Nara

Nara-shi

Paseando entre ciervos

Hōryū-ji

Hoy hemos desayunado en la habitación, lo que nos ha permitido estar pronto en la estación sin tener que madrugar en exceso 😉 . Hemos cogido el exprés del aeropuerto hasta Tennoji y allí hemos cambiado a un regional hasta Horyuji.

Al templo se puede ir andando (está a unos 20 minutos), en autobús (el 72) o en taxi (se coge justo al lado de donde sale el autobús). Para tratar de ganar tiempo hemos cogido un taxi (a pesar de que el taxista insistía en explicarnos qué autobús teníamos que coger y que nos iba a salir más barato que el taxi). Al final nos ha costado ¥860 (frente a los ¥480, ¥190 adultos y ¥100 niños, que nos habría costado el autobús). Al taxi se sube por la izquierda y la puerta la abre y cierra el conductor (no hay que tocarla). No se deja propina.

Kondō y pagoda de Hōryū-ji

Kondō y pagoda de Hōryū-ji

Hōryū-ji es un templo budista fundado en el año 607 por el príncipe Shotoku. Alberga unos 50 edificios, algunos de los cuales, como el kondō (salón dorado), son los edificios de madera más antiguos del mundo. Aunque no datan del 607, porque un incendio provocado por un rayo destruyó el templo en el 670. No obstante, algunos edificios se conservan (con algunas restauraciones) desde el año 700.

La pagoda de cinco pisos, también del 700, es otro de los edificios de madera más antiguos. Contiene reliquias en sus cimientos, aunque es posible que no puedan ser recuperadas nunca sin provocar el derrumbamiento del edificio. Las plantas de la pagoda representan el ciclo de los cinco elementos: de abajo a arriba, tierra, metal, agua, madera y fuego.

El templo estaba inicialmente dedicado a Yakushi, el Nyorai de la curación. Nyorai es la traducción al japonés del término sánscrito Tathagata, que es un título honorífico que se otorga a los que alcanzan la iluminación (como el título Buda pero más importante, porque Tathagata era como se refería a sí mismo el Buda histórico). Yakushi es el nombre japonés de Bhaiṣajyaguru, buda de la medicina.

Detalle del kondō

Detalle del kondō

La entrada incluye tres zonas, aunque se pueden pagar por separado. Saiin Garan (“recinto del oeste”) incluye la pagoda (Goju-no-To) y el salón principal (kondō), donde están las esculturas a las que está dedicado el templo. En el Daihōzoin está el museo con los tesoros del templo y el “salón del alma del príncipe Shotoku”, donde nos han puesto el sello del templo en el libro. Luego hay que andar un poco hasta el Toin Garan (“recinto del este”), donde se encuentra el Yumedono (“salón de las visiones”), un templo de forma octogonal dedicado a la memoria del príncipe. Conviene asegurarse de haber visto todo lo deseado antes de salir de cada zona, porque luego no podrás volver a entrar, aunque en el plano parezca que hay caminos.

Al salir del templo hemos encontrado en una parada de autobús instrucciones sobre dónde coger el autobús de vuelta a la estación de JR. Aquí el autobús va como en Kioto: te subes por atrás y pagas al salir. Se suponía que había que coger un ticket que luego serviría para determinar cuánto pagar, pero no hemos visto dónde. Puede que estuviéramos en una zona de tarifa única. Se paga y se sale por delante. Hay que meter el dinero exacto en monedas, pero hay una máquina para cambiar billetes de 1000 yenes justo al lado.

Yumedono

Yumedono

Los ciervos de Nara

Hemos cogido el tren para seguir un par de estaciones más hasta Nara y hemos comido en la estación. Luego, siguiendo las recomendaciones de la chica de la oficina de información turística, hemos cogido el autobús de la línea 2 (circular) en la parada 1 de la estación y nos hemos bajado en Daibutsuden Kasuga Taisha mae, una parada que queda a la misma distancia de los dos sitios que queríamos visitar: el templo Tōdai-ji y el santuario Kasuga Taisha.

Ciervos en Nara

Curiosamente, los autobuses en Nara (o, al menos, los de la línea circular, que tienen un precio fijo) funcionan de forma diferente a los de Kioto. Aquí te subes por delante y pagas al subir. Tienes que pagar en monedas, el precio exacto, y no hay máquina para cambiar en el autobús. Así que hay que preparar moneditas: ¥210 los adultos y ¥110 los niños.

Hemos decido ir primero al santuario Kasuga porque, según ponía en los carteles, cierra antes. Aunque puede que sólo cierren antes algunas zonas concretas, tampoco nos íbamos a arriesgar.

De camino al santuario se atraviesa parte del Parque de Nara, que está plagado de ciervos en libertad. En esta época del año los machos han perdido ya la cornamenta y están, en general, bastante tranquilos. Les puedes dar de comer sin muchos problemas (si no lo haces donde haya grupos grandes, para que no vayan todos a por ti) y muchos se dejan incluso acariciar. La forma adecuada de darles de comer es hacerles un saludo, esperar a que te respondan (el ciervo, lo creas o no, te devuelve el saludo) y luego darles la comida. Aunque si compras un paquete de unas obleas grandes que les encantan y si te ven 7 u 8 de ellos no vas a tener tiempo para rituales, porque se te van a echar todos encima. Las obleas las venden cerca de la entrada del Tōdai-ji, por lo que, como era de esperar, allí es donde hay más ciervos y más pendientes de lo que llevas en las manos. Es mejor darles de comer a los están algo más lejos, que son mucho más  pacíficos.

Uno de los muchos ciervos

Uno de los muchos ciervos

Ciervos al ataque

Ciervos al ataque

El ciervo que nos llevamos a casa

El ciervo que nos llevamos a casa

Kasuga Taisha

Faroles de piedra

Faroles de piedra

El Kasuga Taisha (“Gran santuario Kasuga”) fue fundado en el año 768 por la familia Fujiwara. Los Fujiwara son un poderoso clan cuyos miembros siempre han tenido cargos muy cercanos al emperador, llegando a ser los auténticos gobernantes de Japón durante el periodo Heian (794-1185), y manteniendo su influencia incluso hasta el siglo XX, emparentándose con la familia imperial mediante matrimonios concertados.

El santuario se ubica a los pies de las montañas sagradas de Nara, Kasugayama y Mikasayama. Lo que más destaca es la enorme colección de faroles que alberga, donados por los fieles. Los del camino de acceso son de piedra y se apoyan sobre pilares. Los que cuelgan de los edificios son de bronce. Se estima que hay unos tres mil faroles (dos mil de piedra y mil de bronce). Antiguamente se encendían todos cada noche, pero ahora sólo se hace ciertos días al año.

Faroles de cobre

Faroles de cobre

Faroles encendidos

Faroles encendidos

El santuario está dedicado, entre otros, a Amenokoyane, el kami a quien la diosa Amaterasu encargó la custodia del espejo divino, y a quien los Fujiwara consideran un ancestro.

El santuario se visita mediante un recorrido marcado, aunque no es tan estricto como en otros sitios y puedes ir un poco más a tu aire. Del santuario sale un camino rodeado de faroles que serpentea por la montaña, pero nosotros hemos vuelto por el mismo camino por el que hemos subido para llegar a Tōdai-ji con tiempo para ver el templo antes de que lo cerraran.

Tōdai-ji

El edificio que alberga el daibutsu

El edificio que alberga el daibutsu

Lo más destacable del templo Tōdai-ji es la enorme estatua de bronce de Buda (llamada daibutsu, “gran buda”) que hay dentro, de unos 15 metros de altura. Se trata del Nyorai Dainichi (Buda Vairóchana). El edificio que la alberga, de unos 50 metros de alto, es considerado la construcción de madera más grande del mundo.

El templo y la estatua originales son de mediados del siglo VIII, pero ambos han sido reconstruidos en varias ocasiones, debido a los daños por terremotos e incendios tan habituales en Japón.

Uno de los pilares del edificio tiene un agujero en su base, del mismo tamaño que el orificio de la nariz de la estatua. Se supone que si puedes pasar a través de él alcanzarás la iluminación.

Destaca la Nandaimon (“gran puerta del sur”), de 20 metros de altura, construida en 1199. Hay también una torre (shōrō) que contiene la campana más grande de todo Japón (3,87m de altura y 3,71m de diámetro), construida en el año 752.

Daibutsu

Daibutsu

La pagoda del Kōfuku-ji

La pagoda del Kōfuku-ji

Curiosamente, dentro de este templo sí que se pueden hacer fotografías. Así que hemos aprovechado para sacar fotos del buda y de nuestro hijo pasando por dentro de la columna (algo bastante fácil para él, dado su tamaño).

Desde el templo nos hemos vuelto hasta la estación dando un paseo, viendo los puestos de souvenirs y disfrutando del parque. A mitad de camino hay otro templo, el Kōfuku-ji, que ya estaba cerrado, pero que tiene una pagoda de cinco pisos. Hemos hecho un par de fotos y hemos seguido hasta la estación de JR. Antes de coger el tren hemos aprovechado para cenar unos yakitori que hemos cogido en un pequeño restaurante de comida para llevar al que le habíamos echado el ojo por la mañana. Nos los hemos comido allí mismo en una pequeña barra que tienen detrás. Estaban deliciosos.

Luego hemos vuelto al hotel en tren, haciendo escala en la estación de Osaka.

Yakitori

Yakitori

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