuito no es muy grande y todo el mundo tiene que ir sentado (todo el espacio está ocupado con asientos, algunos plegables). Al ir a coger el de bajada se ha llenado justo cuando nos tocaba subir a nosotros. Como pasan cada 20 minutos, hemos decidido bajar andando. Y ha sido buena idea, porque el camino de bajada es precioso, con el río, cascadas, puentes, etc. Merece la pena y no se tarda mucho (y de bajada es cómodo).

Bajando desde la estación Momijidani

Bajando desde la estación Momijidani

Udon

Udon

Cuando hemos llegado abajo hemos visto que la marea ya había bajado lo suficiente como para poder ir andando hasta la puerta. Así que haciendo caso omiso del cansancio y el dolor de pies, nos hemos acercado hasta ella para verla de cerca y hacerle más fotos.

Itsukushima sin agua

Itsukushima sin agua

La Otorii sin agua

La Otorii sin agua

Otorii

Otorii

Parque de la paz

La cúpula de la bomba atómica

La cúpula de la bomba atómica

La llama de la paz

La llama de la paz

Hemos cogido el mismo ferry de vuelta y luego un tren hasta Yokogawa. Allí hemos enlazado con el tranvía número 7, que nos ha llevado hasta el Parque de la paz (parada Genbaku dome mae), y así poder verlo con más tranquilidad, aprovechando que no llovía. El parque está lleno de monumentos dedicados a las víctimas o a la paz. Destaca el Monumento a la paz de los niños, dedicado a la memoria de Sasaki Sadako, una niña que murió de leucemia a causa de la radiación. En Japón hay una antigua creencia que dice que si fabricas 1000 grullas de papel se te concede un deseo. Sadako llegó a hacer 1300 grullas, pidiendo curarse. Algunas de ellas se guardan en el museo. Rodeando al monumento hay muchas más, la mayoría dejadas o enviadas por niños de todo el mundo.

También resulta llamativo el Montículo conmemorativo de la bomba atómica, creado con las cenizas de 70.000 víctimas no identificadas. Muy cerca del parque, cruzando la calle, está el hipocentro, el punto exacto donde cayó la bomba. Ahora está todo reconstruido. Tan sólo hay una placa con una fotografía de cómo quedó después de la explosión.

Campana de la paz

Campana de la paz

Monumento a la paz de los niños

Monumento a la paz de los niños

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Para volver hemos cogido un autobús. Es de los de subir por detrás y coger ticket con un número. Al llegar al destino, se paga lo que indica el panel para el número del ticket y se baja por delante.

Antes de meternos en el hotel, y para que no nos pasará lo de ayer, hemos ido directamente al centro comercial a cenar. Hoy hemos probado un restaurante de okonomiyaki llamado Goemon. Son una especie de creps que se preparan en una plancha frente a la barra en la que comes. Les ponen todo tipo de cosas encima y los cubren con un huevo hecho muy finito, salsa y especias. En esta zona es típico que lleven pasta, udon o soba, como ingrediente principal.

Preparando nuestros okonomiyaki

Preparando nuestros okonomiyaki

Okonomiyaki listo para tomar

Okonomiyaki listo para tomar

Ya en el hotel ha tocado hacer maletas, que mañana nos vamos a Hakone.

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Miradores y onsen en Osaka

Amanece nuestro primer día en Japón, para unos con más sueño que para otros. No hemos bajado demasiado tarde a desayunar, pero ya no quedaban tostadas y al poco se ha terminado la leche. Y aunque quede más de una hora de desayuno, no reponen. Habrá que madrugar más.

Al final, salvo por un par de bollos que hemos conseguido coger (3 de los 7 que han sacado, menuda cara nos han puesto), hemos tomado el desayuno japonés que incluye el Toyoko Inn: sopa de miso (riquísima), bloque de arroz, unas pequeñas salchichas que no estaban mal y una especie de revuelto con setas de sabor extraño. Zumo (de manzana) y café. No está del todo mal, aunque a nuestro hijo hemos tenido que completárselo un poco con bizcochos que llevábamos en la maleta.

Osaka Unlimited Pass

Para ir a la estación hemos cogido una ruta diferente a la que tomamos ayer para venir. Es por donde tendríamos que haber venido si hubiéramos salido por la puerta correcta. El camino ha resultado más sencillo y corto. A ver si ya no nos liamos más.

Una vez en la estación de Shin-Osaka nos hemos puesto a buscar la oficina de información para comprar el Osaka Unlimited Pass, una especie de abono de transportes que sirve para el metro y los autobuses (que no están incluidos en el JR Pass) y que también incluye entrada gratuita para bastantes sitios y descuentos para algunos otros más. Cuando ya pensábamos que nos habíamos vuelto a liar hemos visto un cartel, en un local cerrado, que decía que la oficina cerró el pasado 31 de marzo y que fuéramos a la de Umeda o a la de Namba. Así que nos hemos cogido un tren de JR a Osaka (la estación de Umeda, que es de otra empresa, está justo al lado) y nos hemos puesto a buscar la oficina de información. Ha costado un poco encontrarla, pero finalmente hemos podido comprar los pases. Sólo hemos cogido los de adulto, porque para los niños no suele salir rentable.

El jardín flotante y la Ferris Wheel

Ya que estábamos allí, hemos alterado un poco la ruta prevista y nos hemos ido andando a ver el Jardín flotante, en el Umeda Sky Building, que de jardín no tiene nada. Es una plataforma suspendida entre las dos torres del edificio, a unos 170 metros de altura, desde donde se puede ver buena parte de la ciudad de Osaka. En una de las esquinas hay una zona donde las parejas enganchan candados en forma de corazón, suponemos que como símbolo de su amor. Había miles de ellos.

La Ferris Wheel

La Ferris Wheel

Luego nos hemos acercado al centro comercial Hep Five, que está también cerca de la estación de Umeda, y tiene una noria en la séptima planta, llamada Ferris Wheel. Al entrar nos ha sorprendido ver a las chicas de información del centro soltando la misma frase una y otra vez a todos los que pasaban, al tiempo que hacían unos extraños gestos con las manos. No tenemos claro si era lenguaje de signos o una especie de coreografía, pero no paraban de repetirlo con una sonrisa de oreja a oreja.

La noria está chula. Va despacito y te subes en marcha. Sube bastante por encima y fuera del edificio. Son cabinas cerradas, así que no hay problemas para los que sufran de vértigo.

Las vistas de Osaka

Las vistas de Osaka

El castillo de Osaka

El castillo de Osaka

El castillo de Osaka

Después hemos cogido el metro en Higashi-Umeda, cerca del centro comercial, para ir al castillo de Osaka (parada Tanimachi 4-chome). A nuestro hijo le hemos comprado un abono de metro de un día. La salida del metro hacia el castillo es la 1B y luego hay que ir hacia la izquierda. Primero hay que atravesar un pequeño parque y luego el camino se bifurca. A la izquierda quedan los jardines Nishinomaru y a la derecha, rodeando el foso interior, está la entrada al recinto en el que se encuentra el castillo. Los jardines no tienen gran cosa, pero se pueden hacer unas fotos preciosas del castillo con los cerezos en primer plano.

El castillo original de Osaka se construyó a finales del siglo XVI, poco después del final del shogunato Ashikaga. Lo hizo construir Toyotomi Hideyoshi, discípulo y sucesor de Oda Nobunaga (quien había puesto fin al segundo shogunato). El castillo sufrió un asedio en 1615, a manos del clan Tokugawa, fundadores del tercer shogunato. El castillo fue incluso bombardeado, pero apenas sufrió daños. Los Tokugawa construyeron una segunda torre y fortalecieron y armaron el castillo, pero varios incendios provocados por rayos lo destruyeron poco después (es el riesgo de llenar de explosivos un castillo de madera). No fue remodelado hasta el siglo XIX, para ser destruido de nuevo durante la Reconstrucción Meiji. Una nueva reconstrucción de 1928 fue también destruida durante la Segunda Guerra Mundial. El castillo actual es una restauración de finales del siglo XX. Esperemos que éste, al ser de cemento, dure algo más.

Hay que tener en cuenta que el castillo actual es en realidad un museo moderno disfrazado de castillo. Lo que quiere decir es que aunque por fuera tiene la apariencia del castillo original, por dentro es un edificio moderno (incluso tiene ascensores). El museo tiene unos vídeos proyectados sobre maquetas que muestran escenas de la historia del castillo y sus moradores, aunque sólo en perfecto japonés. También hay armaduras y documentos oficiales. Lo único que merece algo la pena es subir a la última planta, que es un mirador.

La torre Tsutenkaku

La torre Tsutenkaku

La torre Tsutenkaku

En nuestra planificación habíamos incluido también un paseo en barco por el canal Dotonbori, gratis también con el Unlimited Pass, pero no queríamos que se nos hiciera tarde para ir al onsen (tiene una zona que cierra antes) así que nos lo hemos saltado. Nos hemos cogido de nuevo el metro, hasta la parada Ebisuchu, para subir a la torre Tsutenkaku (“la torre que roza al cielo”).

La torre original, de principios del siglo XX, formaba parte de un parque de atracciones y tenía una forma más parecida a la de la torre Eiffel (que se ve que gusta bastante por aquí). Esta torre fue desmantelada durante la Segunda Guerra Mundial para fabricar armas. Con la recuperación económica posterior a la guerra, Hitachi, junto con el ayuntamiento, construyó la torre actual en el mismo lugar donde se encontraba la anterior, con mayor altura y un diseño más moderno. Actualmente se utiliza como tablón de anuncios gigante.

La torre tiene un mirador desde donde ver, una vez más, las vistas de la ciudad. El resto son tiendas y todo tipo de merchandising de Billiken, el dios “de las cosas como deberían ser”. Aunque no es un auténtico dios hindú (como aparenta), sino una creación, a partir de un sueño, de una profesora de arte americana, que fue regalada a la ciudad de Osaka. El que se expone en la plataforma de observación es una copia, dado que el original se perdió cuando cerró el parque de atracciones. Hay que frotarle la planta de los pies (previa donación) para pedir deseos.

La obsesión por el muñequito raya la paranoia: tienen varias versiones, al estilo de las representaciones de Buda, te hacen fotos con él (que luego intentan venderte), tienen comics con el muñeco haciendo de superhéroe, todo tipo de comida con su forma, y una lista interminable de cosas más.

Japoneses jugando a un extraño juego de mesa

Japoneses jugando a un extraño juego de mesa

Spa World

SPA World (exterior, dentro no se permiten fotos)

SPA World (exterior, dentro no se permiten fotos)

Nuestra última parada del día ha sido el Spa World, un onsen tematizado con varias plantas y montones de zonas. Primero hemos ido los tres juntos, con bañador, a la zona familiar, que tiene una parte exterior (pero con el agua bien caliente), una zona interior con toboganes (se pagan aparte) y una zona infantil. Cuando han cerrado esa parte (antes de la hora que decían, por cierto) nos hemos ido a nuestras respectivas plantas, los hombres a una y las mujeres a otra, a probar todo tipo de piscinas, ya sin bañador. La vergüenza se pasa tras los primeros cinco minutos.

Cada piscina está en una zona ambientada según la temática de la planta. La de los hombres (en abril, se intercambian cada mes) es de Europa, con ambientes de Roma, Grecia, España (exterior), Atlántida, etc., y la de mujeres de Asia: Japón (al aire libre), Persia (muy bonita), Bali, etc. Te quedas como nuevo.

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