Tokio

Tōkyō-to: Capital del este

De compras por Tokio

El hotel en el que nos alojamos en Tokio, el Toyoko Inn de Tennozu Isle, también incluye desayuno japonés gratuito. Sin embargo, este hotel es mucho más grande que aquél en el que estuvimos en Shin-Osaka, al comienzo de nuestro viaje. Tiene muchas más habitaciones y está preparado para más gente. La zona de desayuno es mucho mayor y hay más cantidad de comida… aunque no mucha más variedad. Exceptuando que aquí hay dos sopas diferentes, el resto de platos son idénticos. Bueno, hay cruasanes en lugar de tostadas (supongo que para evitar interminables colas frente al tostador). Y da gracias, porque junto con las salchichas es casi lo único que se puede desayunar si no eres muy aficionado a las algas o los encurtidos gelatinosos. Y no te olvides de traer tus servilletas, porque aquí no tienen.

Tochō

Tochō

Tochō

Después de desayunar hemos tomado el autobús gratuito del hotel que te lleva hasta la estación de Shinagawa. Allí hemos cogido un tren de la línea Yamanote (la circular de Tokio) hasta Shinjuku. Aunque hemos debido de liarnos con las indicaciones que nos daba Hyperdia, porque el primero que hemos tomado ha parado en Osaki y nos han hecho bajar a todos. Aunque en seguida ha venido otro tren con el que continuar el camino. Supongo que hemos coincidido con una hora en la que se reduce el número de trenes.

Sin llegar a salir a la calle nos hemos metido por un túnel subterráneo que te lleva directamente a varios de los edificios de la zona. Nosotros nos hemos dirigido hacia el Tokyo Metropolitan Government, que es de los que más lejos están de la estación. Ha sido un paseo interminable, de cintas transportadoras y escaleras mecánicas, pasando por debajo de todas las calles del barrio. Muy útil si llueve (que no era el caso), pero bastante aburrido. Aunque hay incluso alguna tienda o cafetería por el camino.

La salida te deja directamente en una de las entradas del edificio, y tan sólo tienes que elegir a cuál de las torres quieres subir. Está todo acondicionado para enormes colas de gente, pero no había nadie cuando hemos llegado. Nosotros hemos subido a la torre norte.

El Tokyo Metropolitan Government o Tochō (abreviatura de “Ayuntamiento de Tokio”) es la sede del gobierno de todo el área metropolitana de Tokio, lo que incluye los 23 distritos de la ciudad y 39 municipios de los alrededores. Consta de varios edificios, de los cuales, el número 1 tiene dos torres con plantas de observación a las que se puede acceder gratuitamente. Los miradores están en la planta 45, a más de 200 metros de altura.

Vistas

Vistas

Las vistas de la ciudad no son excesivamente impresionantes. En parte porque, dada la altura, lo que más se ve son los grandes rascacielos de alrededor. Y, sobre todo, porque la neblina que causa la polución no permite ver a mucha distancia.

Lo que sí nos gustó bastante, sobre todo a nuestro hijo, fue la tienda que hay en la planta observatorio. Su cara, con los ojos fuera de sus órbitas, diciendo “¡esto es un sueño!”, tras descubrir la enorme sección de peluches de Nintendo de la tienda, no tiene precio. Bueno, en realidad sí que lo tiene: ¥10.000 en peluches (seis nos llevamos), barajas de cartas, puzles, imanes, carpetas… Y, encima, por la compra nos dieron un puñado de vales de descuento que sólo se podían gastar en esa tienda… lo que nos “obligó” a comprar aún más cosas.

Colección de peluches

Colección de peluches

La tienda también tiene una máquina purikura. Se trata de una especie de fotomatón, con un panel verde detrás que permite usar diversas fotografías de fondo (en este caso, del edificio en el que estamos) y luego añadir textos o efectos. El proceso está dividido en fases en las que vas escogiendo entre diversas opciones con un lápiz sobre una pantalla táctil, con un tiempo máximo establecido para cada una de ellas. La máquina te hace cuatro fotografías y luego puedes escoger la que más te guste. Puedes imprimirla en varios formatos y también te la puedes descargar después desde Internet utilizando un código QR y una clave que se incluyen en la copia impresa.

La máquina tiene montones de opciones, pero las instrucciones están sólo en japonés. Nosotros hemos intentado ponerle la fecha pero no lo hemos logrado antes de que se acabara el tiempo. Muy intuitivas no son. En cualquier caso, por ¥500 tenemos una foto de los tres con el Tokyo Metropolitan Government de fondo (aunque lo tapamos bastante) y con copia digital incluida. La calidad de la foto es algo regularcilla, pero en otros sitios nos han cobrado más del doble por fotos de calidad similar.

Shinjuku

Mode Gakuen Cocoon

Mode Gakuen Cocoon

La vuelta hacia la estación la hemos hecho por arriba, para ver un poco el barrio, haciendo fotos de los edificios por el camino. En el sótano de uno de los edificios más bonitos de la zona, la torre Mode Gakuen Cocoon, hay una impresionante librería que ocupa varios enormes locales distribuidos en dos plantas. Tiene libros tanto en japonés como en inglés.

Uno de los locales está dedicado por entero al manga. Es un laberinto de estanterías llenas, desde el suelo hasta el techo, de volúmenes de cómic japonés. Es realmente impresionante y ha hecho aflorar al friki que llevamos dentro, puesto que, a pesar de que todos los cómics están en perfecto japonés, hemos salido con cuatro o cinco tomos bajo el brazo.

Lo que también nos ha sorprendido es el personal que atiende la librería. Le hemos preguntado a uno de ellos por varias series de manga y nos ha llevado, sin titubear, directamente hasta el punto exacto de la estantería correcta donde estaba cada cosa que le hemos pedido. Sin pararse a buscar, sin recorrerlos hasta encontrarlos. Sabía exactamente dónde tenían que estar y, lo más importante, estaban exactamente donde esperaba encontrarlos.

Los tomos están todos envueltos, para mantenerlos en buen estado (y para que no los puedas leer sin comprarlos, claro). Una vez pagados, te los desenvuelven y te forran la cubierta con un papel que incluye el nombre de la tienda, de forma que puedas leerlos sin estropear la portada y, suponemos, sin que la gente sepa qué estás leyendo exactamente. Porque la librería tiene TODO tipo de manga, algunos con portadas bastante explícitas, por cierto.

Librería de manga

Librería de manga

Shibuya

Tempura y sashimi

Tempura y sashimi

Hemos vuelto a la estación de Shinjuku y hemos cogido un tren hasta Shibuya. Hemos comido en el centro comercial de la estación, en un restaurante especializado en tempura. Por lo que hemos podido ver, en Japón los restaurantes suelen estar muy especializados, cada uno con una oferta de platos basados en el mismo tipo de comida. Si el restaurante es de gyoza, casi todo lo que habrá en la carta será gyoza. Si es un restaurante de tonkatsu, puede que tenga diez o doce platos distintos, pero todos llevarán carne rebozada como elemento principal. Como no les apetezca tomar lo mismo a todos los que vayan en tu grupo, tenéis un problema, porque va a resultar algo difícil encontrar un restaurante donde uno pueda comer sushi y otro yakitori, por ejemplo.

Con los niños suele resultar algo más sencillo, porque casi todos los restaurantes suelen tener algún tipo de menú infantil, bastante variado y a muy buen precio, que a menudo incluye incluso postre (algo que no suele encontrarse habitualmente en la carta, por cierto).

Hachikō

Hachikō

En este caso, el restaurante tenía también una especie de menús fijos, combinando tempura con arroz, udon o incluso sashimi de atún (pescado crudo). Hemos pedido uno de esos para cada uno. Como la camarera no hablaba inglés y la carta sólo estaba en japonés, hemos tenido que salir a señalárselos en el escaparate, donde tienen las muestras de cera de cada plato de la carta.

Cuando nos los ha traído nos ha explicado con gestos para qué era cada salsa y cómo había que comer cada cosa. Luego se ha pasado toda la comida vigilándonos, bastante nerviosa, suponemos que por cómo nos estábamos comiendo la comida. De hecho, se ha acercado varias veces para corregirnos y agregar explicaciones adicionales sobre cómo teníamos que hacer las cosas. Ha sido un poquito agobiante y la mujer parecía estar realmente pasando un mal rato. Pero estaba todo realmente rico, así que ha merecido la pena.

Cuando hemos salido de la estación ya estaba lloviendo, cumpliéndose al fin lo que estaba pronosticado para todo el día. Hemos salido por la puerta que está junto a la estatua de Hachikō, un perro muy famoso y querido en Tokio.

Era el perro de un profesor universitario, que cogía el tren a diario en esta estación. Hachikō venía aquí todas las tardes a esperar el regreso de su amo. Un día el profesor murió dando clase y ya nunca más volvió, pero Hachikō siguió viniendo cada día a esperarlo, durante más de diez años, en el mismo sitio en el que ahora se encuentra la estatua.

Shibuya

Shibuya

Mientras nos estábamos haciendo las fotos con la estatua se han acercado unos japoneses, cámara en mano, con la intención de hacernos una entrevista para una cadena de televisión. Han insistido bastante, así que al final hemos accedido. Nos han preguntado sobre la estatua y por qué era famoso el perro. La entrevista no ha durado mucho, sobre todo por el casi nulo nivel de inglés del periodista. O quizás, porque buscaban a alguien que no supiera por qué había ahí una estatua de un perro. Vete tú a saber.

Las fotos del famoso cruce con las pantallas en los edificios las hemos hecho desde un mirador que hay en la estación, que ofrece mejor altura, aunque algunos árboles entorpezcan un poco la visión.

Akihabara

Akihabara

Akihabara

Hemos cogido otro tren hasta Akihabara, un barrio que destaca por los comercios de electrónica y los salones recreativos. Hemos entrado en algunos de estos últimos, hasta que, por la hora, ya no han dejado entrar a nuestro hijo (a partir de las 18:30, sólo mayores de 16 años).

Los recreativos aquí son impresionantes. Ocupan edificios enteros de varias plantas, normalmente organizados por temáticas. Hay plantas enteras dedicadas a máquinas purikura o esas con ganchos con los que tratar de coger diversos premios. Pero las estrellas son las máquinas de videojuegos. Las hay de todo tipo, con pantallas enormes, entrada de auriculares (para que puedas oír el juego entre tanto ruido) y variados mandos de juego. Incluso hay una zona con máquinas “retro”, con arcaicas pantallas de tubo.

Tienen mucho éxito las máquinas de seguir el ritmo, aunque parece que las de bailar pulsando con los pies ya han pasado de moda. Ahora el ritmo se sigue con las manos, pulsando sobre zonas sensibles de la pantalla y el marco circular que la rodea, o sobre unos mandos esféricos que se mueven en todas las direcciones. Este tipo de máquina parece gustarle sobre todo a las chicas, lo que también parece confirmar el hecho de que en uno de los que hemos entrado sea la única planta que tiene baños para ellas.

Máquinas de ritmo

Máquinas de ritmo

Máquina de cartas

Máquina de cartas

Máquinas de fútbol

Máquinas de fútbol

Hay montones de máquinas de lucha, la mayoría conectadas en red, tanto de personajes más clásicos como de robots gigantes. También hay muchas máquinas a las que se juega con cartas físicas que los jugadores traen de casa (y que deben comprar en otro sitio, porque no parece que se vendan allí). Las cartas las sitúan sobre una superficie que las detecta y sobre la que las desplazan para interactuar con el juego. Hay montones de máquinas de este tipo, tanto para jugar solo como para enfrentar a varios jugadores entre ellos, cada una con sus propias cartas diferentes. Cerca de estas máquinas suele haber catálogos con todas las cartas disponibles.

Como casi todo en Japón, los salones recreativos también están muy organizados. Aparte de la clasificación temática por plantas, hay zonas habilitadas para hacer cola ante las máquinas más demandadas o, directamente, una hoja de reservas similar a la de los restaurantes. También tienen tableros para hacer torneos, con rondas clasificatorias y eliminatorias. Y en algunos puntos hay una serie de cuadernos para que los jugadores se dejen mensajes entre ellos o para que hagan dibujos, algo a lo que parecen bastante aficionados.

Diseña tu propio personaje

Diseña tu propio personaje

Dibujos de jugadores

Dibujos de jugadores

Hemos estado paseando un rato por el barrio, entrando en tiendas y haciendo más compras (cargaditos vamos a volver). También hemos aprovechado para cenar, antes de volvernos al hotel (tren hasta Shinagawa y autobús gratuito).

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Palacio imperial y Museo nacional

Sorpresa en Tokio

Hoy nos hemos despedido del hotel de Utsunomiya y hemos cogido un tren hasta Tokio, nuestra última escala del viaje. Nuestra intención era dejar las maletas en las taquillas de la estación para ahorrarnos un par de paseos al hotel, dado que requiere combinar varios transportes y el check-in no se puede hacer hasta las cuatro de la tarde. Sin embargo nos hemos encontrado con algo que no esperábamos: todas las taquillas están bloqueadas por motivos de seguridad.

Al parecer, un presidente de un país lejano, un tal Obama, ha decidido visitar Japón justo esta semana, y todo Tokio está en estado de alerta, en especial la red de transportes. Las taquillas van a estar bloqueadas toda la semana (pone del 22 al 25 en los carteles, pero ya no se pueden utilizar), las papeleras están tapadas, todo el personal de la estación lleva brazaletes indicando el estado de alerta y hay mensajes en todos los monitores, tanto en la estación como en los trenes, pidiendo que se informe inmediatamente de cualquier objeto sospechoso que parezca abandonado. Alerta por posible ataque terrorista.

En la estación de Tokio hay una zona en la que custodian maletas, junto a una zona enorme de taquillas. Este servicio seguía funcionando, aunque con limitaciones, como tener que recoger lo que dejaras antes de las ocho de la tarde. Sin embargo, la cola era kilométrica y los precios bastante elevados: ¥500 por bulto. Hemos preguntado y nos han dicho que no es cosa de esta estación, sino que todo Tokio está en estado de alerta y todas las taquillas de todas las estaciones están bloqueadas. Y son muchas taquillas, porque aquí las hay en todas las estaciones, por pequeñas que sean.

La estación de Tokio

La estación de Tokio

En vista de que no podíamos dejar las maletas, nos hemos visto obligados a cambiar de planes y llevar las maletas hasta el hotel, haciendo además la ruta larga, porque el servicio de autobús gratuito del hotel, que lo comunica con la estación de Shinagawa, no empieza a funcionar en dirección al hotel hasta las tres de la tarde. Hemos tenido que coger un tren hasta Hamamatsucho y luego enlazar con el monorraíl hasta Tennozu Isle, parada junto a la que se encuentra el hotel. Afortunadamente, ambas líneas están incluidas en el JR Pass.

Hemos dejado las maletas en recepción y luego hemos repuesto fuerzas tomando un café y unos cruasanes rellenos de una mezcla de crema de cereza y de pasta de judía roja que estaban deliciosos. Luego hemos desecho el camino, tomando primero el monorraíl y luego un tren de nuevo hasta la estación de Tokio.

Hemos salido de la estación y le hemos hecho algunas fotos. La estación de Tokio es un curioso edificio de estilo europeo como no esperas encontrarte en Japón. Fue construida en 1914 al estilo de la estación central de Ámsterdam, en la que se inspira. Quedó gravemente dañada durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida, aunque se conserva gran parte de la fachada original.

Palacio imperial de Tokio

Medio Nijubashi

Medio Nijubashi

Desde la estación nos hemos ido andando hasta el recinto del palacio imperial, que está cerca. Luego hemos tenido que rodear una buena parte para llegar al punto donde se hacen las fotos típicas del puente con el palacio al fondo.

El palacio imperial de Tokio, también conocido como Kōkyo, se encuentra en el lugar donde se situaba el castillo de Edo, del clan Tokugawa. La familia imperial reside aquí desde que se trasladó la capital desde Kioto, tras la Restauración Meiji. Por ese motivo los jardines interiores y los edificios no son visitables.

Al palacio se accede a través de un puente llamado Nijubashi (“puente doble”), cuyo nombre proviene de un puente anterior de madera que tenía dos alturas. Actualmente son dos puentes, uno de acero y otro de piedra, situados uno junto al otro.

La única zona que se puede visitar es Higashi Gyoen (“jardines del este”), donde se pueden ver las ruinas del antiguo donjon (“torre principal”) del castillo, destruido en un incendio en 1657. Cuando se construyó (1638) era la torre más alta de todo Japón, con 58 metros de altura. Hemos estado paseando por los jardines, haciéndonos fotos en los lagos. La estructura de los jardines es la del antiguo castillo y recuerda mucho al castillo de Nijō. Aunque del castillo no queda nada. Tan sólo parte de las murallas y fosos y algunas casas de la guardia.

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Casa de guardias

Casa de guardias

Museo nacional de Tokio

"Mono anciano" (Takamura Koun, periodo Meiji)

“Mono anciano” (Takamura Koun, periodo Meiji)

Nos hemos vuelto andando a la estación de Tokio y hemos cogido un tren hasta Uguisudani, la parada que queda más cerca del Museo nacional de Tokio.

En 1872 se realizó una exposición temporal en un edificio que había sido un anteriormente un templo. Se exhibieron más de 600 piezas procedentes de todo el país. Esta exposición, que se hizo como parte de los preparativos de la partición de Japón en la Exposición Universal de Viena de 1873, fue la base de una exposición permanente que se convertiría en el primer museo nacional de Japón. Con el tiempo, el museo se fue ampliando y reformando hasta convertirse en el mayor museo del país.

El museo consta actualmente de varios edificios, cada uno con diferentes exposiciones. Nosotros nos hemos centrado en el Honkan, el edificio principal, que alberga en su mayor parte obras de arte japonesas. Lo malo es que dos de los cuadros que más interés teníamos en ver no se encuentran ahora en el museo. No obstante, hay montones de obras realmente hermosas e interesantes, así que la visita ha merecido mucho la pena. Además, en el museo se pueden hacer fotografías sin flash, salvo a las obras en las que se prohíbe explícitamente, por deseo de sus dueños.

Varios de los preciosos...

Varios de los preciosos…

...biombos pintados...

…biombos pintados…

...que hay en el museo

…que hay en el museo

En una de las salas hemos descubierto que el día que visitamos el Sanjūsangen-dō nos engañaron, puesto que nos aseguraron que había 1001 estatuas y resulta que tres de ellas están aquí. Eso nos pasa por no contarlas 😉 .

El museo se encuentra al norte del parque de Ueno, así que nos hemos bajado andando a coger el tren allí. Para volver al hotel hemos decidido encadenar dos shinkansen, hasta la estación de Shinagawa. No es que se gane mucho tiempo, pero los trenes normales van siempre llenísimos y así nos garantizábamos poder sentarnos, que ya iba “apeteciendo”. Allí hemos cogido el autobús gratuito del hotel.

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Al llegar al hotel nos hemos ido directamente a cenar, dado que, para evitar que nos cerraran el museo, no habíamos comido gran cosa desde los cruasanes de media mañana. El hotel, un Toyoko Inn, tiene un restaurante shabu-shabu, así que hemos aprovechado para probarlo. Se trata de un tipo de restaurante en el que tú mismo te cocinas la comida, carne, udon y verduras, cociéndola en agua en la propia mesa.

Nuestro hijo se lo ha pasado en grande. Le ha hecho mucha ilusión poder hacerse su propia comida. Y, además, estaba todo muy bueno. Aunque se tarda bastante en cenar, sobre todo si te haces el valiente y decides intentarlo con los palillos, rechazando los tenedores que te ofrecen 😛 .

Tras la cena hemos hecho el check-in y hemos subido las maletas a la habitación. Buenas noches.

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