Hiroshima

Hiroshima-shi

Miyajima

Para ganar tiempo, y dado que no hemos cogido el desayuno del hotel (lo que aparece en la foto no parece gran cosa, para lo que cuesta), hemos desayunado en la habitación los cafés y bollos que compramos ayer en la estación. Estación a la que nos hemos dirigido para coger un tren hasta Miyajimaguchi. Todo está perfectamente indicado. Hay que carteles que indican el andén donde para el tren que va hasta Miyajima y, en las estaciones intermedias que tienen nombres parecidos, hay otros enormes que dicen claramente que esa estación NO es donde tienes que bajarte.

Muy cerca de la estación, y siguiendo los carteles que hay por todas partes, está el puerto desde donde salen los ferries que van a la isla. Hemos cogido el de JR, incluido en el JR Pass, que apenas tarda 10 minutos en cruzar los 2 kilómetros que la separan de la costa de Hiroshima.

La isla se llama en realidad Itsukushima, pero se la conoce como Miyajima (“isla-santuario”). Es considerada un lugar sagrado, por el que los kami tienen preferencia, desde hace siglos. Es más, el lugar se considera tan puro, que los nacimientos y las muertes están prohibidos, para no comprometer esa pureza. Las mujeres que estén cerca de dar a luz o los enfermos terminales tienen que abandonar la isla obligatoriamente, y los entierros están totalmente prohibidos.

El santuario Itsukushima

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Desde el puerto hay que andar unos 15 minutos hasta el santuario Itsukushima. Y nada más salir del puerto ya te encuentras con los ciervos salvajes que pululan por toda la isla (y que se te comen los planos a nada que te descuides). De camino hemos ido haciendo fotos, desde todos los ángulos, de la impresionante puerta torii del santuario, que está en el mar. La llaman Otorii (“gran torii”), usando el prefijo honorífico o-. La primera se construyó en 1168. La actual, que es ya la octava, es de 1875. Tiene más de 16 metros de altura y pesa 60 toneladas. Está formada por cuatro pequeñas torii que sostienen los pilares del torii principal. No está enterrada, sino apoyada en el lecho marino, sostenida por su peso, al que contribuyen las 7 toneladas de piedras que hay colocadas en su parte superior. Está lo suficientemente cerca de la costa como para poder acercarse a ella andando cuando baja la marea. Cuando hemos llegado la marea estaba alta, por lo que estaba parcialmente sumergida.

Se dice que el santuario fue fundado en el año 593, aunque los primeros registros sobre su existencia son del año 811. Sufrió daños por incendios en 1027 y 1223, y por un tifón en 1325. El santuario principal actual es de 1571, aunque entre los más de 50 edificios que forman el complejo hay otros de mayor antigüedad.

La Otorii entre faroles

La Otorii entre faroles

El santuario fue construido sobre el agua, aunque los motivos de hacerlo así no están del todo claros. Unos afirman que se debe a que el santuario está dedicado al kami Itsukushima, protector de los pescadores y sus barcos. Aunque lo más probable es que se deba al carácter sagrado que siempre ha tenido la isla, unido a la creencia en la Tierra pura (el “paraíso” budista), que es a donde van las almas de los que mueren, y a la que se llega en barco.

La zona en la que está el santuario tiene muy poquita profundidad y se puede ver el fondo y cómo los pilares de los edificios se apoyan sobre las rocas colocadas para nivelar en lugar de estar enterrados, siempre tratando de alterar lo menos posible el terreno sagrado de la isla.

El monte Misen

Cerca de la salida del santuario, siguiendo la ruta marcada, se encuentra la parada del autobús gratuito del teleférico. Sólo hay que seguir los carteles. El autobús te deja junto a la terminal del teleférico. Tan sólo hay que subir unas pocas escaleras. El teleférico tiene dos tramos, te bajas de uno y te subes en el siguiente. El primero es de cabinas pequeñas, de unas 6 personas. Es de tipo circular, por lo que pasan constantemente. Las cabinas del segundo son más grandes, pero salen cada 15 minutos, por lo que puede que haya que esperar algo de cola. Hay dos cabinas que circulan en paralelo, cada una en un sentido.

Desde el teleférico

Desde el teleférico

Si vas a dejar cosas, para cargar con el menor peso posible durante el paseo por la montaña, es mejor hacerlo en las taquillas que hay arriba, en la estación Shishiiwa, porque son gratuitas (las que hay abajo, no). También puede ser recomendable coger uno de los bastones de bambú que hay junto a la puerta, teniendo en cuenta la cantidad de escalones que hay por el camino y la ausencia casi total de pasamanos (hay tres junto al Dainichido, cuando ya estás bajando). El recorrido está perfectamente indicado, y tiene algunos tramos fáciles y otros bastante empinados o con muchas escaleras. Está muy bien acondicionado, salvo porque no hay dónde agarrarse. Lo estiman en una hora, desde que sales de la estación Shishiiwa hasta que vuelves a ella, pero hay que correr mucho para hacerlo en ese tiempo.

Tras recorrer el primer tramo, el más largo, se llega a una pequeña explanada donde hay varios templos. En uno de ellos está la Llama eterna, encendida por el monje Kobo Daishi durante su búsqueda de la iluminación y mantenida durante más de 1200 años sin apagarse. Éste fue el fuego que se utilizó para encender la Llama de la paz (la dedicada a las víctimas de la bomba atómica, en el Parque de la paz).

Por el camino que sigue subiendo hay pequeños templos y santuarios y, arriba, un mirador desde el que se pueden ver, si el cielo está despejado, muchas de las islas del mar interior de Seto.

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La cumbre del monte Misen

La cumbre del monte Misen

Las islas del mar de Seto

Las islas del mar de Seto

El paseo de vuelta hasta la estación es algo más ligero (aunque no mucho más). Nosotros hemos decidido reponer fuerzas tomando unos udon en el restaurante de la estación del teleférico, antes de bajar.

El autobús gratuito no es muy grande y todo el mundo tiene que ir sentado (todo el espacio está ocupado con asientos, algunos plegables). Al ir a coger el de bajada se ha llenado justo cuando nos tocaba subir a nosotros. Como pasan cada 20 minutos, hemos decidido bajar andando. Y ha sido buena idea, porque el camino de bajada es precioso, con el río, cascadas, puentes, etc. Merece la pena y no se tarda mucho (y de bajada es cómodo).

Bajando desde la estación Momijidani

Bajando desde la estación Momijidani

Udon

Udon

Cuando hemos llegado abajo hemos visto que la marea ya había bajado lo suficiente como para poder ir andando hasta la puerta. Así que haciendo caso omiso del cansancio y el dolor de pies, nos hemos acercado hasta ella para verla de cerca y hacerle más fotos.

Itsukushima sin agua

Itsukushima sin agua

La Otorii sin agua

La Otorii sin agua

Otorii

Otorii

Parque de la paz

La cúpula de la bomba atómica

La cúpula de la bomba atómica

La llama de la paz

La llama de la paz

Hemos cogido el mismo ferry de vuelta y luego un tren hasta Yokogawa. Allí hemos enlazado con el tranvía número 7, que nos ha llevado hasta el Parque de la paz (parada Genbaku dome mae), y así poder verlo con más tranquilidad, aprovechando que no llovía. El parque está lleno de monumentos dedicados a las víctimas o a la paz. Destaca el Monumento a la paz de los niños, dedicado a la memoria de Sasaki Sadako, una niña que murió de leucemia a causa de la radiación. En Japón hay una antigua creencia que dice que si fabricas 1000 grullas de papel se te concede un deseo. Sadako llegó a hacer 1300 grullas, pidiendo curarse. Algunas de ellas se guardan en el museo. Rodeando al monumento hay muchas más, la mayoría dejadas o enviadas por niños de todo el mundo.

También resulta llamativo el Montículo conmemorativo de la bomba atómica, creado con las cenizas de 70.000 víctimas no identificadas. Muy cerca del parque, cruzando la calle, está el hipocentro, el punto exacto donde cayó la bomba. Ahora está todo reconstruido. Tan sólo hay una placa con una fotografía de cómo quedó después de la explosión.

Campana de la paz

Campana de la paz

Monumento a la paz de los niños

Monumento a la paz de los niños

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Para volver hemos cogido un autobús. Es de los de subir por detrás y coger ticket con un número. Al llegar al destino, se paga lo que indica el panel para el número del ticket y se baja por delante.

Antes de meternos en el hotel, y para que no nos pasará lo de ayer, hemos ido directamente al centro comercial a cenar. Hoy hemos probado un restaurante de okonomiyaki llamado Goemon. Son una especie de creps que se preparan en una plancha frente a la barra en la que comes. Les ponen todo tipo de cosas encima y los cubren con un huevo hecho muy finito, salsa y especias. En esta zona es típico que lleven pasta, udon o soba, como ingrediente principal.

Preparando nuestros okonomiyaki

Preparando nuestros okonomiyaki

Okonomiyaki listo para tomar

Okonomiyaki listo para tomar

Ya en el hotel ha tocado hacer maletas, que mañana nos vamos a Hakone.

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Los horrores de la bomba

Termina nuestra estancia en Osaka. Con las maletas a cuestas nos hemos ido a la estación y hemos cogido el Sakura 551, el shinkansen que nos ha llevado, tras hora y media de viaje, hasta nuestra siguiente escala: Hiroshima.

El tren tiene cuatro asientos por fila, dos a cada lado del pasillo. Como nosotros somos tres, el cuarto asiento lo ha ocupado una simpática abuelita que se ha pasado medio viaje contándonos vete tú a saber qué en japonés, ignorando por completo nuestros gestos de absoluta incomprensión. Incluso nos ha enseñado sus billetes señalando las estaciones de destino (escritas en kanji) para que supiéramos a dónde iba.

Llegada a Hiroshima

Al llegar hemos podido comprobar que la previsión no se equivocaba: estaba lloviendo. Afortunadamente el hotel está bastante cerca de la estación y hay un enorme distribuidor subterráneo que tiene una salida muy cercana, así que nos hemos mojado poco.

No hemos podido entrar en la habitación. Aquí es habitual que no te dejen entrar hasta las tres de la tarde. Así que hemos dejado las maletas y nos hemos metido en un centro comercial donde hemos aprovechado para comer. La zona de restaurantes estaba bastante llena, puesto que los japoneses comen pronto. Los restaurantes tienen filas de sillas fuera, donde la gente puede esperar, tras reservar mesa, a que les toque su turno.

Nos hemos acercado a uno que tenía la suficiente variedad como para que todos encontráramos algo que nos apeteciera y nos hemos quedado esperando a que saliera la chica para cogernos la reserva. Mientras esperábamos ha llegado otra persona y se ha apuntado directamente en la hoja (colándose, por cierto). Parece ser que aquí lo hacen así. Los restaurantes tienen una carpeta con la hoja de las reservas y un bolígrafo junto a la entrada y la gente se apunta directamente, indicando cuántas personas son. Luego, cuando se vacía alguna mesa, sale y llaman al siguiente que le toca, tachando su nombre cuando entra. Pero el cartel que lo explicaba estaba escrito en perfecto japonés 😦 .

A la hora convenida nos hemos vuelto al hotel. Se trata del APA Hotel Hiroshima Ekimae (o sea, “hotel APA cerca de la estación de Hiroshima”). La habitación de este hotel es más grande, aunque el espacio está mucho peor aprovechado. El baño, sin embargo, es el mismo modelo “compacto” que teníamos en el hotel anterior, elevado unos 20 centímetros del suelo, supongo que para que haya sitio, entre otras cosas, para todas las tuberías y motores que hacen funcionar los múltiples chorritos de agua que puede lanzarte la taza.

El parque conmemorativo de la paz

La cúpula de la bomba

La cúpula de la bomba

No nos hemos demorado mucho, hemos soltado las maletas y descargado parte del peso que llevábamos a cuestas y nos hemos dirigido de nuevo a la estación de tren. La hemos cruzado y hemos cogido el autobús turístico. Este autobús no es como los que sueles encontrarte en otras ciudades, no tiene planta superior sin techo, ni auriculares con explicaciones. Es como una línea de autobús más, pero que recorre los lugares más turísticos de la ciudad. Lo mejor es que lo opera JR y está incluido en el JR Pass.

Nos hemos bajado en la parada Genbaku Dome – mae y hemos hecho una visita rápida del parque, directos hasta el Museo conmemorativo de la paz, porque seguía lloviendo. Afortunadamente, entre el arsenal de cacharros con el que cargamos se incluye una cámara acuática, así que hemos podido hacer alguna foto bajo la lluvia.

Lo primero que te encuentras, al entrar al parque desde ese extremo, es la Cúpula de la bomba atómica. Se trata de uno de los pocos edificios en los que quedó algo en pie tras la explosión de la bomba atómica, y que se ha conservado tal y como quedó, como recuerdo de la destrucción causada.

Llama de la paz

Llama de la paz

De camino al museo también está la Llama de la paz, un monumento dedicado a las víctimas de la bomba, cuya llama, que se encendió en 1964, permanecerá encendida mientras queden armas atómicas operativas en el planeta.

El precio del museo es simbólico e incluye información en múltiples idiomas, incluido el castellano. Recoge pertenencias de gente que sufrió la explosión, así como restos de objetos deformados por las intensas temperaturas. También se pueden ver algunos documentales e información sobre el estado actual de las armas atómicas en el mundo. Hay copias de la orden de lanzar la bomba contra la ciudad y de las cartas de protesta enviadas por el alcalde de Hiroshima durante años a los embajadores y representantes de todos los países que aún poseen armas nucleares.

Ropas de gente expuesta

Ropas de gente expuesta

Objetos deformados por el calor

Objetos deformados por el calor

Reloj parado en la hora de la explosión

Reloj parado en la hora de la explosión

Vista desde el museo

Vista desde el museo

Una réplica de la bomba

Una réplica de la bomba

Al salir del museo hemos tomado de nuevo el autobús turístico hasta el hotel. Más tarde hemos salido a cenar, más o menos a las 21:00. Nos hemos acercado al centro comercial cercano al hotel y lo primero que hemos visto es que cierra a las 22:00. Así que hemos subido rápidamente a la planta de los restaurantes. Como aquí cenan bastante pronto, todos estaban ya vacíos y el personal limpiando y recogiendo. Nos hemos ido a la zona de comida rápida, pero la mayoría sólo ofrecía ya bebidas y algún helado. Al final, al fondo del todo, hemos encontrado un pequeño local con tres mesitas que aceptaba pedidos hasta las 21:30, y donde un hombre muy amable nos ha preparado todo lo que le hemos pedido, incluyendo un menú infantil que llevaba hasta patatas fritas, y dos copas de helado. Es una pena que no admitan propinas, porque se la habría ganado.

Cena en el Ancafe

Cena en el Ancafe

Los postres

Los postres

Vuelta al hotel y a dormir, que mañana hay mejor pronóstico para el clima.

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