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De compras por Tokio

El hotel en el que nos alojamos en Tokio, el Toyoko Inn de Tennozu Isle, también incluye desayuno japonés gratuito. Sin embargo, este hotel es mucho más grande que aquél en el que estuvimos en Shin-Osaka, al comienzo de nuestro viaje. Tiene muchas más habitaciones y está preparado para más gente. La zona de desayuno es mucho mayor y hay más cantidad de comida… aunque no mucha más variedad. Exceptuando que aquí hay dos sopas diferentes, el resto de platos son idénticos. Bueno, hay cruasanes en lugar de tostadas (supongo que para evitar interminables colas frente al tostador). Y da gracias, porque junto con las salchichas es casi lo único que se puede desayunar si no eres muy aficionado a las algas o los encurtidos gelatinosos. Y no te olvides de traer tus servilletas, porque aquí no tienen.

Tochō

Tochō

Tochō

Después de desayunar hemos tomado el autobús gratuito del hotel que te lleva hasta la estación de Shinagawa. Allí hemos cogido un tren de la línea Yamanote (la circular de Tokio) hasta Shinjuku. Aunque hemos debido de liarnos con las indicaciones que nos daba Hyperdia, porque el primero que hemos tomado ha parado en Osaki y nos han hecho bajar a todos. Aunque en seguida ha venido otro tren con el que continuar el camino. Supongo que hemos coincidido con una hora en la que se reduce el número de trenes.

Sin llegar a salir a la calle nos hemos metido por un túnel subterráneo que te lleva directamente a varios de los edificios de la zona. Nosotros nos hemos dirigido hacia el Tokyo Metropolitan Government, que es de los que más lejos están de la estación. Ha sido un paseo interminable, de cintas transportadoras y escaleras mecánicas, pasando por debajo de todas las calles del barrio. Muy útil si llueve (que no era el caso), pero bastante aburrido. Aunque hay incluso alguna tienda o cafetería por el camino.

La salida te deja directamente en una de las entradas del edificio, y tan sólo tienes que elegir a cuál de las torres quieres subir. Está todo acondicionado para enormes colas de gente, pero no había nadie cuando hemos llegado. Nosotros hemos subido a la torre norte.

El Tokyo Metropolitan Government o Tochō (abreviatura de “Ayuntamiento de Tokio”) es la sede del gobierno de todo el área metropolitana de Tokio, lo que incluye los 23 distritos de la ciudad y 39 municipios de los alrededores. Consta de varios edificios, de los cuales, el número 1 tiene dos torres con plantas de observación a las que se puede acceder gratuitamente. Los miradores están en la planta 45, a más de 200 metros de altura.

Vistas

Vistas

Las vistas de la ciudad no son excesivamente impresionantes. En parte porque, dada la altura, lo que más se ve son los grandes rascacielos de alrededor. Y, sobre todo, porque la neblina que causa la polución no permite ver a mucha distancia.

Lo que sí nos gustó bastante, sobre todo a nuestro hijo, fue la tienda que hay en la planta observatorio. Su cara, con los ojos fuera de sus órbitas, diciendo “¡esto es un sueño!”, tras descubrir la enorme sección de peluches de Nintendo de la tienda, no tiene precio. Bueno, en realidad sí que lo tiene: ¥10.000 en peluches (seis nos llevamos), barajas de cartas, puzles, imanes, carpetas… Y, encima, por la compra nos dieron un puñado de vales de descuento que sólo se podían gastar en esa tienda… lo que nos “obligó” a comprar aún más cosas.

Colección de peluches

Colección de peluches

La tienda también tiene una máquina purikura. Se trata de una especie de fotomatón, con un panel verde detrás que permite usar diversas fotografías de fondo (en este caso, del edificio en el que estamos) y luego añadir textos o efectos. El proceso está dividido en fases en las que vas escogiendo entre diversas opciones con un lápiz sobre una pantalla táctil, con un tiempo máximo establecido para cada una de ellas. La máquina te hace cuatro fotografías y luego puedes escoger la que más te guste. Puedes imprimirla en varios formatos y también te la puedes descargar después desde Internet utilizando un código QR y una clave que se incluyen en la copia impresa.

La máquina tiene montones de opciones, pero las instrucciones están sólo en japonés. Nosotros hemos intentado ponerle la fecha pero no lo hemos logrado antes de que se acabara el tiempo. Muy intuitivas no son. En cualquier caso, por ¥500 tenemos una foto de los tres con el Tokyo Metropolitan Government de fondo (aunque lo tapamos bastante) y con copia digital incluida. La calidad de la foto es algo regularcilla, pero en otros sitios nos han cobrado más del doble por fotos de calidad similar.

Shinjuku

Mode Gakuen Cocoon

Mode Gakuen Cocoon

La vuelta hacia la estación la hemos hecho por arriba, para ver un poco el barrio, haciendo fotos de los edificios por el camino. En el sótano de uno de los edificios más bonitos de la zona, la torre Mode Gakuen Cocoon, hay una impresionante librería que ocupa varios enormes locales distribuidos en dos plantas. Tiene libros tanto en japonés como en inglés.

Uno de los locales está dedicado por entero al manga. Es un laberinto de estanterías llenas, desde el suelo hasta el techo, de volúmenes de cómic japonés. Es realmente impresionante y ha hecho aflorar al friki que llevamos dentro, puesto que, a pesar de que todos los cómics están en perfecto japonés, hemos salido con cuatro o cinco tomos bajo el brazo.

Lo que también nos ha sorprendido es el personal que atiende la librería. Le hemos preguntado a uno de ellos por varias series de manga y nos ha llevado, sin titubear, directamente hasta el punto exacto de la estantería correcta donde estaba cada cosa que le hemos pedido. Sin pararse a buscar, sin recorrerlos hasta encontrarlos. Sabía exactamente dónde tenían que estar y, lo más importante, estaban exactamente donde esperaba encontrarlos.

Los tomos están todos envueltos, para mantenerlos en buen estado (y para que no los puedas leer sin comprarlos, claro). Una vez pagados, te los desenvuelven y te forran la cubierta con un papel que incluye el nombre de la tienda, de forma que puedas leerlos sin estropear la portada y, suponemos, sin que la gente sepa qué estás leyendo exactamente. Porque la librería tiene TODO tipo de manga, algunos con portadas bastante explícitas, por cierto.

Librería de manga

Librería de manga

Shibuya

Tempura y sashimi

Tempura y sashimi

Hemos vuelto a la estación de Shinjuku y hemos cogido un tren hasta Shibuya. Hemos comido en el centro comercial de la estación, en un restaurante especializado en tempura. Por lo que hemos podido ver, en Japón los restaurantes suelen estar muy especializados, cada uno con una oferta de platos basados en el mismo tipo de comida. Si el restaurante es de gyoza, casi todo lo que habrá en la carta será gyoza. Si es un restaurante de tonkatsu, puede que tenga diez o doce platos distintos, pero todos llevarán carne rebozada como elemento principal. Como no les apetezca tomar lo mismo a todos los que vayan en tu grupo, tenéis un problema, porque va a resultar algo difícil encontrar un restaurante donde uno pueda comer sushi y otro yakitori, por ejemplo.

Con los niños suele resultar algo más sencillo, porque casi todos los restaurantes suelen tener algún tipo de menú infantil, bastante variado y a muy buen precio, que a menudo incluye incluso postre (algo que no suele encontrarse habitualmente en la carta, por cierto).

Hachikō

Hachikō

En este caso, el restaurante tenía también una especie de menús fijos, combinando tempura con arroz, udon o incluso sashimi de atún (pescado crudo). Hemos pedido uno de esos para cada uno. Como la camarera no hablaba inglés y la carta sólo estaba en japonés, hemos tenido que salir a señalárselos en el escaparate, donde tienen las muestras de cera de cada plato de la carta.

Cuando nos los ha traído nos ha explicado con gestos para qué era cada salsa y cómo había que comer cada cosa. Luego se ha pasado toda la comida vigilándonos, bastante nerviosa, suponemos que por cómo nos estábamos comiendo la comida. De hecho, se ha acercado varias veces para corregirnos y agregar explicaciones adicionales sobre cómo teníamos que hacer las cosas. Ha sido un poquito agobiante y la mujer parecía estar realmente pasando un mal rato. Pero estaba todo realmente rico, así que ha merecido la pena.

Cuando hemos salido de la estación ya estaba lloviendo, cumpliéndose al fin lo que estaba pronosticado para todo el día. Hemos salido por la puerta que está junto a la estatua de Hachikō, un perro muy famoso y querido en Tokio.

Era el perro de un profesor universitario, que cogía el tren a diario en esta estación. Hachikō venía aquí todas las tardes a esperar el regreso de su amo. Un día el profesor murió dando clase y ya nunca más volvió, pero Hachikō siguió viniendo cada día a esperarlo, durante más de diez años, en el mismo sitio en el que ahora se encuentra la estatua.

Shibuya

Shibuya

Mientras nos estábamos haciendo las fotos con la estatua se han acercado unos japoneses, cámara en mano, con la intención de hacernos una entrevista para una cadena de televisión. Han insistido bastante, así que al final hemos accedido. Nos han preguntado sobre la estatua y por qué era famoso el perro. La entrevista no ha durado mucho, sobre todo por el casi nulo nivel de inglés del periodista. O quizás, porque buscaban a alguien que no supiera por qué había ahí una estatua de un perro. Vete tú a saber.

Las fotos del famoso cruce con las pantallas en los edificios las hemos hecho desde un mirador que hay en la estación, que ofrece mejor altura, aunque algunos árboles entorpezcan un poco la visión.

Akihabara

Akihabara

Akihabara

Hemos cogido otro tren hasta Akihabara, un barrio que destaca por los comercios de electrónica y los salones recreativos. Hemos entrado en algunos de estos últimos, hasta que, por la hora, ya no han dejado entrar a nuestro hijo (a partir de las 18:30, sólo mayores de 16 años).

Los recreativos aquí son impresionantes. Ocupan edificios enteros de varias plantas, normalmente organizados por temáticas. Hay plantas enteras dedicadas a máquinas purikura o esas con ganchos con los que tratar de coger diversos premios. Pero las estrellas son las máquinas de videojuegos. Las hay de todo tipo, con pantallas enormes, entrada de auriculares (para que puedas oír el juego entre tanto ruido) y variados mandos de juego. Incluso hay una zona con máquinas “retro”, con arcaicas pantallas de tubo.

Tienen mucho éxito las máquinas de seguir el ritmo, aunque parece que las de bailar pulsando con los pies ya han pasado de moda. Ahora el ritmo se sigue con las manos, pulsando sobre zonas sensibles de la pantalla y el marco circular que la rodea, o sobre unos mandos esféricos que se mueven en todas las direcciones. Este tipo de máquina parece gustarle sobre todo a las chicas, lo que también parece confirmar el hecho de que en uno de los que hemos entrado sea la única planta que tiene baños para ellas.

Máquinas de ritmo

Máquinas de ritmo

Máquina de cartas

Máquina de cartas

Máquinas de fútbol

Máquinas de fútbol

Hay montones de máquinas de lucha, la mayoría conectadas en red, tanto de personajes más clásicos como de robots gigantes. También hay muchas máquinas a las que se juega con cartas físicas que los jugadores traen de casa (y que deben comprar en otro sitio, porque no parece que se vendan allí). Las cartas las sitúan sobre una superficie que las detecta y sobre la que las desplazan para interactuar con el juego. Hay montones de máquinas de este tipo, tanto para jugar solo como para enfrentar a varios jugadores entre ellos, cada una con sus propias cartas diferentes. Cerca de estas máquinas suele haber catálogos con todas las cartas disponibles.

Como casi todo en Japón, los salones recreativos también están muy organizados. Aparte de la clasificación temática por plantas, hay zonas habilitadas para hacer cola ante las máquinas más demandadas o, directamente, una hoja de reservas similar a la de los restaurantes. También tienen tableros para hacer torneos, con rondas clasificatorias y eliminatorias. Y en algunos puntos hay una serie de cuadernos para que los jugadores se dejen mensajes entre ellos o para que hagan dibujos, algo a lo que parecen bastante aficionados.

Diseña tu propio personaje

Diseña tu propio personaje

Dibujos de jugadores

Dibujos de jugadores

Hemos estado paseando un rato por el barrio, entrando en tiendas y haciendo más compras (cargaditos vamos a volver). También hemos aprovechado para cenar, antes de volvernos al hotel (tren hasta Shinagawa y autobús gratuito).

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Palacio imperial y Museo nacional

Sorpresa en Tokio

Hoy nos hemos despedido del hotel de Utsunomiya y hemos cogido un tren hasta Tokio, nuestra última escala del viaje. Nuestra intención era dejar las maletas en las taquillas de la estación para ahorrarnos un par de paseos al hotel, dado que requiere combinar varios transportes y el check-in no se puede hacer hasta las cuatro de la tarde. Sin embargo nos hemos encontrado con algo que no esperábamos: todas las taquillas están bloqueadas por motivos de seguridad.

Al parecer, un presidente de un país lejano, un tal Obama, ha decidido visitar Japón justo esta semana, y todo Tokio está en estado de alerta, en especial la red de transportes. Las taquillas van a estar bloqueadas toda la semana (pone del 22 al 25 en los carteles, pero ya no se pueden utilizar), las papeleras están tapadas, todo el personal de la estación lleva brazaletes indicando el estado de alerta y hay mensajes en todos los monitores, tanto en la estación como en los trenes, pidiendo que se informe inmediatamente de cualquier objeto sospechoso que parezca abandonado. Alerta por posible ataque terrorista.

En la estación de Tokio hay una zona en la que custodian maletas, junto a una zona enorme de taquillas. Este servicio seguía funcionando, aunque con limitaciones, como tener que recoger lo que dejaras antes de las ocho de la tarde. Sin embargo, la cola era kilométrica y los precios bastante elevados: ¥500 por bulto. Hemos preguntado y nos han dicho que no es cosa de esta estación, sino que todo Tokio está en estado de alerta y todas las taquillas de todas las estaciones están bloqueadas. Y son muchas taquillas, porque aquí las hay en todas las estaciones, por pequeñas que sean.

La estación de Tokio

La estación de Tokio

En vista de que no podíamos dejar las maletas, nos hemos visto obligados a cambiar de planes y llevar las maletas hasta el hotel, haciendo además la ruta larga, porque el servicio de autobús gratuito del hotel, que lo comunica con la estación de Shinagawa, no empieza a funcionar en dirección al hotel hasta las tres de la tarde. Hemos tenido que coger un tren hasta Hamamatsucho y luego enlazar con el monorraíl hasta Tennozu Isle, parada junto a la que se encuentra el hotel. Afortunadamente, ambas líneas están incluidas en el JR Pass.

Hemos dejado las maletas en recepción y luego hemos repuesto fuerzas tomando un café y unos cruasanes rellenos de una mezcla de crema de cereza y de pasta de judía roja que estaban deliciosos. Luego hemos desecho el camino, tomando primero el monorraíl y luego un tren de nuevo hasta la estación de Tokio.

Hemos salido de la estación y le hemos hecho algunas fotos. La estación de Tokio es un curioso edificio de estilo europeo como no esperas encontrarte en Japón. Fue construida en 1914 al estilo de la estación central de Ámsterdam, en la que se inspira. Quedó gravemente dañada durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida, aunque se conserva gran parte de la fachada original.

Palacio imperial de Tokio

Medio Nijubashi

Medio Nijubashi

Desde la estación nos hemos ido andando hasta el recinto del palacio imperial, que está cerca. Luego hemos tenido que rodear una buena parte para llegar al punto donde se hacen las fotos típicas del puente con el palacio al fondo.

El palacio imperial de Tokio, también conocido como Kōkyo, se encuentra en el lugar donde se situaba el castillo de Edo, del clan Tokugawa. La familia imperial reside aquí desde que se trasladó la capital desde Kioto, tras la Restauración Meiji. Por ese motivo los jardines interiores y los edificios no son visitables.

Al palacio se accede a través de un puente llamado Nijubashi (“puente doble”), cuyo nombre proviene de un puente anterior de madera que tenía dos alturas. Actualmente son dos puentes, uno de acero y otro de piedra, situados uno junto al otro.

La única zona que se puede visitar es Higashi Gyoen (“jardines del este”), donde se pueden ver las ruinas del antiguo donjon (“torre principal”) del castillo, destruido en un incendio en 1657. Cuando se construyó (1638) era la torre más alta de todo Japón, con 58 metros de altura. Hemos estado paseando por los jardines, haciéndonos fotos en los lagos. La estructura de los jardines es la del antiguo castillo y recuerda mucho al castillo de Nijō. Aunque del castillo no queda nada. Tan sólo parte de las murallas y fosos y algunas casas de la guardia.

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Casa de guardias

Casa de guardias

Museo nacional de Tokio

"Mono anciano" (Takamura Koun, periodo Meiji)

“Mono anciano” (Takamura Koun, periodo Meiji)

Nos hemos vuelto andando a la estación de Tokio y hemos cogido un tren hasta Uguisudani, la parada que queda más cerca del Museo nacional de Tokio.

En 1872 se realizó una exposición temporal en un edificio que había sido un anteriormente un templo. Se exhibieron más de 600 piezas procedentes de todo el país. Esta exposición, que se hizo como parte de los preparativos de la partición de Japón en la Exposición Universal de Viena de 1873, fue la base de una exposición permanente que se convertiría en el primer museo nacional de Japón. Con el tiempo, el museo se fue ampliando y reformando hasta convertirse en el mayor museo del país.

El museo consta actualmente de varios edificios, cada uno con diferentes exposiciones. Nosotros nos hemos centrado en el Honkan, el edificio principal, que alberga en su mayor parte obras de arte japonesas. Lo malo es que dos de los cuadros que más interés teníamos en ver no se encuentran ahora en el museo. No obstante, hay montones de obras realmente hermosas e interesantes, así que la visita ha merecido mucho la pena. Además, en el museo se pueden hacer fotografías sin flash, salvo a las obras en las que se prohíbe explícitamente, por deseo de sus dueños.

Varios de los preciosos...

Varios de los preciosos…

...biombos pintados...

…biombos pintados…

...que hay en el museo

…que hay en el museo

En una de las salas hemos descubierto que el día que visitamos el Sanjūsangen-dō nos engañaron, puesto que nos aseguraron que había 1001 estatuas y resulta que tres de ellas están aquí. Eso nos pasa por no contarlas 😉 .

El museo se encuentra al norte del parque de Ueno, así que nos hemos bajado andando a coger el tren allí. Para volver al hotel hemos decidido encadenar dos shinkansen, hasta la estación de Shinagawa. No es que se gane mucho tiempo, pero los trenes normales van siempre llenísimos y así nos garantizábamos poder sentarnos, que ya iba “apeteciendo”. Allí hemos cogido el autobús gratuito del hotel.

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Al llegar al hotel nos hemos ido directamente a cenar, dado que, para evitar que nos cerraran el museo, no habíamos comido gran cosa desde los cruasanes de media mañana. El hotel, un Toyoko Inn, tiene un restaurante shabu-shabu, así que hemos aprovechado para probarlo. Se trata de un tipo de restaurante en el que tú mismo te cocinas la comida, carne, udon y verduras, cociéndola en agua en la propia mesa.

Nuestro hijo se lo ha pasado en grande. Le ha hecho mucha ilusión poder hacerse su propia comida. Y, además, estaba todo muy bueno. Aunque se tarda bastante en cenar, sobre todo si te haces el valiente y decides intentarlo con los palillos, rechazando los tenedores que te ofrecen 😛 .

Tras la cena hemos hecho el check-in y hemos subido las maletas a la habitación. Buenas noches.

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Museo al aire libre de Hakone

"La pleureuse"

“La pleureuse”

El desayuno en el hotel ha sido idéntico al de ayer, no variaba ninguno de los platos del bufet. Hemos hecho un check-out rapidísimo (como todos) y nos hemos subido cuesta arriba con la maleta y las mochilas hasta la parada de autobús. Hemos cogido de nuevo el H, pero esta vez en dirección a Odawara. Nos hemos bajado en Kowakidani Station y allí hemos tomado el Hakone Tozan Railway, aunque tan solo hasta la siguiente parada, Chokoku-no-mori, que es la que más cerca queda del Museo al aire libre de Hakone, nuestra visita de hoy. De hecho, esta parada de tren está justo al lado del museo, más cerca que la parada de autobús que, sin embargo, es la que recomiendan.

El museo tiene principalmente esculturas, con la particularidad de que están todas al aire libre, integradas con la naturaleza. El entorno del museo es precioso, con árboles, estanques, puentes. Algunas de las esculturas son móviles y otras están pensadas para que los niños interactúen con ellas subiéndose o metiéndose dentro. Hay un laberinto y un edificio que debería tener dentro una especie de red donde los niños pueden meterse y saltar, pero que estaba cerrado.

"Espacio curvo"

“Espacio curvo”

Interior de "Escultura sinfónica"

Interior de “Escultura sinfónica”

Laberinto "Jardín de estrellas"

Laberinto “Jardín de estrellas”

También tiene algunos edificios con exposiciones. Uno de ellos está dedicado a Picasso y tiene piezas de cerámica, dibujos, etc.

Hemos aprovechado para comer en el museo, en un restaurante tipo bufet, buscando, una vez más, variedad de comida.

Pabellón de Picasso

Pabellón de Picasso

Comida variada

Comida variada

Nos vamos a Utsunomiya

Hemos cogido de nuevo el Tozan Railway, esta vez hasta Odawara. El tren no va directo, te tienes que bajar en Hakone-Yumoto y, en el mismo andén, coger otro tren. Los trenes están sincronizados, pero hay que darse prisa.

El tren serpentea por la montaña. Va en las dos direcciones por la misma vía, por lo que hay puntos concretos donde se cruza con otro que va en sentido contrario. Normalmente son estaciones, pero a veces hay tramos sin salida donde se mete a esperar a que pase el otro tren o para cambiar de vía, porque la bajada la hace por escalones. Todo esto hace que tarde bastante más que el autobús en llegar a Odawara, pero merece la pena, aunque sólo sea por las vistas.

Una vez en Odawara hemos recogido las maletas, pagando los 1200 yenes que faltaban en monedas de 100. Luego hemos encadenado dos shinkansen, un Kodama hasta Tokio y un Yamabiko hasta Utsunomiya, donde tenemos nuestro siguiente hotel. El hotel, el Chisun Hotel Utsunomiya, está justo frente a la estación, sólo hay que cruzar. Aunque primero hay que averiguar por dónde, claro.

Tras hacer el check-in hemos cenado en uno de los restaurantes que hay cerca del hotel. Hoy ha tocado la especialidad de la zona: gyoza. Son una especie de empanadillas, hechas de forma similar al dim sum chino, aunque más fritas. También las sirven cubiertas de queso. Deliciosas.

Gyoza

Gyoza

Ya con el estómago lleno, nos hemos vuelto al hotel a descansar.

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Llegada a Hakone

Hoy hemos desayunado camino de la estación, en una cafetería que está en el distribuidor subterráneo que conecta la estación de JR con la zona en la que está el hotel. Luego hemos cogido el primero de los dos trenes que nos llevarán hasta Odawara, el Sakura 542, hasta el final de la línea: Shin-Osaka.

Como teníamos algo de tiempo entre un tren y otro, hemos aprovechado para comprar algo para comer y también para cenar, puesto que no hay gran cosa cerca del hotel en el que pasaremos los próximos días.

Mientras esperábamos al siguiente tren, nuestro hijo se ha sentado en un banco, junto a una abuelita a la que le ha faltado tiempo para ponerse a hablar con él, preguntándole (en inglés) de dónde era y qué edad tenía. Al final ha empezado a sacar caramelos del bolso y se los ha regalado.

Luego hemos tomado el Hikari 520 hasta Odawara. Tarda dos horas y veinte minutos, así que nos hemos acabado comiendo los sándwiches de katsu directamente en el tren.

Lo primero que hemos hecho al llegar a Odawara es buscar unas taquillas donde dejar buena parte de las maletas, para no tener que cargar con ellas en el autobús y por la cuesta que hay desde la parada hasta el hotel, que es bastante pronunciada. Hemos conseguido meterlo todo en una sola taquilla de las grandes (hay tres tamaños), aunque hemos tenido que jugar un poco al Tetris para conseguirlo. La taquilla cuesta ¥600 al día. Para cerrarla tienes que meter los primeros 600. A partir de las dos de la madrugada cuenta un día más. El resto del importe tienes que introducirlo para poder abrirla.

Lo siguiente que hemos hecho es comprar el Hakone Freepass, que es un pase similar al de JR, pero para la zona de Hakone, permite coger trenes, autobuses, barcos, los teleféricos y el funicular, e incluye entrada gratuita o descuentos para unos cuantos sitios. Se compra en la oficina de la propia empresa, Odakyu, que está junto a los torniquetes de acceso a sus andenes (la estación la comparten varias empresas de ferrocarriles). Nosotros hemos comprado el de tres días, pero también lo hay para sólo dos. Nos ha atendido un chaval muy majo, que incluso hablaba un par de palabras de español y que nos ha regalado tres juegos de palillos.

Luego hemos cogido el autobús H de la línea Hakone Tozan Bus hasta el hotel. La carretera serpentea por la montaña y el autobús la recorre a toda velocidad, sin molestarse apenas en frenar en las curvas. Hemos llegado los tres ligeramente mareados.

El hotel en el que nos alojamos, el Ra Kuun, sin llegar a ser un ryokan, sí que tiene habitaciones estilo japonés y su propio onsen (aunque también tiene habitaciones de tipo occidental). Nosotros tenemos reservada una japonesa, así que toca dormir en el suelo. Es algo que hay que probar, aunque sólo sea un par de días.

Hotel Ra Kuun

Hotel Ra Kuun

Habitación estilo japonés

Habitación estilo japonés

Sentados también en el suelo, aunque sobre unas tablas con respaldo que hacen las veces de sillas, hemos cenado las ekiben que compramos por la mañana.

La cena

La cena

A ver si mañana tenemos un día despejado y podemos ver el monte Fuji desde el lago Ashi.

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Miyajima

Para ganar tiempo, y dado que no hemos cogido el desayuno del hotel (lo que aparece en la foto no parece gran cosa, para lo que cuesta), hemos desayunado en la habitación los cafés y bollos que compramos ayer en la estación. Estación a la que nos hemos dirigido para coger un tren hasta Miyajimaguchi. Todo está perfectamente indicado. Hay que carteles que indican el andén donde para el tren que va hasta Miyajima y, en las estaciones intermedias que tienen nombres parecidos, hay otros enormes que dicen claramente que esa estación NO es donde tienes que bajarte.

Muy cerca de la estación, y siguiendo los carteles que hay por todas partes, está el puerto desde donde salen los ferries que van a la isla. Hemos cogido el de JR, incluido en el JR Pass, que apenas tarda 10 minutos en cruzar los 2 kilómetros que la separan de la costa de Hiroshima.

La isla se llama en realidad Itsukushima, pero se la conoce como Miyajima (“isla-santuario”). Es considerada un lugar sagrado, por el que los kami tienen preferencia, desde hace siglos. Es más, el lugar se considera tan puro, que los nacimientos y las muertes están prohibidos, para no comprometer esa pureza. Las mujeres que estén cerca de dar a luz o los enfermos terminales tienen que abandonar la isla obligatoriamente, y los entierros están totalmente prohibidos.

El santuario Itsukushima

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Desde el puerto hay que andar unos 15 minutos hasta el santuario Itsukushima. Y nada más salir del puerto ya te encuentras con los ciervos salvajes que pululan por toda la isla (y que se te comen los planos a nada que te descuides). De camino hemos ido haciendo fotos, desde todos los ángulos, de la impresionante puerta torii del santuario, que está en el mar. La llaman Otorii (“gran torii”), usando el prefijo honorífico o-. La primera se construyó en 1168. La actual, que es ya la octava, es de 1875. Tiene más de 16 metros de altura y pesa 60 toneladas. Está formada por cuatro pequeñas torii que sostienen los pilares del torii principal. No está enterrada, sino apoyada en el lecho marino, sostenida por su peso, al que contribuyen las 7 toneladas de piedras que hay colocadas en su parte superior. Está lo suficientemente cerca de la costa como para poder acercarse a ella andando cuando baja la marea. Cuando hemos llegado la marea estaba alta, por lo que estaba parcialmente sumergida.

Se dice que el santuario fue fundado en el año 593, aunque los primeros registros sobre su existencia son del año 811. Sufrió daños por incendios en 1027 y 1223, y por un tifón en 1325. El santuario principal actual es de 1571, aunque entre los más de 50 edificios que forman el complejo hay otros de mayor antigüedad.

La Otorii entre faroles

La Otorii entre faroles

El santuario fue construido sobre el agua, aunque los motivos de hacerlo así no están del todo claros. Unos afirman que se debe a que el santuario está dedicado al kami Itsukushima, protector de los pescadores y sus barcos. Aunque lo más probable es que se deba al carácter sagrado que siempre ha tenido la isla, unido a la creencia en la Tierra pura (el “paraíso” budista), que es a donde van las almas de los que mueren, y a la que se llega en barco.

La zona en la que está el santuario tiene muy poquita profundidad y se puede ver el fondo y cómo los pilares de los edificios se apoyan sobre las rocas colocadas para nivelar en lugar de estar enterrados, siempre tratando de alterar lo menos posible el terreno sagrado de la isla.

El monte Misen

Cerca de la salida del santuario, siguiendo la ruta marcada, se encuentra la parada del autobús gratuito del teleférico. Sólo hay que seguir los carteles. El autobús te deja junto a la terminal del teleférico. Tan sólo hay que subir unas pocas escaleras. El teleférico tiene dos tramos, te bajas de uno y te subes en el siguiente. El primero es de cabinas pequeñas, de unas 6 personas. Es de tipo circular, por lo que pasan constantemente. Las cabinas del segundo son más grandes, pero salen cada 15 minutos, por lo que puede que haya que esperar algo de cola. Hay dos cabinas que circulan en paralelo, cada una en un sentido.

Desde el teleférico

Desde el teleférico

Si vas a dejar cosas, para cargar con el menor peso posible durante el paseo por la montaña, es mejor hacerlo en las taquillas que hay arriba, en la estación Shishiiwa, porque son gratuitas (las que hay abajo, no). También puede ser recomendable coger uno de los bastones de bambú que hay junto a la puerta, teniendo en cuenta la cantidad de escalones que hay por el camino y la ausencia casi total de pasamanos (hay tres junto al Dainichido, cuando ya estás bajando). El recorrido está perfectamente indicado, y tiene algunos tramos fáciles y otros bastante empinados o con muchas escaleras. Está muy bien acondicionado, salvo porque no hay dónde agarrarse. Lo estiman en una hora, desde que sales de la estación Shishiiwa hasta que vuelves a ella, pero hay que correr mucho para hacerlo en ese tiempo.

Tras recorrer el primer tramo, el más largo, se llega a una pequeña explanada donde hay varios templos. En uno de ellos está la Llama eterna, encendida por el monje Kobo Daishi durante su búsqueda de la iluminación y mantenida durante más de 1200 años sin apagarse. Éste fue el fuego que se utilizó para encender la Llama de la paz (la dedicada a las víctimas de la bomba atómica, en el Parque de la paz).

Por el camino que sigue subiendo hay pequeños templos y santuarios y, arriba, un mirador desde el que se pueden ver, si el cielo está despejado, muchas de las islas del mar interior de Seto.

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La cumbre del monte Misen

La cumbre del monte Misen

Las islas del mar de Seto

Las islas del mar de Seto

El paseo de vuelta hasta la estación es algo más ligero (aunque no mucho más). Nosotros hemos decidido reponer fuerzas tomando unos udon en el restaurante de la estación del teleférico, antes de bajar.

El autobús gratuito no es muy grande y todo el mundo tiene que ir sentado (todo el espacio está ocupado con asientos, algunos plegables). Al ir a coger el de bajada se ha llenado justo cuando nos tocaba subir a nosotros. Como pasan cada 20 minutos, hemos decidido bajar andando. Y ha sido buena idea, porque el camino de bajada es precioso, con el río, cascadas, puentes, etc. Merece la pena y no se tarda mucho (y de bajada es cómodo).

Bajando desde la estación Momijidani

Bajando desde la estación Momijidani

Udon

Udon

Cuando hemos llegado abajo hemos visto que la marea ya había bajado lo suficiente como para poder ir andando hasta la puerta. Así que haciendo caso omiso del cansancio y el dolor de pies, nos hemos acercado hasta ella para verla de cerca y hacerle más fotos.

Itsukushima sin agua

Itsukushima sin agua

La Otorii sin agua

La Otorii sin agua

Otorii

Otorii

Parque de la paz

La cúpula de la bomba atómica

La cúpula de la bomba atómica

La llama de la paz

La llama de la paz

Hemos cogido el mismo ferry de vuelta y luego un tren hasta Yokogawa. Allí hemos enlazado con el tranvía número 7, que nos ha llevado hasta el Parque de la paz (parada Genbaku dome mae), y así poder verlo con más tranquilidad, aprovechando que no llovía. El parque está lleno de monumentos dedicados a las víctimas o a la paz. Destaca el Monumento a la paz de los niños, dedicado a la memoria de Sasaki Sadako, una niña que murió de leucemia a causa de la radiación. En Japón hay una antigua creencia que dice que si fabricas 1000 grullas de papel se te concede un deseo. Sadako llegó a hacer 1300 grullas, pidiendo curarse. Algunas de ellas se guardan en el museo. Rodeando al monumento hay muchas más, la mayoría dejadas o enviadas por niños de todo el mundo.

También resulta llamativo el Montículo conmemorativo de la bomba atómica, creado con las cenizas de 70.000 víctimas no identificadas. Muy cerca del parque, cruzando la calle, está el hipocentro, el punto exacto donde cayó la bomba. Ahora está todo reconstruido. Tan sólo hay una placa con una fotografía de cómo quedó después de la explosión.

Campana de la paz

Campana de la paz

Monumento a la paz de los niños

Monumento a la paz de los niños

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Para volver hemos cogido un autobús. Es de los de subir por detrás y coger ticket con un número. Al llegar al destino, se paga lo que indica el panel para el número del ticket y se baja por delante.

Antes de meternos en el hotel, y para que no nos pasará lo de ayer, hemos ido directamente al centro comercial a cenar. Hoy hemos probado un restaurante de okonomiyaki llamado Goemon. Son una especie de creps que se preparan en una plancha frente a la barra en la que comes. Les ponen todo tipo de cosas encima y los cubren con un huevo hecho muy finito, salsa y especias. En esta zona es típico que lleven pasta, udon o soba, como ingrediente principal.

Preparando nuestros okonomiyaki

Preparando nuestros okonomiyaki

Okonomiyaki listo para tomar

Okonomiyaki listo para tomar

Ya en el hotel ha tocado hacer maletas, que mañana nos vamos a Hakone.

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Los horrores de la bomba

Termina nuestra estancia en Osaka. Con las maletas a cuestas nos hemos ido a la estación y hemos cogido el Sakura 551, el shinkansen que nos ha llevado, tras hora y media de viaje, hasta nuestra siguiente escala: Hiroshima.

El tren tiene cuatro asientos por fila, dos a cada lado del pasillo. Como nosotros somos tres, el cuarto asiento lo ha ocupado una simpática abuelita que se ha pasado medio viaje contándonos vete tú a saber qué en japonés, ignorando por completo nuestros gestos de absoluta incomprensión. Incluso nos ha enseñado sus billetes señalando las estaciones de destino (escritas en kanji) para que supiéramos a dónde iba.

Llegada a Hiroshima

Al llegar hemos podido comprobar que la previsión no se equivocaba: estaba lloviendo. Afortunadamente el hotel está bastante cerca de la estación y hay un enorme distribuidor subterráneo que tiene una salida muy cercana, así que nos hemos mojado poco.

No hemos podido entrar en la habitación. Aquí es habitual que no te dejen entrar hasta las tres de la tarde. Así que hemos dejado las maletas y nos hemos metido en un centro comercial donde hemos aprovechado para comer. La zona de restaurantes estaba bastante llena, puesto que los japoneses comen pronto. Los restaurantes tienen filas de sillas fuera, donde la gente puede esperar, tras reservar mesa, a que les toque su turno.

Nos hemos acercado a uno que tenía la suficiente variedad como para que todos encontráramos algo que nos apeteciera y nos hemos quedado esperando a que saliera la chica para cogernos la reserva. Mientras esperábamos ha llegado otra persona y se ha apuntado directamente en la hoja (colándose, por cierto). Parece ser que aquí lo hacen así. Los restaurantes tienen una carpeta con la hoja de las reservas y un bolígrafo junto a la entrada y la gente se apunta directamente, indicando cuántas personas son. Luego, cuando se vacía alguna mesa, sale y llaman al siguiente que le toca, tachando su nombre cuando entra. Pero el cartel que lo explicaba estaba escrito en perfecto japonés 😦 .

A la hora convenida nos hemos vuelto al hotel. Se trata del APA Hotel Hiroshima Ekimae (o sea, “hotel APA cerca de la estación de Hiroshima”). La habitación de este hotel es más grande, aunque el espacio está mucho peor aprovechado. El baño, sin embargo, es el mismo modelo “compacto” que teníamos en el hotel anterior, elevado unos 20 centímetros del suelo, supongo que para que haya sitio, entre otras cosas, para todas las tuberías y motores que hacen funcionar los múltiples chorritos de agua que puede lanzarte la taza.

El parque conmemorativo de la paz

La cúpula de la bomba

La cúpula de la bomba

No nos hemos demorado mucho, hemos soltado las maletas y descargado parte del peso que llevábamos a cuestas y nos hemos dirigido de nuevo a la estación de tren. La hemos cruzado y hemos cogido el autobús turístico. Este autobús no es como los que sueles encontrarte en otras ciudades, no tiene planta superior sin techo, ni auriculares con explicaciones. Es como una línea de autobús más, pero que recorre los lugares más turísticos de la ciudad. Lo mejor es que lo opera JR y está incluido en el JR Pass.

Nos hemos bajado en la parada Genbaku Dome – mae y hemos hecho una visita rápida del parque, directos hasta el Museo conmemorativo de la paz, porque seguía lloviendo. Afortunadamente, entre el arsenal de cacharros con el que cargamos se incluye una cámara acuática, así que hemos podido hacer alguna foto bajo la lluvia.

Lo primero que te encuentras, al entrar al parque desde ese extremo, es la Cúpula de la bomba atómica. Se trata de uno de los pocos edificios en los que quedó algo en pie tras la explosión de la bomba atómica, y que se ha conservado tal y como quedó, como recuerdo de la destrucción causada.

Llama de la paz

Llama de la paz

De camino al museo también está la Llama de la paz, un monumento dedicado a las víctimas de la bomba, cuya llama, que se encendió en 1964, permanecerá encendida mientras queden armas atómicas operativas en el planeta.

El precio del museo es simbólico e incluye información en múltiples idiomas, incluido el castellano. Recoge pertenencias de gente que sufrió la explosión, así como restos de objetos deformados por las intensas temperaturas. También se pueden ver algunos documentales e información sobre el estado actual de las armas atómicas en el mundo. Hay copias de la orden de lanzar la bomba contra la ciudad y de las cartas de protesta enviadas por el alcalde de Hiroshima durante años a los embajadores y representantes de todos los países que aún poseen armas nucleares.

Ropas de gente expuesta

Ropas de gente expuesta

Objetos deformados por el calor

Objetos deformados por el calor

Reloj parado en la hora de la explosión

Reloj parado en la hora de la explosión

Vista desde el museo

Vista desde el museo

Una réplica de la bomba

Una réplica de la bomba

Al salir del museo hemos tomado de nuevo el autobús turístico hasta el hotel. Más tarde hemos salido a cenar, más o menos a las 21:00. Nos hemos acercado al centro comercial cercano al hotel y lo primero que hemos visto es que cierra a las 22:00. Así que hemos subido rápidamente a la planta de los restaurantes. Como aquí cenan bastante pronto, todos estaban ya vacíos y el personal limpiando y recogiendo. Nos hemos ido a la zona de comida rápida, pero la mayoría sólo ofrecía ya bebidas y algún helado. Al final, al fondo del todo, hemos encontrado un pequeño local con tres mesitas que aceptaba pedidos hasta las 21:30, y donde un hombre muy amable nos ha preparado todo lo que le hemos pedido, incluyendo un menú infantil que llevaba hasta patatas fritas, y dos copas de helado. Es una pena que no admitan propinas, porque se la habría ganado.

Cena en el Ancafe

Cena en el Ancafe

Los postres

Los postres

Vuelta al hotel y a dormir, que mañana hay mejor pronóstico para el clima.

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Dorado y Plateado, con Filosofía

Kinkaku-ji

Hoy hemos vuelto a coger un tren hasta Kioto. Luego, en la estación de Kioto, hemos cogido el autobús 205 hasta Kinkaku-ji. El trayecto ha sido bastante largo, porque el templo está bastante lejos del centro.

Kinkaku-ji

Kinkaku-ji

El templo Rokuon-ji (“Templo del jardín de los ciervos”), conocido informalmente como Kinkaku-ji (“Templo del pabellón de oro”), fue construido en 1397 como villa de retiro del shogún Ashikaga Yoshimitsu y convertido  posteriormente en templo budista por su hijo. El pabellón dorado recibe ese nombre debido a que sus plantas superiores están recubiertas de pan de oro.

El pabellón ha sufrido varios incendios a lo largo de su historia, el último de ellos en 1950, provocado por un monje con trastornos mentales. El edificio actual es de 1955, y en 1987 se reemplazó todo el pan de oro. Actualmente se utiliza como almacén de reliquias sagradas de Buda.

Junto al pabellón hay un jardín con un estanque cuyas piedras representan la historia de la creación (según los budistas). La visita se realiza rodeando el lago y viendo el pabellón desde todos los ángulos.

De camino a la salida hay una casa de té donde hemos aprovechado para probar un té verde sentados en el suelo, acompañado con un pequeño bollito relleno de pasta de judía roja. Muy cerca de la casa de té está el Fudōdō, un pequeño templo dedicado a Fudō Myō-ō, una iracunda deidad budista que lucha contra el mal directamente en el infierno, por lo que se le suele conocer como el dios del fuego. Junto a este pabellón está el tenderete donde te ponen el sello del templo. Aquí aprovechan y te ponen de los dos (cobrándote el doble, claro).

Té verde

Té verde

Fudōdō

Fudōdō

Ginkaku-ji

Al salir del templo hemos tomado otro autobús, el 204, hacia otro templo, el Ginkaku-ji. Este templo está en la otra punta de la ciudad, por lo que el paseo también ha sido bastante largo. Junto a la parada del autobús comienza el paseo del filósofo, pero enseguida lo hemos abandonado para coger la calle que sube hacia el templo.

Ginkaku-ji

Ginkaku-ji

Ginkaku-ji (“templo del pabellón de la plata”) es como se denomina habitualmente al templo Jisho-ji. Fue construido en 1482 como villa de retiro del shogún Ashikaga Yoshimasa, aunque el pabellón plateado se terminó poco después de su muerte, en 1490. Fue convertido posteriormente en templo budista, según la última voluntad del propio Yoshimasa.

El pabellón de la plata se construyó emulando al Kinkaku-ji (“templo del pabellón dorado”), construido por el abuelo de Yoshimasa. Y aunque la intención era la de cubrirlo con láminas de plata, al final no se llegó a hacer (se piensa que por problemas de presupuesto). Así que, a pesar del nombre por el que aún se le conoce, el templo no es en absoluto plateado.

Los dos principales edificios del templo se quemaron a mediados del siglo XVI y fueron reconstruidos en el siglo XVII. Durante el siglo XVIII se añadieron otros dos de los edificios actuales.

Este pabellón es más pequeño y bastante más feo que el otro, pero el entorno en el que está es mucho más bonito, con cascadas de agua y puentes. Hay también un jardín zen de arena (o, más bien, pequeñas piedrecitas) colocada haciendo diversas formas. Una parte simula las olas del mar y el montón representa el monte Fuji.

Hay una zona más elevada desde la que se puede ver todo el complejo. Se accede por medio de un buen montón de escaleras. Aunque es opcional.

Jardín zen del Ginkaku-ji

Jardín zen del Ginkaku-ji

Estanque del Ginkaku-ji

Estanque del Ginkaku-ji

Vistas del Ginkaku-ji

Vistas del Ginkaku-ji

El paseo del filósofo

Udon con tempura de gambas

Udon con tempura de gambas

Bajando por la calle del templo, nos hemos metido en un pequeño restaurante que, además de las típicas mesas para comer sentado en el suelo, también tenían de la versión con sillas, para extranjeros. Hemos probado unos udon y un par de platos de arroz con carne. Estaba todo francamente bueno, aunque comer los udon con palillos no es tarea sencilla. A nuestro hijo le han traído una cuchara para el arroz.

Luego hemos vuelto al paseo del filósofo y lo hemos seguido recorriendo. Se trata de un camino de piedra que transcurre durante un kilómetro y medio junto a un canal delimitado por cerezos. El camino debe su nombre a Nishida Kitaro, un filósofo contemporáneo que paseaba a diario meditando por este lugar de camino a la universidad. El canal, que tiene 20 kilómetros de longitud en total, conecta con el lago Biwa. Fue construido durante el periodo Meiji y se utilizó para alimentar la primera planta hidroeléctrica de Japón.

El paseo es bastante bonito, aunque a los sakura (cerezos) ya casi no les queden flores. Cuando llevábamos algo más de la mitad del paseo, y viendo que es todo igual, hemos decidido desviarnos a la carretera principal para coger un autobús de vuelta a la estación de JR. Llevamos muchos kilómetros andados estos días y hay que ahorrar fuerzas para los que aún nos quedan por delante.

Paseo del filósofo

Paseo del filósofo

Más paseo del filósofo

Más paseo del filósofo

Al final ha resultado buena idea, porque nos hemos podido sentar sin problemas y luego, cuando hemos llegado a la parada más cercana al final del paseo del filosofo se ha llenado hasta los topes. Además, nos ha debido tocar el conductor kamikaze de Kioto, que no paraba de dar bandazos, frenazos y acelerones bruscos, provocando violentos desplazamientos en masa de los que iban de pie, alguno de los cuáles ha estado a punto de caerse sobre nosotros.

Hemos cogido otro shinkansen para volver a Shin-Osaka y hemos comprado algo de comida para cenar en el hotel. Toca poner otra lavadora y hacer las maletas, que mañana nos vamos a Hiroshima.

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Paseando entre ciervos

Hōryū-ji

Hoy hemos desayunado en la habitación, lo que nos ha permitido estar pronto en la estación sin tener que madrugar en exceso 😉 . Hemos cogido el exprés del aeropuerto hasta Tennoji y allí hemos cambiado a un regional hasta Horyuji.

Al templo se puede ir andando (está a unos 20 minutos), en autobús (el 72) o en taxi (se coge justo al lado de donde sale el autobús). Para tratar de ganar tiempo hemos cogido un taxi (a pesar de que el taxista insistía en explicarnos qué autobús teníamos que coger y que nos iba a salir más barato que el taxi). Al final nos ha costado ¥860 (frente a los ¥480, ¥190 adultos y ¥100 niños, que nos habría costado el autobús). Al taxi se sube por la izquierda y la puerta la abre y cierra el conductor (no hay que tocarla). No se deja propina.

Kondō y pagoda de Hōryū-ji

Kondō y pagoda de Hōryū-ji

Hōryū-ji es un templo budista fundado en el año 607 por el príncipe Shotoku. Alberga unos 50 edificios, algunos de los cuales, como el kondō (salón dorado), son los edificios de madera más antiguos del mundo. Aunque no datan del 607, porque un incendio provocado por un rayo destruyó el templo en el 670. No obstante, algunos edificios se conservan (con algunas restauraciones) desde el año 700.

La pagoda de cinco pisos, también del 700, es otro de los edificios de madera más antiguos. Contiene reliquias en sus cimientos, aunque es posible que no puedan ser recuperadas nunca sin provocar el derrumbamiento del edificio. Las plantas de la pagoda representan el ciclo de los cinco elementos: de abajo a arriba, tierra, metal, agua, madera y fuego.

El templo estaba inicialmente dedicado a Yakushi, el Nyorai de la curación. Nyorai es la traducción al japonés del término sánscrito Tathagata, que es un título honorífico que se otorga a los que alcanzan la iluminación (como el título Buda pero más importante, porque Tathagata era como se refería a sí mismo el Buda histórico). Yakushi es el nombre japonés de Bhaiṣajyaguru, buda de la medicina.

Detalle del kondō

Detalle del kondō

La entrada incluye tres zonas, aunque se pueden pagar por separado. Saiin Garan (“recinto del oeste”) incluye la pagoda (Goju-no-To) y el salón principal (kondō), donde están las esculturas a las que está dedicado el templo. En el Daihōzoin está el museo con los tesoros del templo y el “salón del alma del príncipe Shotoku”, donde nos han puesto el sello del templo en el libro. Luego hay que andar un poco hasta el Toin Garan (“recinto del este”), donde se encuentra el Yumedono (“salón de las visiones”), un templo de forma octogonal dedicado a la memoria del príncipe. Conviene asegurarse de haber visto todo lo deseado antes de salir de cada zona, porque luego no podrás volver a entrar, aunque en el plano parezca que hay caminos.

Al salir del templo hemos encontrado en una parada de autobús instrucciones sobre dónde coger el autobús de vuelta a la estación de JR. Aquí el autobús va como en Kioto: te subes por atrás y pagas al salir. Se suponía que había que coger un ticket que luego serviría para determinar cuánto pagar, pero no hemos visto dónde. Puede que estuviéramos en una zona de tarifa única. Se paga y se sale por delante. Hay que meter el dinero exacto en monedas, pero hay una máquina para cambiar billetes de 1000 yenes justo al lado.

Yumedono

Yumedono

Los ciervos de Nara

Hemos cogido el tren para seguir un par de estaciones más hasta Nara y hemos comido en la estación. Luego, siguiendo las recomendaciones de la chica de la oficina de información turística, hemos cogido el autobús de la línea 2 (circular) en la parada 1 de la estación y nos hemos bajado en Daibutsuden Kasuga Taisha mae, una parada que queda a la misma distancia de los dos sitios que queríamos visitar: el templo Tōdai-ji y el santuario Kasuga Taisha.

Ciervos en Nara

Curiosamente, los autobuses en Nara (o, al menos, los de la línea circular, que tienen un precio fijo) funcionan de forma diferente a los de Kioto. Aquí te subes por delante y pagas al subir. Tienes que pagar en monedas, el precio exacto, y no hay máquina para cambiar en el autobús. Así que hay que preparar moneditas: ¥210 los adultos y ¥110 los niños.

Hemos decido ir primero al santuario Kasuga porque, según ponía en los carteles, cierra antes. Aunque puede que sólo cierren antes algunas zonas concretas, tampoco nos íbamos a arriesgar.

De camino al santuario se atraviesa parte del Parque de Nara, que está plagado de ciervos en libertad. En esta época del año los machos han perdido ya la cornamenta y están, en general, bastante tranquilos. Les puedes dar de comer sin muchos problemas (si no lo haces donde haya grupos grandes, para que no vayan todos a por ti) y muchos se dejan incluso acariciar. La forma adecuada de darles de comer es hacerles un saludo, esperar a que te respondan (el ciervo, lo creas o no, te devuelve el saludo) y luego darles la comida. Aunque si compras un paquete de unas obleas grandes que les encantan y si te ven 7 u 8 de ellos no vas a tener tiempo para rituales, porque se te van a echar todos encima. Las obleas las venden cerca de la entrada del Tōdai-ji, por lo que, como era de esperar, allí es donde hay más ciervos y más pendientes de lo que llevas en las manos. Es mejor darles de comer a los están algo más lejos, que son mucho más  pacíficos.

Uno de los muchos ciervos

Uno de los muchos ciervos

Ciervos al ataque

Ciervos al ataque

El ciervo que nos llevamos a casa

El ciervo que nos llevamos a casa

Kasuga Taisha

Faroles de piedra

Faroles de piedra

El Kasuga Taisha (“Gran santuario Kasuga”) fue fundado en el año 768 por la familia Fujiwara. Los Fujiwara son un poderoso clan cuyos miembros siempre han tenido cargos muy cercanos al emperador, llegando a ser los auténticos gobernantes de Japón durante el periodo Heian (794-1185), y manteniendo su influencia incluso hasta el siglo XX, emparentándose con la familia imperial mediante matrimonios concertados.

El santuario se ubica a los pies de las montañas sagradas de Nara, Kasugayama y Mikasayama. Lo que más destaca es la enorme colección de faroles que alberga, donados por los fieles. Los del camino de acceso son de piedra y se apoyan sobre pilares. Los que cuelgan de los edificios son de bronce. Se estima que hay unos tres mil faroles (dos mil de piedra y mil de bronce). Antiguamente se encendían todos cada noche, pero ahora sólo se hace ciertos días al año.

Faroles de cobre

Faroles de cobre

Faroles encendidos

Faroles encendidos

El santuario está dedicado, entre otros, a Amenokoyane, el kami a quien la diosa Amaterasu encargó la custodia del espejo divino, y a quien los Fujiwara consideran un ancestro.

El santuario se visita mediante un recorrido marcado, aunque no es tan estricto como en otros sitios y puedes ir un poco más a tu aire. Del santuario sale un camino rodeado de faroles que serpentea por la montaña, pero nosotros hemos vuelto por el mismo camino por el que hemos subido para llegar a Tōdai-ji con tiempo para ver el templo antes de que lo cerraran.

Tōdai-ji

El edificio que alberga el daibutsu

El edificio que alberga el daibutsu

Lo más destacable del templo Tōdai-ji es la enorme estatua de bronce de Buda (llamada daibutsu, “gran buda”) que hay dentro, de unos 15 metros de altura. Se trata del Nyorai Dainichi (Buda Vairóchana). El edificio que la alberga, de unos 50 metros de alto, es considerado la construcción de madera más grande del mundo.

El templo y la estatua originales son de mediados del siglo VIII, pero ambos han sido reconstruidos en varias ocasiones, debido a los daños por terremotos e incendios tan habituales en Japón.

Uno de los pilares del edificio tiene un agujero en su base, del mismo tamaño que el orificio de la nariz de la estatua. Se supone que si puedes pasar a través de él alcanzarás la iluminación.

Destaca la Nandaimon (“gran puerta del sur”), de 20 metros de altura, construida en 1199. Hay también una torre (shōrō) que contiene la campana más grande de todo Japón (3,87m de altura y 3,71m de diámetro), construida en el año 752.

Daibutsu

Daibutsu

La pagoda del Kōfuku-ji

La pagoda del Kōfuku-ji

Curiosamente, dentro de este templo sí que se pueden hacer fotografías. Así que hemos aprovechado para sacar fotos del buda y de nuestro hijo pasando por dentro de la columna (algo bastante fácil para él, dado su tamaño).

Desde el templo nos hemos vuelto hasta la estación dando un paseo, viendo los puestos de souvenirs y disfrutando del parque. A mitad de camino hay otro templo, el Kōfuku-ji, que ya estaba cerrado, pero que tiene una pagoda de cinco pisos. Hemos hecho un par de fotos y hemos seguido hasta la estación de JR. Antes de coger el tren hemos aprovechado para cenar unos yakitori que hemos cogido en un pequeño restaurante de comida para llevar al que le habíamos echado el ojo por la mañana. Nos los hemos comido allí mismo en una pequeña barra que tienen detrás. Estaban deliciosos.

Luego hemos vuelto al hotel en tren, haciendo escala en la estación de Osaka.

Yakitori

Yakitori

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Templos y santuarios en Kioto

Hoy nos hemos levantado algo más tarde. Hemos bajado cuando ya casi se estaba terminando el tiempo del desayuno. Aún así, en cuanto nos han visto llegar nos han sacado tostadas y nos han repuesto de casi todo lo que se había terminado (excepto leche). Pensábamos que tendríamos que coger el desayuno en la estación, pero al final no ha hecho falta. Hoy había una especie de ensaladilla rusa que estaba bastante buena. Y la riquísima sopa de miso que tienen siempre, claro.

Fushimi Inari-taisha

La entrada a Fushimi Inari

La entrada a Fushimi Inari

Nos hemos ido a la estación y hemos cogido un shinkansen hasta Kioto. Allí hemos cambiado a un tren regional para ir hasta Inari. El santuario está justo frente a la estación.

El santuario Fushimi Inari-taisha fue construido en el siglo VIII por el clan Hata y es el principal centro de culto al kami Inari en Japón. Inari es el kami del arroz y del sake, aunque a medida que el papel de la agricultura en la economía japonesa fue disminuyendo, pasó a ser también el kami de todo tipo de negocios. El culto a Inari es el más extendido de Japón. Se estima que una tercera parte de los santuarios de todo Japón están dedicados a este kami (por lo que se ve, entre salud, dinero y amor, los japoneses tienen bastante claro con qué se quedan). Con frecuencia comerciantes, hombres de negocios o las propias empresas donan barriles de sake y puertas torii en agradecimiento al kami por lo bien que les ha ido. Y la mayoría de estas puertas torii acaban aquí, donde miles de ellas (literalmente) forman un interminable camino que serpentea por la montaña, detrás del santuario.

Un kitsune con la llave del granero

Un kitsune con la llave del granero

Otro de los elementos típicos de este santuario (y de otros muchos consagrados a Inari) son las estatuas de zorros. El zorro (kitsune) se considera el mensajero del kami y protector de las cosechas, por lo que con frecuencia se lo representa con un rollo de papel en la boca o custodiando las llaves del granero.

El complejo se sitúa en la ladera de una montaña y abarca numerosas construcciones. Aunque se empezó a construir en 711, el santuario principal no se construyó hasta 1499.

Nos hemos hinchado a hacer fotos de puertas torii. También hemos comprado un libro de sellos de templos y santuarios y nos han escrito el nombre del santuario en él. A partir de ahora iremos poniendo el sello de cada templo que visitemos en el libro, a 300 yenes cada uno, eso sí.

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii más

Unas pocas puertas torii más

Dos de los primeros sellos

Dos de los primeros sellos

Sanjūsangen-dō

Nos hemos cogido de nuevo el tren hasta la estación de Kioto y desde allí nos hemos ido a un centro comercial cercano a comer. Hemos escogido un buffet libre que tenía tanto comida japonesa como occidental y hemos aprovechado para probar un montón de cosas (que no tenemos ni idea de cómo se llaman, y casi ni qué son). Luego hemos vuelto a la estación a coger un autobús que nos ha llevado a Sanjūsangen-dō. Coger autobuses aquí resulta bastante sencillo. Todo está indicado en inglés además de en japonés y el autobús lleva una pantalla donde se indica cada parada. Hay que tener en cuenta que al autobús se sube por detrás y se sale por delante. Como nosotros compramos billetes válidos para todo el día, hemos tenido que meterlos en la máquina para que les pusieran la fecha. Las siguientes veces basta con enseñarlos.

Probando entrantes japoneses

Probando entrantes japoneses

Degustación de postres

Degustación de postres

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō (“Salón con treinta tres espacios entre columnas”) es el nombre con el que se conoce popularmente al templo Rengeō-in. El nombre hace referencia a las dimensiones del edificio principal que, con sus 120 metros, es considerado el edificio de madera más largo del mundo. En su interior se encuentra una impresionante estatua de Kannon, flanqueada por otras no menos impresionantes 1000 estatuas más de Kannon a tamaño natural.

Kannon, a menudo erróneamente llamada diosa de la misericordia, es en realidad un bodhisattva budista cuya principal cualidad es la compasión. En el budismo, el término bodhisattva se aplica a aquellos que siguen el camino de la iluminación, tratando de alcanzar el nirvana. Son venerados, se les reza y se les dedican templos. Son el equivalente budista a los santos cristianos. Si el bodhisattva alcanza la budeidad (la verdad, el despertar espiritual, el nirvana) puede recibir el título honorífico de Buda.

Kannon es, por tanto, el nombre que dan los japoneses al bodhisattva Avalokiteśvara. Cuenta la leyenda que Avalokiteśvara renunció a alcanzar él mismo (o ella) la iluminación hasta que hubiera ayudado al resto de los seres sensibles en su propio camino hacia el nirvana. Para ello entró en una profunda meditación, con el objetivo de salvar a todos los seres desgraciados. Pero al salir de la meditación descubrió que sólo había logrado ayudar a una pequeña parte de los que sufrían, lo que le hizo empezar a dudar de que sus esfuerzos sirvieran realmente para algo. Al titubear, y tal como él mismo había jurado al hacer sus votos, su cuerpo empezó a romperse en pedazos. Pidió ayuda al buda Amitâbha, quien lo reconstruyó creando un nuevo cuerpo con mil brazos (para poder alcanzar a todos los que sufren) y diez cabezas (para poder escuchar todos sus lamentos). Sobre las diez cabezas le colocó la suya propia.

Junto al Sanjūsangen-dō

Junto al Sanjūsangen-dō

Por este motivo, este bodhisattva, que con frecuencia toma forma femenina, se suele representar con once cabezas y con numerosos brazos (típicamente 42: los dos habituales y 40 extra, los cuales, multiplicados por los 25 planos de existencia que considera el budismo, nos dan los 1000).

En el interior del templo no se pueden hacer fotos ni grabar vídeo (incluso amenazan con revisarte las cámaras y multarte), así que no tengo ninguna. Puedes ver alguna en la página web del templo: http://www.sanjusangendo.jp/b_1.html.

El templo también tiene un pequeño lago y algunos otros edificios.

Gion y Kiyomizu-dera

Tras la visita hemos cogido de nuevo el autobús y hemos ido al barrio de Gion, el barrio de las geishas (aunque ya adelantamos que no hemos visto ninguna). Desde la parada hemos ido andando hasta el templo Kiyomizu-dera, parando por los callejones del barrio y las calles empinadas. De camino hemos pasado por el santuario Yasaka y hemos aprovechado para visitarlo y hacer algunas fotos, ya que la entrada es gratis.

El santuario Yakusa

El santuario Yakusa

El barrio de Gion

El barrio de Gion

Kiyomizu-dera (“Templo del agua pura”) es un templo budista fundado en el año 778, aunque sus edificios se han incendiado en numerosas ocasiones. Los actuales son de 1633. El Hondō (salón principal) está designado como tesoro nacional y destaca por su enorme balconada de madera, a 13 metros sobre la colina, construida sin utilizar ni un solo clavo. Este voladizo dio pie a la expresión “saltar de la baranda de Kiyomizu” y hacía referencia a la leyenda de ver cumplido un deseo si sobrevivías a la caída.

La balconada de Kiyomizu-dera

La balconada de Kiyomizu-dera

La visita al templo la hemos hecho de noche, aprovechando que a finales de marzo y principios de abril el templo tiene también horario nocturno, algo que sólo ocurre unos pocos días al año. La visita nocturna, con el templo y la ciudad de fondo iluminada tiene su encanto. Aunque hacer fotos resulta complicado.

El camino está marcado y hay mucho personal asegurándose de que no te desvíes (no sea que yendo a oscuras te vayas a despeñar por un barranco). Casi al principio nos han llevado a un edificio en el que tenías que quitarte los zapatos y pagar ¥100 para entrar. Pensábamos que era para ver el interior, pero nos han dirigido hacia unas escaleras que bajaban con escasa iluminación que continuaban por un pasillo completamente a oscuras. A tientas, sin ver absolutamente nada, hemos ido avanzando por el pasillo hasta llegar a una piedra giratoria iluminada desde un agujero en el techo. Como no sabíamos muy bien que teníamos que hacer la hemos movido un poco y hemos continuado por el pasillo a oscuras hasta la salida.

Buscando después en internet hemos averiguado que, por lo visto, el edificio bajo el que hemos estado alberga una estatua de Daizuigu Bosatsu, la madre de Buda, y que el paseo a oscuras representa su útero. Se supone que Daizuigu Bosatsu puede conceder cualquier deseo, si lo formulas mientras giras la piedra, sobre la que está escrita la palabra “útero” en sánscrito.

La vuelta desde el templo es, naturalmente, cuesta abajo. El camino más corto de bajada te deja en la parada de autobús de Gojozaka, desde donde hemos vuelto a la estación de Kioto. Hemos tardado una media hora en poder coger un autobús. No porque no pasen, al contrario, pasan cada cinco minutos. El problema es que había muchísima gente en la parada y los autobuses venían muy llenos. Apenas se podían subir 3 o 4 personas en cada uno. 6 autobuses han tenido que pasar hasta que nos hemos podido subir a uno de ellos. Ya en la estación de Kioto hemos cogido otro shinkansen hasta Shin-Osaka. Aquí hemos comprado desayuno para mañana, para tomarlo en la habitación y ganar tiempo, puesto que queremos coger un tren tempranito.

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Palacios en Kioto

Hoy hemos desayunado espaguetis con tomate. Se ve que tienen que poner algo occidental en el desayuno, pero no parece que tengan muy claro qué se suele desayunar en occidente. O eso o, simplemente, buscan platos parecidos a los que toman ellos en el desayuno y te los plantan. La cosa es que estaban muy buenos, con sus salchichas y todo 😉 .

Nos hemos cogido un tren hasta Kioto y allí hemos comprado billetes de un día para el metro (para hoy) y billetes de autobús para dos días (para algunos de los siguientes tres días, ya veremos). Hoy tenemos planificadas visitas a las que se llega bien en metro y para el resto de días nos podremos apañar sólo con el autobús.

El palacio imperial de Kioto

De gala para visitar el palacio

De gala para visitar el palacio

Nos hemos ido hasta la parada de Imadegawa, que te deja muy cerca de la puerta de entrada al recinto del palacio imperial de Kioto. Normalmente el palacio sólo se puede visitar con guía, y casi todos los grupos son en japonés, salvo un par de ellos, a horas muy concretas, que son en inglés. Si vas con tiempo puedes reservar para el mismo día, aunque también se puede reservar por Internet. Sin embargo, en primavera hay unos cuantos días de puertas abiertas en los que puedes visitar el palacio por tu cuenta, sin tener que reservar grupo. Este año es del 9 al 13 de abril, así que lo hemos aprovechado.

El Kyoto Gosho o palacio imperial de Kioto fue construido en el año 794, y fue la residencia del emperador hasta que se trasladó la capital a Tokio en 1869, durante la Restauración Meiji. Durante esos mil años el palacio ha sido destruido y reconstruido en numerosas ocasiones, debido a guerras e incendios. El palacio actual es de 1855, y se construyó tratando de reproducir el estilo del palacio original.

El palacio se sitúa en un terreno amurallado llamado Kyōto Gyoen, de 1,3 x 0,7 kilómetros, en el que también se encuentra la residencia oficial (Daidairi), la del emperador retirado (Sento), los jardines y la universidad Doshisha, una universidad privada fundada en 1875.

Shishinden

Shishinden

La visita del palacio se realiza en una ruta marcada. Te dan un panfleto con el recorrido y explicaciones de lo que es cada cosa (aunque hay carteles por el camino que cuentan lo mismo). Sólo se visita el exterior del palacio. No se entra en ninguno de los edificios. Esto es siempre así, no tiene relación con los días de puertas abiertas. Digamos que las puertas las abren, pero un poquito sólo 🙂 .

El palacio es bastante austero, para lo que entendemos por palacio en Europa. Destacan algunas pinturas en las paredes de las salas y las puertas de los edificios son espectaculares. Los jardines nos han gustado mucho también, con el lago y los puentes.

También había montones de puestos vendiendo souvenirs y productos típicos, principalmente dulces. Suponemos que estaban con motivo de las jornadas de puertas abiertas. Hemos comprado alguna cosilla y hemos probado todo lo que nos han puesto por delante. Estaba casi todo bastante rico, aunque hay que tener cuidado con las cosas verdes 😉 .

Puente Keyakibashi

Puente Keyakibashi

Jardín Gonaitei

Jardín Gonaitei

Al salir del recinto del palacio nos hemos dirigido a la estación Marutamachi del metro de Kioto, que se supone que queda más cerca que en la que nos bajamos al venir. Pero teniendo en cuenta todo lo que hemos andado, rodeando el exterior del recinto, seguramente nos habría salido más a cuenta volver a la misma estación por la que llegamos. Es más, con la caminata y el calor que hacía (menudo día se ha quedado, por cierto) hemos tenido que hacer una parada técnica y tomarnos un helado junto a la boca del metro.

El castillo de Nijo

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Nos hemos ido en metro hasta la parada Nijojo-mae, que te deja mucho más cerca del castillo que, paradójicamente, la que se llama sólo Nijo.

El castillo de Nijō (Nijō-jō) fue construido a principios del siglo XVII por Tokugawa Ieyasu, y fue la residencia oficial del shogún durante el shogunato Tokugawa, que perduró durante más de 250 años.

Consta de varios edificios aunque algunos de ellos se destruyeron, como el castillo central (donjon), al que le cayó un rayo, o el palacio interior que quedó destruido en un incendio en 1788, provocando que el castillo quedara abandonado durante más de un siglo. El resto, sin embargo, se ha conservado hasta nuestros días.

El castillo tenía originalmente dos murallas, cada una rodeada de un foso. La más interna rodea al Honmaru (ciudadela interior) y entre ambas se encuentra el Ninomaru (segunda ciudadela) y el resto de edificios y jardines.

El Ninomaru es el palacio más grande. Tiene más de 30 habitaciones, cada una de ellas decorada según su función, incluyendo las de la guardia personal del shogun, formada exclusivamente por mujeres. El suelo de los pasillos de este palacio recibe el nombre de uguisu-bari o pisos de ruiseñor, porque hacen un sonido similar al piar de los pájaros cuando los pisas, alertando así de la presencia de posibles asesinos. En este edificio sí que se puede entrar (quitándose los zapatos), pero sólo a los pasillos exteriores, viendo las habitaciones y las preciosas pinturas de las paredes desde las puertas. En algunas habitaciones hay unos maniquíes que representan escenas cotidianas de la vida en palacio.

Hay varios jardines, bastante bonitos también. De ellos, el Seiryū-en es bastante posterior. Fue construido en 1965 como lugar de recepción de las visitas oficiales a la ciudad. Hoy estaba cerrado.

Torre del castillo de Nijo

Torre del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Comiendo a la japonesa

Al terminar el castillo ya llevábamos un retraso considerable respecto a la planificación prevista para el día. En parte porque hemos madrugado algo menos de lo previsto y, sobre todo, porque nos hemos tomado las visitas con calma, disfrutando de cada sitio. Al fin y al cabo, se trata de eso ¿no?

Takoyaki

Takoyaki

Nos hemos vuelto a la estación de Kioto con la intención de comer allí, que hay bastantes restaurantes. Pero, siendo ya más de las cuatro de la tarde, no nos ha quedado otra que recurrir a la comida rápida (que suele tener un horario más amplio), pero japonesa: takoyaki. Son una especie de croquetas con trozos de pulpo, en forma y tamaño de pelotas de golf. Las sirven con diversas cosas por encima: salsa barbacoa, mayonesa, huevo cocido mezclado con la yema y alguna otra salsa, etc. Los hemos escogido por la foto, sin saber muy bien qué eran o qué llevaban. Al menos, la persona que nos ha atendido nos ha preguntado antes de poner el picante y hemos podido evitarlo. Estaban bastante buenos.

Al final hemos decidido dejar para otro día la visita al santuario de Inari, porque apenas hemos dormido seis horas estos días y si seguimos así no llegamos al fin de semana, y todavía queda mucho viaje. Así que nos hemos comprado unas ekiben para cenar, que son las cajitas de comida (bento) que se venden en las estaciones de tren, unos dorayaki y un sándwich de tonkatsu (cerdo empanado) y nos hemos vuelto al hotel.

Al pedir la llave nos han dado un mensaje que nos han dejado de los Estudios Universales. Lo malo es que no han dicho si han encontrado la sudadera o no. Sólo han dejado un número de teléfono y el horario en que podemos llamar (de oficina). No tenemos muy claro qué vamos a hacer. En ese horario estamos siempre visitando lugares y no tenemos muy claro si vamos a conseguir entendernos con ellos por teléfono (si en persona ya cuesta…). Y luego, si resulta que la han encontrado, tendríamos que ir hasta allí a recogerla, lo que puede suponer más de una hora en desplazamientos, tiempo que tendríamos que quitarle a otra cosa que queramos ver. Si a eso le sumamos que la sudadera seguramente ya no le valdrá a nuestro hijo el próximo invierno… me parece que se van a quedar con ella. Ya veremos.

Como teníamos algo más de tiempo hemos probado el servicio de lavandería del Toyoko y hemos lavado lo que habíamos manchado hasta ahora (que, con un niño, es bastante más de lo que cabría esperar). Ya estamos listos para los siguientes días de visitas, que vienen cargaditos.

Dorayaki

Dorayaki

Ekiben

Ekiben

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