Osaka

Ōsaka-shi: Colina grande

Osaka Universal Studios

Hoy ha sido uno de esos días que conviene intercalar cuando viajas con niños: parque de atracciones.

Pero empecemos por el principio. No hemos conseguido bajar a desayunar más pronto que ayer, pero hemos tenido menos problemas de existencias. De todas formas, hemos cogido de todo nada más llegar, por si luego no había. Hoy sí que había tostadas y nos las hemos tomado con el aceite de oliva que nos hemos traído (así hacemos una adaptación gradual al cambio de alimentación). Entre lo que había para desayunar destacan una especie de albóndigas pequeñitas que estaban deliciosas. Hoy no hemos visto nada de bollería.

Hemos cogido el tren siguiendo las instrucciones de Hyperdia y nos hemos ido, haciendo transbordo en Osaka, hasta la estación Universal City, donde están los Estudios Universales de Osaka, el parque temático de la productora de cine.

Una de las calles del parque

Una de las calles del parque

Al comprar las entradas nos hemos encontrado con un problema: la banda magnética de la tarjeta de crédito con la que queríamos pagar estaba mal (como la de casi todas las tarjetas que llevamos) y no podían utilizarla. Ni tienen soporte para tarjetas con chip ni pueden (o saben/quieren) meter el número manualmente. Para pagar ayer el hotel no tuvimos problema, pero hoy hemos tenido que probar varias tarjetas hasta dar con una que tuviera bien la banda. Y nos ha pasado lo mismo cada vez que hemos intentado pagar con tarjeta tanto dentro del parque como en las tiendas que hay de camino al metro. Ojito con esto.

El parque está bastante bien aunque no es muy grande. Hemos cogido un pase exprés para 4 atracciones, aunque igual nos lo podíamos haber ahorrado, porque no había apenas gente. Al menos por la mañana. Luego han ido llegando estudiantes, según iban saliendo de clase, la mayoría directamente en uniforme. Aún así, el máximo tiempo de espera que hemos visto en una atracción ha sido de 50 minutos. Hemos escogido un buen día para visitar el parque.

Las atracciones están bastante bien, aunque, a pesar de que muchas incluyen “the ride” en el nombre, tan solo dos de ellas son realmente montañas rusas. El resto son simuladores o cines 4D (algunos desde vehículos que se desplazan).

Espectáculo Waterworld

Espectáculo Waterworld

Aún así nos lo hemos pasado estupendamente, disfrutando de las atracciones, el espectáculo basado en la película de Waterworld y un larguísimo y espectacular desfile donde todas las carrozas están iluminadas con miles de LEDs.

La única nota negativa es que nuestro hijo ha perdido su sudadera, creemos que dejándosela en uno de los baños. Hemos preguntado por ella en objetos perdidos, pero no la habían llevado. Nos han tomado los datos y han quedado en avisarnos si la encuentran. Al final, como ya hacía algo de frío, le hemos acabado comprando otra en la tienda de Hard Rock que hay fuera del parque.

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Miradores y onsen en Osaka

Amanece nuestro primer día en Japón, para unos con más sueño que para otros. No hemos bajado demasiado tarde a desayunar, pero ya no quedaban tostadas y al poco se ha terminado la leche. Y aunque quede más de una hora de desayuno, no reponen. Habrá que madrugar más.

Al final, salvo por un par de bollos que hemos conseguido coger (3 de los 7 que han sacado, menuda cara nos han puesto), hemos tomado el desayuno japonés que incluye el Toyoko Inn: sopa de miso (riquísima), bloque de arroz, unas pequeñas salchichas que no estaban mal y una especie de revuelto con setas de sabor extraño. Zumo (de manzana) y café. No está del todo mal, aunque a nuestro hijo hemos tenido que completárselo un poco con bizcochos que llevábamos en la maleta.

Osaka Unlimited Pass

Para ir a la estación hemos cogido una ruta diferente a la que tomamos ayer para venir. Es por donde tendríamos que haber venido si hubiéramos salido por la puerta correcta. El camino ha resultado más sencillo y corto. A ver si ya no nos liamos más.

Una vez en la estación de Shin-Osaka nos hemos puesto a buscar la oficina de información para comprar el Osaka Unlimited Pass, una especie de abono de transportes que sirve para el metro y los autobuses (que no están incluidos en el JR Pass) y que también incluye entrada gratuita para bastantes sitios y descuentos para algunos otros más. Cuando ya pensábamos que nos habíamos vuelto a liar hemos visto un cartel, en un local cerrado, que decía que la oficina cerró el pasado 31 de marzo y que fuéramos a la de Umeda o a la de Namba. Así que nos hemos cogido un tren de JR a Osaka (la estación de Umeda, que es de otra empresa, está justo al lado) y nos hemos puesto a buscar la oficina de información. Ha costado un poco encontrarla, pero finalmente hemos podido comprar los pases. Sólo hemos cogido los de adulto, porque para los niños no suele salir rentable.

El jardín flotante y la Ferris Wheel

Ya que estábamos allí, hemos alterado un poco la ruta prevista y nos hemos ido andando a ver el Jardín flotante, en el Umeda Sky Building, que de jardín no tiene nada. Es una plataforma suspendida entre las dos torres del edificio, a unos 170 metros de altura, desde donde se puede ver buena parte de la ciudad de Osaka. En una de las esquinas hay una zona donde las parejas enganchan candados en forma de corazón, suponemos que como símbolo de su amor. Había miles de ellos.

La Ferris Wheel

La Ferris Wheel

Luego nos hemos acercado al centro comercial Hep Five, que está también cerca de la estación de Umeda, y tiene una noria en la séptima planta, llamada Ferris Wheel. Al entrar nos ha sorprendido ver a las chicas de información del centro soltando la misma frase una y otra vez a todos los que pasaban, al tiempo que hacían unos extraños gestos con las manos. No tenemos claro si era lenguaje de signos o una especie de coreografía, pero no paraban de repetirlo con una sonrisa de oreja a oreja.

La noria está chula. Va despacito y te subes en marcha. Sube bastante por encima y fuera del edificio. Son cabinas cerradas, así que no hay problemas para los que sufran de vértigo.

Las vistas de Osaka

Las vistas de Osaka

El castillo de Osaka

El castillo de Osaka

El castillo de Osaka

Después hemos cogido el metro en Higashi-Umeda, cerca del centro comercial, para ir al castillo de Osaka (parada Tanimachi 4-chome). A nuestro hijo le hemos comprado un abono de metro de un día. La salida del metro hacia el castillo es la 1B y luego hay que ir hacia la izquierda. Primero hay que atravesar un pequeño parque y luego el camino se bifurca. A la izquierda quedan los jardines Nishinomaru y a la derecha, rodeando el foso interior, está la entrada al recinto en el que se encuentra el castillo. Los jardines no tienen gran cosa, pero se pueden hacer unas fotos preciosas del castillo con los cerezos en primer plano.

El castillo original de Osaka se construyó a finales del siglo XVI, poco después del final del shogunato Ashikaga. Lo hizo construir Toyotomi Hideyoshi, discípulo y sucesor de Oda Nobunaga (quien había puesto fin al segundo shogunato). El castillo sufrió un asedio en 1615, a manos del clan Tokugawa, fundadores del tercer shogunato. El castillo fue incluso bombardeado, pero apenas sufrió daños. Los Tokugawa construyeron una segunda torre y fortalecieron y armaron el castillo, pero varios incendios provocados por rayos lo destruyeron poco después (es el riesgo de llenar de explosivos un castillo de madera). No fue remodelado hasta el siglo XIX, para ser destruido de nuevo durante la Reconstrucción Meiji. Una nueva reconstrucción de 1928 fue también destruida durante la Segunda Guerra Mundial. El castillo actual es una restauración de finales del siglo XX. Esperemos que éste, al ser de cemento, dure algo más.

Hay que tener en cuenta que el castillo actual es en realidad un museo moderno disfrazado de castillo. Lo que quiere decir es que aunque por fuera tiene la apariencia del castillo original, por dentro es un edificio moderno (incluso tiene ascensores). El museo tiene unos vídeos proyectados sobre maquetas que muestran escenas de la historia del castillo y sus moradores, aunque sólo en perfecto japonés. También hay armaduras y documentos oficiales. Lo único que merece algo la pena es subir a la última planta, que es un mirador.

La torre Tsutenkaku

La torre Tsutenkaku

La torre Tsutenkaku

En nuestra planificación habíamos incluido también un paseo en barco por el canal Dotonbori, gratis también con el Unlimited Pass, pero no queríamos que se nos hiciera tarde para ir al onsen (tiene una zona que cierra antes) así que nos lo hemos saltado. Nos hemos cogido de nuevo el metro, hasta la parada Ebisuchu, para subir a la torre Tsutenkaku (“la torre que roza al cielo”).

La torre original, de principios del siglo XX, formaba parte de un parque de atracciones y tenía una forma más parecida a la de la torre Eiffel (que se ve que gusta bastante por aquí). Esta torre fue desmantelada durante la Segunda Guerra Mundial para fabricar armas. Con la recuperación económica posterior a la guerra, Hitachi, junto con el ayuntamiento, construyó la torre actual en el mismo lugar donde se encontraba la anterior, con mayor altura y un diseño más moderno. Actualmente se utiliza como tablón de anuncios gigante.

La torre tiene un mirador desde donde ver, una vez más, las vistas de la ciudad. El resto son tiendas y todo tipo de merchandising de Billiken, el dios “de las cosas como deberían ser”. Aunque no es un auténtico dios hindú (como aparenta), sino una creación, a partir de un sueño, de una profesora de arte americana, que fue regalada a la ciudad de Osaka. El que se expone en la plataforma de observación es una copia, dado que el original se perdió cuando cerró el parque de atracciones. Hay que frotarle la planta de los pies (previa donación) para pedir deseos.

La obsesión por el muñequito raya la paranoia: tienen varias versiones, al estilo de las representaciones de Buda, te hacen fotos con él (que luego intentan venderte), tienen comics con el muñeco haciendo de superhéroe, todo tipo de comida con su forma, y una lista interminable de cosas más.

Japoneses jugando a un extraño juego de mesa

Japoneses jugando a un extraño juego de mesa

Spa World

SPA World (exterior, dentro no se permiten fotos)

SPA World (exterior, dentro no se permiten fotos)

Nuestra última parada del día ha sido el Spa World, un onsen tematizado con varias plantas y montones de zonas. Primero hemos ido los tres juntos, con bañador, a la zona familiar, que tiene una parte exterior (pero con el agua bien caliente), una zona interior con toboganes (se pagan aparte) y una zona infantil. Cuando han cerrado esa parte (antes de la hora que decían, por cierto) nos hemos ido a nuestras respectivas plantas, los hombres a una y las mujeres a otra, a probar todo tipo de piscinas, ya sin bañador. La vergüenza se pasa tras los primeros cinco minutos.

Cada piscina está en una zona ambientada según la temática de la planta. La de los hombres (en abril, se intercambian cada mes) es de Europa, con ambientes de Roma, Grecia, España (exterior), Atlántida, etc., y la de mujeres de Asia: Japón (al aire libre), Persia (muy bonita), Bali, etc. Te quedas como nuevo.

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Comienza la aventura

El centro multimedia de Emirates

El centro multimedia de Emirates

28 horas después de haber salido de casa, 17 de ellas de vuelo, hemos llegado a nuestro primer hotel en Japón, en Osaka. De los vuelos hay poco que decir: largos pero tranquilos, y con un sistema de entretenimiento a bordo que ha hecho innecesarios todos los gadgets con batería hasta los topes que llevábamos encima. Y la batería tampoco habría sido un problema, porque teníamos cargadores USB y de corriente normal en cada asiento.
Ninguna queja para Emirates.

El proceso de entrada en el país ha sido algo más lento, pasando de mostrador en mostrador. En el control de pasaportes había bastante cola y se nos ha ido más de una hora. Cambiar el dinero ha sido mucho más rápido, y el cambio mucho mejor que el que nos ofrecían en Baraj… digo, en el aeropuerto Adolfo Suárez. Digamos que cambiando en el aeropuerto de Kansai hemos conseguido 20 yenes más por cada uno de nuestros euros. Aunque podrían haber sido 21, si hubiéramos comparado precios entre las diferentes oficinas de cambio de la terminal. Resulta curioso como estando tan cerca unas de otras, todas en la misma planta, puedan ofrecer precios diferentes. No es que la diferencia sea abrumadora, pero puedes sacarle el máximo rendimiento a tu dinero dedicando cinco minutos a comparar.

Algo más de cinco minutos hemos tardado en recoger el router. Pero ha sido, sobre todo, porque la chica de información nos ha mandado al mostrador equivocado. Después de esperar la cola ha resultado que ellos eran de otras empresas. Nos han enviado al correcto que, por cierto, estaba vacío.

Oficina de JR en Shin-Osaka

Oficina de JR en Shin-Osaka

Lo de la oficina de JR, donde teníamos que canjear los pases, ha costado un poco más. Según la información que teníamos, la oficina tenía que estar en la primera planta, la misma por la que sales tras recoger las maletas y pasar la aduana. Pero después de buscarla un rato hemos preguntado y nos han mandado a la segunda, y saliendo de la terminal (al fresquito de la noche, con unos 10 grados). La oficina ha resultado estar justo frente a la entrada a la propia estación de tren de JR. El resto no ha debido de tener muchos problemas en encontrarla, porque la cola era enorme. Más de media hora (y sigue sumando) hemos tardado en tener nuestros pases y los billetes para el siguiente tren. Billetes, por cierto, que hemos intentado meter varias veces en los torniquetes, a pesar de que sabíamos que los billetes reservados con el JR Pass hay que enseñárselos al personal de la entrada (consecuencias de no dormir en dos días).

El tren ha llegado bien, aunque nos han hecho bajar nada más subirnos porque tenían que limpiarlo, al ser final de línea. Se ve que hoy vamos a cometer todos los errores del novato. Ya en el tren hemos aprovechado para probar el router y ver lo bien que funcionaba. Rápido y sencillo. Ya estamos online.

El siguiente error del día: interpretar incorrectamente el símbolo que apuntaba al norte en el plano de zona de la estación y salir por la puerta equivocada. Luego ha rematado la faena un amable japonés que se ha ofrecido a ayudarnos y que nos ha mandado en el sentido contrario al que debíamos ir. Total: 10 minutos de paseo hasta que el GPS nos ha convencido de que íbamos mal (menos mal que ya teníamos conexión de datos) y nos hemos dado la vuelta. Otros 10 minutos para volver a la estación y otros 10 o 15 para encontrar el hotel. Al final hemos llegado unas dos horas más tarde de lo previsto, así que hemos cenado de lo que llevábamos encima y a ver lo que nos deja dormir el jet-lag…

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