Kioto

Kyōto-shi: Ciudad capital

Dorado y Plateado, con Filosofía

Kinkaku-ji

Hoy hemos vuelto a coger un tren hasta Kioto. Luego, en la estación de Kioto, hemos cogido el autobús 205 hasta Kinkaku-ji. El trayecto ha sido bastante largo, porque el templo está bastante lejos del centro.

Kinkaku-ji

Kinkaku-ji

El templo Rokuon-ji (“Templo del jardín de los ciervos”), conocido informalmente como Kinkaku-ji (“Templo del pabellón de oro”), fue construido en 1397 como villa de retiro del shogún Ashikaga Yoshimitsu y convertido  posteriormente en templo budista por su hijo. El pabellón dorado recibe ese nombre debido a que sus plantas superiores están recubiertas de pan de oro.

El pabellón ha sufrido varios incendios a lo largo de su historia, el último de ellos en 1950, provocado por un monje con trastornos mentales. El edificio actual es de 1955, y en 1987 se reemplazó todo el pan de oro. Actualmente se utiliza como almacén de reliquias sagradas de Buda.

Junto al pabellón hay un jardín con un estanque cuyas piedras representan la historia de la creación (según los budistas). La visita se realiza rodeando el lago y viendo el pabellón desde todos los ángulos.

De camino a la salida hay una casa de té donde hemos aprovechado para probar un té verde sentados en el suelo, acompañado con un pequeño bollito relleno de pasta de judía roja. Muy cerca de la casa de té está el Fudōdō, un pequeño templo dedicado a Fudō Myō-ō, una iracunda deidad budista que lucha contra el mal directamente en el infierno, por lo que se le suele conocer como el dios del fuego. Junto a este pabellón está el tenderete donde te ponen el sello del templo. Aquí aprovechan y te ponen de los dos (cobrándote el doble, claro).

Té verde

Té verde

Fudōdō

Fudōdō

Ginkaku-ji

Al salir del templo hemos tomado otro autobús, el 204, hacia otro templo, el Ginkaku-ji. Este templo está en la otra punta de la ciudad, por lo que el paseo también ha sido bastante largo. Junto a la parada del autobús comienza el paseo del filósofo, pero enseguida lo hemos abandonado para coger la calle que sube hacia el templo.

Ginkaku-ji

Ginkaku-ji

Ginkaku-ji (“templo del pabellón de la plata”) es como se denomina habitualmente al templo Jisho-ji. Fue construido en 1482 como villa de retiro del shogún Ashikaga Yoshimasa, aunque el pabellón plateado se terminó poco después de su muerte, en 1490. Fue convertido posteriormente en templo budista, según la última voluntad del propio Yoshimasa.

El pabellón de la plata se construyó emulando al Kinkaku-ji (“templo del pabellón dorado”), construido por el abuelo de Yoshimasa. Y aunque la intención era la de cubrirlo con láminas de plata, al final no se llegó a hacer (se piensa que por problemas de presupuesto). Así que, a pesar del nombre por el que aún se le conoce, el templo no es en absoluto plateado.

Los dos principales edificios del templo se quemaron a mediados del siglo XVI y fueron reconstruidos en el siglo XVII. Durante el siglo XVIII se añadieron otros dos de los edificios actuales.

Este pabellón es más pequeño y bastante más feo que el otro, pero el entorno en el que está es mucho más bonito, con cascadas de agua y puentes. Hay también un jardín zen de arena (o, más bien, pequeñas piedrecitas) colocada haciendo diversas formas. Una parte simula las olas del mar y el montón representa el monte Fuji.

Hay una zona más elevada desde la que se puede ver todo el complejo. Se accede por medio de un buen montón de escaleras. Aunque es opcional.

Jardín zen del Ginkaku-ji

Jardín zen del Ginkaku-ji

Estanque del Ginkaku-ji

Estanque del Ginkaku-ji

Vistas del Ginkaku-ji

Vistas del Ginkaku-ji

El paseo del filósofo

Udon con tempura de gambas

Udon con tempura de gambas

Bajando por la calle del templo, nos hemos metido en un pequeño restaurante que, además de las típicas mesas para comer sentado en el suelo, también tenían de la versión con sillas, para extranjeros. Hemos probado unos udon y un par de platos de arroz con carne. Estaba todo francamente bueno, aunque comer los udon con palillos no es tarea sencilla. A nuestro hijo le han traído una cuchara para el arroz.

Luego hemos vuelto al paseo del filósofo y lo hemos seguido recorriendo. Se trata de un camino de piedra que transcurre durante un kilómetro y medio junto a un canal delimitado por cerezos. El camino debe su nombre a Nishida Kitaro, un filósofo contemporáneo que paseaba a diario meditando por este lugar de camino a la universidad. El canal, que tiene 20 kilómetros de longitud en total, conecta con el lago Biwa. Fue construido durante el periodo Meiji y se utilizó para alimentar la primera planta hidroeléctrica de Japón.

El paseo es bastante bonito, aunque a los sakura (cerezos) ya casi no les queden flores. Cuando llevábamos algo más de la mitad del paseo, y viendo que es todo igual, hemos decidido desviarnos a la carretera principal para coger un autobús de vuelta a la estación de JR. Llevamos muchos kilómetros andados estos días y hay que ahorrar fuerzas para los que aún nos quedan por delante.

Paseo del filósofo

Paseo del filósofo

Más paseo del filósofo

Más paseo del filósofo

Al final ha resultado buena idea, porque nos hemos podido sentar sin problemas y luego, cuando hemos llegado a la parada más cercana al final del paseo del filosofo se ha llenado hasta los topes. Además, nos ha debido tocar el conductor kamikaze de Kioto, que no paraba de dar bandazos, frenazos y acelerones bruscos, provocando violentos desplazamientos en masa de los que iban de pie, alguno de los cuáles ha estado a punto de caerse sobre nosotros.

Hemos cogido otro shinkansen para volver a Shin-Osaka y hemos comprado algo de comida para cenar en el hotel. Toca poner otra lavadora y hacer las maletas, que mañana nos vamos a Hiroshima.

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Templos y santuarios en Kioto

Hoy nos hemos levantado algo más tarde. Hemos bajado cuando ya casi se estaba terminando el tiempo del desayuno. Aún así, en cuanto nos han visto llegar nos han sacado tostadas y nos han repuesto de casi todo lo que se había terminado (excepto leche). Pensábamos que tendríamos que coger el desayuno en la estación, pero al final no ha hecho falta. Hoy había una especie de ensaladilla rusa que estaba bastante buena. Y la riquísima sopa de miso que tienen siempre, claro.

Fushimi Inari-taisha

La entrada a Fushimi Inari

La entrada a Fushimi Inari

Nos hemos ido a la estación y hemos cogido un shinkansen hasta Kioto. Allí hemos cambiado a un tren regional para ir hasta Inari. El santuario está justo frente a la estación.

El santuario Fushimi Inari-taisha fue construido en el siglo VIII por el clan Hata y es el principal centro de culto al kami Inari en Japón. Inari es el kami del arroz y del sake, aunque a medida que el papel de la agricultura en la economía japonesa fue disminuyendo, pasó a ser también el kami de todo tipo de negocios. El culto a Inari es el más extendido de Japón. Se estima que una tercera parte de los santuarios de todo Japón están dedicados a este kami (por lo que se ve, entre salud, dinero y amor, los japoneses tienen bastante claro con qué se quedan). Con frecuencia comerciantes, hombres de negocios o las propias empresas donan barriles de sake y puertas torii en agradecimiento al kami por lo bien que les ha ido. Y la mayoría de estas puertas torii acaban aquí, donde miles de ellas (literalmente) forman un interminable camino que serpentea por la montaña, detrás del santuario.

Un kitsune con la llave del granero

Un kitsune con la llave del granero

Otro de los elementos típicos de este santuario (y de otros muchos consagrados a Inari) son las estatuas de zorros. El zorro (kitsune) se considera el mensajero del kami y protector de las cosechas, por lo que con frecuencia se lo representa con un rollo de papel en la boca o custodiando las llaves del granero.

El complejo se sitúa en la ladera de una montaña y abarca numerosas construcciones. Aunque se empezó a construir en 711, el santuario principal no se construyó hasta 1499.

Nos hemos hinchado a hacer fotos de puertas torii. También hemos comprado un libro de sellos de templos y santuarios y nos han escrito el nombre del santuario en él. A partir de ahora iremos poniendo el sello de cada templo que visitemos en el libro, a 300 yenes cada uno, eso sí.

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii más

Unas pocas puertas torii más

Dos de los primeros sellos

Dos de los primeros sellos

Sanjūsangen-dō

Nos hemos cogido de nuevo el tren hasta la estación de Kioto y desde allí nos hemos ido a un centro comercial cercano a comer. Hemos escogido un buffet libre que tenía tanto comida japonesa como occidental y hemos aprovechado para probar un montón de cosas (que no tenemos ni idea de cómo se llaman, y casi ni qué son). Luego hemos vuelto a la estación a coger un autobús que nos ha llevado a Sanjūsangen-dō. Coger autobuses aquí resulta bastante sencillo. Todo está indicado en inglés además de en japonés y el autobús lleva una pantalla donde se indica cada parada. Hay que tener en cuenta que al autobús se sube por detrás y se sale por delante. Como nosotros compramos billetes válidos para todo el día, hemos tenido que meterlos en la máquina para que les pusieran la fecha. Las siguientes veces basta con enseñarlos.

Probando entrantes japoneses

Probando entrantes japoneses

Degustación de postres

Degustación de postres

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō (“Salón con treinta tres espacios entre columnas”) es el nombre con el que se conoce popularmente al templo Rengeō-in. El nombre hace referencia a las dimensiones del edificio principal que, con sus 120 metros, es considerado el edificio de madera más largo del mundo. En su interior se encuentra una impresionante estatua de Kannon, flanqueada por otras no menos impresionantes 1000 estatuas más de Kannon a tamaño natural.

Kannon, a menudo erróneamente llamada diosa de la misericordia, es en realidad un bodhisattva budista cuya principal cualidad es la compasión. En el budismo, el término bodhisattva se aplica a aquellos que siguen el camino de la iluminación, tratando de alcanzar el nirvana. Son venerados, se les reza y se les dedican templos. Son el equivalente budista a los santos cristianos. Si el bodhisattva alcanza la budeidad (la verdad, el despertar espiritual, el nirvana) puede recibir el título honorífico de Buda.

Kannon es, por tanto, el nombre que dan los japoneses al bodhisattva Avalokiteśvara. Cuenta la leyenda que Avalokiteśvara renunció a alcanzar él mismo (o ella) la iluminación hasta que hubiera ayudado al resto de los seres sensibles en su propio camino hacia el nirvana. Para ello entró en una profunda meditación, con el objetivo de salvar a todos los seres desgraciados. Pero al salir de la meditación descubrió que sólo había logrado ayudar a una pequeña parte de los que sufrían, lo que le hizo empezar a dudar de que sus esfuerzos sirvieran realmente para algo. Al titubear, y tal como él mismo había jurado al hacer sus votos, su cuerpo empezó a romperse en pedazos. Pidió ayuda al buda Amitâbha, quien lo reconstruyó creando un nuevo cuerpo con mil brazos (para poder alcanzar a todos los que sufren) y diez cabezas (para poder escuchar todos sus lamentos). Sobre las diez cabezas le colocó la suya propia.

Junto al Sanjūsangen-dō

Junto al Sanjūsangen-dō

Por este motivo, este bodhisattva, que con frecuencia toma forma femenina, se suele representar con once cabezas y con numerosos brazos (típicamente 42: los dos habituales y 40 extra, los cuales, multiplicados por los 25 planos de existencia que considera el budismo, nos dan los 1000).

En el interior del templo no se pueden hacer fotos ni grabar vídeo (incluso amenazan con revisarte las cámaras y multarte), así que no tengo ninguna. Puedes ver alguna en la página web del templo: http://www.sanjusangendo.jp/b_1.html.

El templo también tiene un pequeño lago y algunos otros edificios.

Gion y Kiyomizu-dera

Tras la visita hemos cogido de nuevo el autobús y hemos ido al barrio de Gion, el barrio de las geishas (aunque ya adelantamos que no hemos visto ninguna). Desde la parada hemos ido andando hasta el templo Kiyomizu-dera, parando por los callejones del barrio y las calles empinadas. De camino hemos pasado por el santuario Yasaka y hemos aprovechado para visitarlo y hacer algunas fotos, ya que la entrada es gratis.

El santuario Yakusa

El santuario Yakusa

El barrio de Gion

El barrio de Gion

Kiyomizu-dera (“Templo del agua pura”) es un templo budista fundado en el año 778, aunque sus edificios se han incendiado en numerosas ocasiones. Los actuales son de 1633. El Hondō (salón principal) está designado como tesoro nacional y destaca por su enorme balconada de madera, a 13 metros sobre la colina, construida sin utilizar ni un solo clavo. Este voladizo dio pie a la expresión “saltar de la baranda de Kiyomizu” y hacía referencia a la leyenda de ver cumplido un deseo si sobrevivías a la caída.

La balconada de Kiyomizu-dera

La balconada de Kiyomizu-dera

La visita al templo la hemos hecho de noche, aprovechando que a finales de marzo y principios de abril el templo tiene también horario nocturno, algo que sólo ocurre unos pocos días al año. La visita nocturna, con el templo y la ciudad de fondo iluminada tiene su encanto. Aunque hacer fotos resulta complicado.

El camino está marcado y hay mucho personal asegurándose de que no te desvíes (no sea que yendo a oscuras te vayas a despeñar por un barranco). Casi al principio nos han llevado a un edificio en el que tenías que quitarte los zapatos y pagar ¥100 para entrar. Pensábamos que era para ver el interior, pero nos han dirigido hacia unas escaleras que bajaban con escasa iluminación que continuaban por un pasillo completamente a oscuras. A tientas, sin ver absolutamente nada, hemos ido avanzando por el pasillo hasta llegar a una piedra giratoria iluminada desde un agujero en el techo. Como no sabíamos muy bien que teníamos que hacer la hemos movido un poco y hemos continuado por el pasillo a oscuras hasta la salida.

Buscando después en internet hemos averiguado que, por lo visto, el edificio bajo el que hemos estado alberga una estatua de Daizuigu Bosatsu, la madre de Buda, y que el paseo a oscuras representa su útero. Se supone que Daizuigu Bosatsu puede conceder cualquier deseo, si lo formulas mientras giras la piedra, sobre la que está escrita la palabra “útero” en sánscrito.

La vuelta desde el templo es, naturalmente, cuesta abajo. El camino más corto de bajada te deja en la parada de autobús de Gojozaka, desde donde hemos vuelto a la estación de Kioto. Hemos tardado una media hora en poder coger un autobús. No porque no pasen, al contrario, pasan cada cinco minutos. El problema es que había muchísima gente en la parada y los autobuses venían muy llenos. Apenas se podían subir 3 o 4 personas en cada uno. 6 autobuses han tenido que pasar hasta que nos hemos podido subir a uno de ellos. Ya en la estación de Kioto hemos cogido otro shinkansen hasta Shin-Osaka. Aquí hemos comprado desayuno para mañana, para tomarlo en la habitación y ganar tiempo, puesto que queremos coger un tren tempranito.

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Palacios en Kioto

Hoy hemos desayunado espaguetis con tomate. Se ve que tienen que poner algo occidental en el desayuno, pero no parece que tengan muy claro qué se suele desayunar en occidente. O eso o, simplemente, buscan platos parecidos a los que toman ellos en el desayuno y te los plantan. La cosa es que estaban muy buenos, con sus salchichas y todo 😉 .

Nos hemos cogido un tren hasta Kioto y allí hemos comprado billetes de un día para el metro (para hoy) y billetes de autobús para dos días (para algunos de los siguientes tres días, ya veremos). Hoy tenemos planificadas visitas a las que se llega bien en metro y para el resto de días nos podremos apañar sólo con el autobús.

El palacio imperial de Kioto

De gala para visitar el palacio

De gala para visitar el palacio

Nos hemos ido hasta la parada de Imadegawa, que te deja muy cerca de la puerta de entrada al recinto del palacio imperial de Kioto. Normalmente el palacio sólo se puede visitar con guía, y casi todos los grupos son en japonés, salvo un par de ellos, a horas muy concretas, que son en inglés. Si vas con tiempo puedes reservar para el mismo día, aunque también se puede reservar por Internet. Sin embargo, en primavera hay unos cuantos días de puertas abiertas en los que puedes visitar el palacio por tu cuenta, sin tener que reservar grupo. Este año es del 9 al 13 de abril, así que lo hemos aprovechado.

El Kyoto Gosho o palacio imperial de Kioto fue construido en el año 794, y fue la residencia del emperador hasta que se trasladó la capital a Tokio en 1869, durante la Restauración Meiji. Durante esos mil años el palacio ha sido destruido y reconstruido en numerosas ocasiones, debido a guerras e incendios. El palacio actual es de 1855, y se construyó tratando de reproducir el estilo del palacio original.

El palacio se sitúa en un terreno amurallado llamado Kyōto Gyoen, de 1,3 x 0,7 kilómetros, en el que también se encuentra la residencia oficial (Daidairi), la del emperador retirado (Sento), los jardines y la universidad Doshisha, una universidad privada fundada en 1875.

Shishinden

Shishinden

La visita del palacio se realiza en una ruta marcada. Te dan un panfleto con el recorrido y explicaciones de lo que es cada cosa (aunque hay carteles por el camino que cuentan lo mismo). Sólo se visita el exterior del palacio. No se entra en ninguno de los edificios. Esto es siempre así, no tiene relación con los días de puertas abiertas. Digamos que las puertas las abren, pero un poquito sólo 🙂 .

El palacio es bastante austero, para lo que entendemos por palacio en Europa. Destacan algunas pinturas en las paredes de las salas y las puertas de los edificios son espectaculares. Los jardines nos han gustado mucho también, con el lago y los puentes.

También había montones de puestos vendiendo souvenirs y productos típicos, principalmente dulces. Suponemos que estaban con motivo de las jornadas de puertas abiertas. Hemos comprado alguna cosilla y hemos probado todo lo que nos han puesto por delante. Estaba casi todo bastante rico, aunque hay que tener cuidado con las cosas verdes 😉 .

Puente Keyakibashi

Puente Keyakibashi

Jardín Gonaitei

Jardín Gonaitei

Al salir del recinto del palacio nos hemos dirigido a la estación Marutamachi del metro de Kioto, que se supone que queda más cerca que en la que nos bajamos al venir. Pero teniendo en cuenta todo lo que hemos andado, rodeando el exterior del recinto, seguramente nos habría salido más a cuenta volver a la misma estación por la que llegamos. Es más, con la caminata y el calor que hacía (menudo día se ha quedado, por cierto) hemos tenido que hacer una parada técnica y tomarnos un helado junto a la boca del metro.

El castillo de Nijo

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Nos hemos ido en metro hasta la parada Nijojo-mae, que te deja mucho más cerca del castillo que, paradójicamente, la que se llama sólo Nijo.

El castillo de Nijō (Nijō-jō) fue construido a principios del siglo XVII por Tokugawa Ieyasu, y fue la residencia oficial del shogún durante el shogunato Tokugawa, que perduró durante más de 250 años.

Consta de varios edificios aunque algunos de ellos se destruyeron, como el castillo central (donjon), al que le cayó un rayo, o el palacio interior que quedó destruido en un incendio en 1788, provocando que el castillo quedara abandonado durante más de un siglo. El resto, sin embargo, se ha conservado hasta nuestros días.

El castillo tenía originalmente dos murallas, cada una rodeada de un foso. La más interna rodea al Honmaru (ciudadela interior) y entre ambas se encuentra el Ninomaru (segunda ciudadela) y el resto de edificios y jardines.

El Ninomaru es el palacio más grande. Tiene más de 30 habitaciones, cada una de ellas decorada según su función, incluyendo las de la guardia personal del shogun, formada exclusivamente por mujeres. El suelo de los pasillos de este palacio recibe el nombre de uguisu-bari o pisos de ruiseñor, porque hacen un sonido similar al piar de los pájaros cuando los pisas, alertando así de la presencia de posibles asesinos. En este edificio sí que se puede entrar (quitándose los zapatos), pero sólo a los pasillos exteriores, viendo las habitaciones y las preciosas pinturas de las paredes desde las puertas. En algunas habitaciones hay unos maniquíes que representan escenas cotidianas de la vida en palacio.

Hay varios jardines, bastante bonitos también. De ellos, el Seiryū-en es bastante posterior. Fue construido en 1965 como lugar de recepción de las visitas oficiales a la ciudad. Hoy estaba cerrado.

Torre del castillo de Nijo

Torre del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Una de las puertas del castillo de Nijo

Comiendo a la japonesa

Al terminar el castillo ya llevábamos un retraso considerable respecto a la planificación prevista para el día. En parte porque hemos madrugado algo menos de lo previsto y, sobre todo, porque nos hemos tomado las visitas con calma, disfrutando de cada sitio. Al fin y al cabo, se trata de eso ¿no?

Takoyaki

Takoyaki

Nos hemos vuelto a la estación de Kioto con la intención de comer allí, que hay bastantes restaurantes. Pero, siendo ya más de las cuatro de la tarde, no nos ha quedado otra que recurrir a la comida rápida (que suele tener un horario más amplio), pero japonesa: takoyaki. Son una especie de croquetas con trozos de pulpo, en forma y tamaño de pelotas de golf. Las sirven con diversas cosas por encima: salsa barbacoa, mayonesa, huevo cocido mezclado con la yema y alguna otra salsa, etc. Los hemos escogido por la foto, sin saber muy bien qué eran o qué llevaban. Al menos, la persona que nos ha atendido nos ha preguntado antes de poner el picante y hemos podido evitarlo. Estaban bastante buenos.

Al final hemos decidido dejar para otro día la visita al santuario de Inari, porque apenas hemos dormido seis horas estos días y si seguimos así no llegamos al fin de semana, y todavía queda mucho viaje. Así que nos hemos comprado unas ekiben para cenar, que son las cajitas de comida (bento) que se venden en las estaciones de tren, unos dorayaki y un sándwich de tonkatsu (cerdo empanado) y nos hemos vuelto al hotel.

Al pedir la llave nos han dado un mensaje que nos han dejado de los Estudios Universales. Lo malo es que no han dicho si han encontrado la sudadera o no. Sólo han dejado un número de teléfono y el horario en que podemos llamar (de oficina). No tenemos muy claro qué vamos a hacer. En ese horario estamos siempre visitando lugares y no tenemos muy claro si vamos a conseguir entendernos con ellos por teléfono (si en persona ya cuesta…). Y luego, si resulta que la han encontrado, tendríamos que ir hasta allí a recogerla, lo que puede suponer más de una hora en desplazamientos, tiempo que tendríamos que quitarle a otra cosa que queramos ver. Si a eso le sumamos que la sudadera seguramente ya no le valdrá a nuestro hijo el próximo invierno… me parece que se van a quedar con ella. Ya veremos.

Como teníamos algo más de tiempo hemos probado el servicio de lavandería del Toyoko y hemos lavado lo que habíamos manchado hasta ahora (que, con un niño, es bastante más de lo que cabría esperar). Ya estamos listos para los siguientes días de visitas, que vienen cargaditos.

Dorayaki

Dorayaki

Ekiben

Ekiben

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