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Kamakura

Como el pronóstico del tiempo para hoy indicaba mayor probabilidad de lluvia para la tarde, hemos decidido madrugar más y bajar a desayunar a primera hora, nada más abrir el desayuno. Aquí nos hemos topado con uno de los inconvenientes de estar en un hotel tan grande: la cola para entrar a desayunar casi se salía del hotel.

Viendo el panorama, hemos decidido no perder el tiempo que tratábamos de ganar madrugando, así que nos hemos subido al autobús gratuito del hotel que nos ha llevado, como de costumbre, a la estación de Shinagawa.

Nuestra intención era desayunar en la estación, pero nos hemos encontrado las cafeterías cerradas (abren más tarde) o, las que estaban abiertas, totalmente repletas de gente. Así que hemos postergado aún más el desayuno y nos hemos cogido un tren hasta Kita-Kamakura, donde está el primer templo que queríamos visitar hoy.

Al llegar nos hemos encontrado la cafetería de la estación también cerrada. No parece que madruguen mucho por aquí. Al final hemos acabado comprando unos cafés preparados, unos zumos y unos bollos en un supermercado y hemos desayunado en los bancos de una parada de autobús que hay junto a la estación.

Engaku-ji

Sanmon (puerta principal) de Engaku-ji

Sanmon (puerta principal) de Engaku-ji

El templo Engaku-ji está muy cerca de la estación de Kita-Kamakura. De hecho, la entrada al recinto está junto a las vías del tren.

El templo se construyó en 1282 para honrar la memoria de los soldados japoneses y mongoles fallecidos durante la invasión de Japón por parte de los mongoles. El edificio principal, llamado Butsuden, alberga una estatua de madera de Shaka Nyorai (el Buda histórico, Siddhartha). El edificio tuvo que ser reconstruido en 1964, porque el anterior quedó destruido por un terremoto.

Otro de los edificios, el Shariden, guarda en su interior, según dicen, un diente de Buda. Es el edificio más antiguo del templo y es considerado tesoro nacional, al igual que la gran campana (ogane), a la que se llega tras subir un buen puñado de escaleras. El Shariden, sin embargo, está en una de las zonas a las que no dejan entrar (que, por cierto, hay unas cuantas).

El templo está construido en una colina y los edificios están, en su mayor parte, en línea recta. El entorno es precioso, lleno de árboles y vegetación, además de algún que otro estanque.

Shaka Nyorai

Shaka Nyorai

Ogane

Ogane

Entorno de Engaku-ji

Entorno de Engaku-ji

Hōkoku-ji

Tras la visita del templo nos hemos vuelto a la estación y hemos cogido un tren hasta Kamakura. Lo primero que hemos hecho allí ha sido pasar por la oficina de turismo, en la propia estación, para comprar un abono de un día para el autobús y el tren (llamado Kamakura Free Kankyo Tegata). También nos han dado un mapa de la zona que estaba, sorprendentemente, en castellano.

En la parada número 5 de la estación hemos cogido un autobús hasta Jomyoji. No sabemos si son todos así, pero el panel del autobús que hemos tomado sólo mostraba los nombres de las paradas en japonés, y sólo en kanji. Así que nos ha tocado jugar a buscar las diferencias con la versión escrita del nombre de la parada en japonés que teníamos en la hoja que nos han dado junto con el abono diario. Además, íbamos contando los giros del autobús y las ubicaciones de los Family Mart que venían en el mapa. Se supone que también van anunciando las paradas por megafonía, pero el volumen estaba muy bajo y apenas era audible. Aún así hemos acertado con la parada, que nos ha dejado muy cerca de la entrada al templo.

Jardín de piedras

Jardín de piedras

El templo Hōkoku-ji fue mandado construir por Ietoki Ashikaga en 1334. También se conoce como Take-dera (“templo de bambú”), debido al bosque de bambú que se encuentra detrás, el auténtico atractivo de la visita.

El bosque no es demasiado grande (al menos, la parte que se puede recorrer), pero los altísimos y estilizados troncos de bambú son realmente impresionantes. Merece la pena venir a verlo. Se respira paz y tranquilidad.

El acceso al templo es gratuito, pero para entrar al jardín de bambú hay que pagar. Tienes dos tipos de entrada: una sólo para ver el jardín y otra, algo más cara, que incluye también un té que te puedes tomar contemplando el bambú, en un pequeño edificio que hay en el interior.

Jardín de bambú

Jardín de bambú

El resto del complejo incluye varios edificios y algún que otro jardín de piedras, todo ello rodeado de árboles y vegetación.

Antes de entrar al bosque de bambú hemos dejado el libro de sellos para que nos pusieran el de este templo. En algunos templos hacen esto para que no tengas que esperar cola. Te dan una ficha con un número y recoges el libro a la salida, después de visitar el resto del templo. Aquí, a pesar de que no había nadie más, se han quedado con nuestro libro mientras paseábamos entre el bambú. Lo malo es que por poco nos lo dejamos. Ya estábamos casi en la parada del autobús cuando nos hemos acordado y hemos tenido que volver al templo a por él. Menos mal que no hemos visto venir un autobús mientras íbamos a la parada o habríamos salido corriendo y nos hubiera tocado volver de nuevo al templo a por el libro cuando nos hubiéramos dado cuenta de que no lo llevábamos (supongo que ya en el siguiente templo).

Kōtoku-in

Daibutsu

Daibutsu

Para ir a nuestra siguiente visita hemos que tenido que volver a la estación de tren y allí coger un autobús diferente, en la parada 1, hasta Daibutsumae, en la otra punta de la ciudad.

Kōtoku-in es un templo budista conocido principalmente por su Daibutsu (“Gran buda”), una estatua de bronce de más de 11 metros de altura y 121 toneladas del buda Amitābha, meditando en posición del loto. La estatua estaba inicialmente cubierta de pan de oro y dentro de un edificio que se vino abajo debido a un terremoto y un tsunami en 1498.

La estatua está hueca y se puede entrar en ella, pagando una pequeña cantidad adicional. La única iluminación que hay en el interior procede de dos ventanas que tiene en la espalda. Dentro no hay nada aparte de un cartel que explica algunos detalles de su construcción, pero por los ¥20 que te cobran, y si no hay mucha cola, puede resultar curioso entrar.

Hasedera

Muy cerca de Kōtoku-in, a menos de 10 minutos andando, se encuentra el templo Hasedera. Hay carteles que indican por donde hay que ir, así que no tiene pérdida.

Hojo-ike

Hojo-ike

Cuenta la leyenda que en el año 721, el monje Tokudo Shonin encontró un árbol de alcanfor en los bosques de Hase, en la prefectura de Nara, lo suficientemente grande como para que se pudieran tallar dos estatuas con su madera, tarea que encargó a dos escultores. Se tallaron dos estatuas de Kannon con once cabezas. La que se hizo con la parte inferior del árbol se quedó en el templo Hasedera, cerca de la ciudad de Nara. La otra, más grande, fue lanzada al mar para que encontrara su propio lugar y ayudase a otras personas también.

15 años tardó la estatua en aparecer de nuevo. Lo hizo en la playa de Nagai, el 18 de junio del 736, muy cerca de Kamakura, a donde fue llevada y donde se construyó un templo en su honor. El templo se llamó Hasedera, para dejar clara la conexión entre ambas estatuas. Aunque, precisamente por la estatua, también se le conoce como Hase-kannon.

Entrada a Benten-kutsu

Entrada a Benten-kutsu

El templo está construido en la ladera de una montaña. Tras atravesar la puerta de acceso, la sammon, se encuentran unos estanques preciosos (Hojo-ike), con pequeñas caídas de agua y llenos de árboles y flores. Junto a estos estanques está el Bentendo, donde se encuentra una estatua de Benzaiten, una diosa marina con ocho brazos patrona de la música y las artes, y la entrada a Benten-kutsu, una cueva con 17 estatuas talladas en la roca. La cueva no es muy grande aunque tiene varias estancias. Para acceder a algunas de ellas hay que pasar agachado y no hay mucha iluminación. Pero es una zona bastante especial del templo y merece mucho la pena entrar. Por desgracia, mientras estábamos en la cueva ha comenzado a llover, y hemos tenido que hacer el resto de la visita bajo la lluvia.

A partir de aquí hay que empezar a subir escaleras, porque el resto de edificios están en zonas más altas. Por el camino hay numerosas estatuas de Jizō, el protector de los niños y los viajeros. Se estima que hay unas mil. Los padres japoneses las traen al templo para que protejan a sus hijos, sobre todo a los que no han llegado a nacer. Se estima que más de 50.000 estatuas han pasado por el templo desde la Segunda Guerra Mundial. Cada estatua se mantiene en el templo durante un año, luego se quema o se entierra, para dejar sitio a otras nuevas.

Jizō

Jizō

Cientos de Jizō

Cientos de Jizō

Arriba se encuentran la mayoría de los edificios. Los dos principales contienen, respectivamente, una estatua de Amida Nyorai (Amitābha) y la famosa estatua de Kannon, con sus once cabezas. Esta estatua, de más de 9 metros de altura, es la estatua de madera más alta de todo Japón.

Cerca de estos edificios hay un restaurante y un mirador desde donde se ve parte de la costa de Kamakura. Frente al restaurante se encuentra el almacén de sutras (Kyōzō), que contiene una estructura giratoria llamada rinzo, dentro de la cual se encuentran los rollos de papel. Se dice que si giras la estructura logras los mismos méritos que si leyeras todos los sutras. Suponemos que por eso estaba anclada.

La playa de Kamakura

La playa de Kamakura

El templo continúa hacia arriba, a través de otro buen montón de escaleras, hasta otra zona donde se encuentra el museo y un observatorio desde donde se puede ver la playa. Pero la lluvia y el cansancio nos han hecho desistir de seguir trepando, además de que no teníamos demasiado interés en ver el museo. Así que, en lugar de eso, nos hemos ido a comer a un restaurante cercano al templo.

Después de comer y descansar un poco, nos hemos acercado hasta la playa, que queda relativamente cerca del templo. Sorprende la cantidad de chabolas que hay en la arena, junto a la carretera. Hemos tenido que buscar un sitio por donde entrar y luego adentrarnos en la arena para poder ver el mar. Como el clima no estaba para muchos baños, la playa estaba prácticamente vacía. Tan sólo algún que otro surfista buscando alguna ola que mereciera la pena.

Tsurugaoka Hachimangu

Tren de la línea Enoden

Tren de la línea Enoden

Para volver hemos cogido un tren de la línea Enoden, también incluido en el abono, hasta la estación de Kamakura. Ahí hemos vuelto a coger el autobús, el mismo que cogimos por la mañana, para acercarnos a ver un santuario que está a un par de paradas. No estaba en nuestra planificación, pero nos había parecido bonito desde al autobús y hemos decidido acercarnos a verlo.

El santuario se llama Tsurugaoka Hachimangu. Fue fundado en 1063 en la zona de Zaimokuza, muy cerca de la costa. Lo fundó Minamoto Yoriyoshi y lo dedicó a Hachiman, el kami de la guerra, protector de clan de los Genji (segundo nombre del clan Minamoto). El templo fue trasladado a su ubicación actual en 1180 por Minamoto Yoritomo, fundador del shogunato Kamakura, quien estableció aquí su gobierno militar en 1191.

A la entrada del templo hay unos preciosos estanques con varias islas. A algunas de ellas se puede cruzar mediante puentes. Entre los estanques arranca un largo corredor que lleva hasta un buen tramo de escaleras que dan acceso al Maiden, el salón de ceremonias donde se celebran las bodas. Desde ahí se accede al resto del templo, pero estaba cerrado cuando hemos llegado.

Puente sobre el estanque Heike

Puente sobre el estanque Heike

Maiden con el Hongu al fondo

Maiden con el Hongu al fondo

Como la lluvia ya era bastante intensa a esas horas, hemos cogido un autobús de vuelta a la estación y allí hemos tomado el primer tren hasta Shinagawa, donde hemos cogido el autobús gratuito del hotel.

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De compras por Tokio

El hotel en el que nos alojamos en Tokio, el Toyoko Inn de Tennozu Isle, también incluye desayuno japonés gratuito. Sin embargo, este hotel es mucho más grande que aquél en el que estuvimos en Shin-Osaka, al comienzo de nuestro viaje. Tiene muchas más habitaciones y está preparado para más gente. La zona de desayuno es mucho mayor y hay más cantidad de comida… aunque no mucha más variedad. Exceptuando que aquí hay dos sopas diferentes, el resto de platos son idénticos. Bueno, hay cruasanes en lugar de tostadas (supongo que para evitar interminables colas frente al tostador). Y da gracias, porque junto con las salchichas es casi lo único que se puede desayunar si no eres muy aficionado a las algas o los encurtidos gelatinosos. Y no te olvides de traer tus servilletas, porque aquí no tienen.

Tochō

Tochō

Tochō

Después de desayunar hemos tomado el autobús gratuito del hotel que te lleva hasta la estación de Shinagawa. Allí hemos cogido un tren de la línea Yamanote (la circular de Tokio) hasta Shinjuku. Aunque hemos debido de liarnos con las indicaciones que nos daba Hyperdia, porque el primero que hemos tomado ha parado en Osaki y nos han hecho bajar a todos. Aunque en seguida ha venido otro tren con el que continuar el camino. Supongo que hemos coincidido con una hora en la que se reduce el número de trenes.

Sin llegar a salir a la calle nos hemos metido por un túnel subterráneo que te lleva directamente a varios de los edificios de la zona. Nosotros nos hemos dirigido hacia el Tokyo Metropolitan Government, que es de los que más lejos están de la estación. Ha sido un paseo interminable, de cintas transportadoras y escaleras mecánicas, pasando por debajo de todas las calles del barrio. Muy útil si llueve (que no era el caso), pero bastante aburrido. Aunque hay incluso alguna tienda o cafetería por el camino.

La salida te deja directamente en una de las entradas del edificio, y tan sólo tienes que elegir a cuál de las torres quieres subir. Está todo acondicionado para enormes colas de gente, pero no había nadie cuando hemos llegado. Nosotros hemos subido a la torre norte.

El Tokyo Metropolitan Government o Tochō (abreviatura de “Ayuntamiento de Tokio”) es la sede del gobierno de todo el área metropolitana de Tokio, lo que incluye los 23 distritos de la ciudad y 39 municipios de los alrededores. Consta de varios edificios, de los cuales, el número 1 tiene dos torres con plantas de observación a las que se puede acceder gratuitamente. Los miradores están en la planta 45, a más de 200 metros de altura.

Vistas

Vistas

Las vistas de la ciudad no son excesivamente impresionantes. En parte porque, dada la altura, lo que más se ve son los grandes rascacielos de alrededor. Y, sobre todo, porque la neblina que causa la polución no permite ver a mucha distancia.

Lo que sí nos gustó bastante, sobre todo a nuestro hijo, fue la tienda que hay en la planta observatorio. Su cara, con los ojos fuera de sus órbitas, diciendo “¡esto es un sueño!”, tras descubrir la enorme sección de peluches de Nintendo de la tienda, no tiene precio. Bueno, en realidad sí que lo tiene: ¥10.000 en peluches (seis nos llevamos), barajas de cartas, puzles, imanes, carpetas… Y, encima, por la compra nos dieron un puñado de vales de descuento que sólo se podían gastar en esa tienda… lo que nos “obligó” a comprar aún más cosas.

Colección de peluches

Colección de peluches

La tienda también tiene una máquina purikura. Se trata de una especie de fotomatón, con un panel verde detrás que permite usar diversas fotografías de fondo (en este caso, del edificio en el que estamos) y luego añadir textos o efectos. El proceso está dividido en fases en las que vas escogiendo entre diversas opciones con un lápiz sobre una pantalla táctil, con un tiempo máximo establecido para cada una de ellas. La máquina te hace cuatro fotografías y luego puedes escoger la que más te guste. Puedes imprimirla en varios formatos y también te la puedes descargar después desde Internet utilizando un código QR y una clave que se incluyen en la copia impresa.

La máquina tiene montones de opciones, pero las instrucciones están sólo en japonés. Nosotros hemos intentado ponerle la fecha pero no lo hemos logrado antes de que se acabara el tiempo. Muy intuitivas no son. En cualquier caso, por ¥500 tenemos una foto de los tres con el Tokyo Metropolitan Government de fondo (aunque lo tapamos bastante) y con copia digital incluida. La calidad de la foto es algo regularcilla, pero en otros sitios nos han cobrado más del doble por fotos de calidad similar.

Shinjuku

Mode Gakuen Cocoon

Mode Gakuen Cocoon

La vuelta hacia la estación la hemos hecho por arriba, para ver un poco el barrio, haciendo fotos de los edificios por el camino. En el sótano de uno de los edificios más bonitos de la zona, la torre Mode Gakuen Cocoon, hay una impresionante librería que ocupa varios enormes locales distribuidos en dos plantas. Tiene libros tanto en japonés como en inglés.

Uno de los locales está dedicado por entero al manga. Es un laberinto de estanterías llenas, desde el suelo hasta el techo, de volúmenes de cómic japonés. Es realmente impresionante y ha hecho aflorar al friki que llevamos dentro, puesto que, a pesar de que todos los cómics están en perfecto japonés, hemos salido con cuatro o cinco tomos bajo el brazo.

Lo que también nos ha sorprendido es el personal que atiende la librería. Le hemos preguntado a uno de ellos por varias series de manga y nos ha llevado, sin titubear, directamente hasta el punto exacto de la estantería correcta donde estaba cada cosa que le hemos pedido. Sin pararse a buscar, sin recorrerlos hasta encontrarlos. Sabía exactamente dónde tenían que estar y, lo más importante, estaban exactamente donde esperaba encontrarlos.

Los tomos están todos envueltos, para mantenerlos en buen estado (y para que no los puedas leer sin comprarlos, claro). Una vez pagados, te los desenvuelven y te forran la cubierta con un papel que incluye el nombre de la tienda, de forma que puedas leerlos sin estropear la portada y, suponemos, sin que la gente sepa qué estás leyendo exactamente. Porque la librería tiene TODO tipo de manga, algunos con portadas bastante explícitas, por cierto.

Librería de manga

Librería de manga

Shibuya

Tempura y sashimi

Tempura y sashimi

Hemos vuelto a la estación de Shinjuku y hemos cogido un tren hasta Shibuya. Hemos comido en el centro comercial de la estación, en un restaurante especializado en tempura. Por lo que hemos podido ver, en Japón los restaurantes suelen estar muy especializados, cada uno con una oferta de platos basados en el mismo tipo de comida. Si el restaurante es de gyoza, casi todo lo que habrá en la carta será gyoza. Si es un restaurante de tonkatsu, puede que tenga diez o doce platos distintos, pero todos llevarán carne rebozada como elemento principal. Como no les apetezca tomar lo mismo a todos los que vayan en tu grupo, tenéis un problema, porque va a resultar algo difícil encontrar un restaurante donde uno pueda comer sushi y otro yakitori, por ejemplo.

Con los niños suele resultar algo más sencillo, porque casi todos los restaurantes suelen tener algún tipo de menú infantil, bastante variado y a muy buen precio, que a menudo incluye incluso postre (algo que no suele encontrarse habitualmente en la carta, por cierto).

Hachikō

Hachikō

En este caso, el restaurante tenía también una especie de menús fijos, combinando tempura con arroz, udon o incluso sashimi de atún (pescado crudo). Hemos pedido uno de esos para cada uno. Como la camarera no hablaba inglés y la carta sólo estaba en japonés, hemos tenido que salir a señalárselos en el escaparate, donde tienen las muestras de cera de cada plato de la carta.

Cuando nos los ha traído nos ha explicado con gestos para qué era cada salsa y cómo había que comer cada cosa. Luego se ha pasado toda la comida vigilándonos, bastante nerviosa, suponemos que por cómo nos estábamos comiendo la comida. De hecho, se ha acercado varias veces para corregirnos y agregar explicaciones adicionales sobre cómo teníamos que hacer las cosas. Ha sido un poquito agobiante y la mujer parecía estar realmente pasando un mal rato. Pero estaba todo realmente rico, así que ha merecido la pena.

Cuando hemos salido de la estación ya estaba lloviendo, cumpliéndose al fin lo que estaba pronosticado para todo el día. Hemos salido por la puerta que está junto a la estatua de Hachikō, un perro muy famoso y querido en Tokio.

Era el perro de un profesor universitario, que cogía el tren a diario en esta estación. Hachikō venía aquí todas las tardes a esperar el regreso de su amo. Un día el profesor murió dando clase y ya nunca más volvió, pero Hachikō siguió viniendo cada día a esperarlo, durante más de diez años, en el mismo sitio en el que ahora se encuentra la estatua.

Shibuya

Shibuya

Mientras nos estábamos haciendo las fotos con la estatua se han acercado unos japoneses, cámara en mano, con la intención de hacernos una entrevista para una cadena de televisión. Han insistido bastante, así que al final hemos accedido. Nos han preguntado sobre la estatua y por qué era famoso el perro. La entrevista no ha durado mucho, sobre todo por el casi nulo nivel de inglés del periodista. O quizás, porque buscaban a alguien que no supiera por qué había ahí una estatua de un perro. Vete tú a saber.

Las fotos del famoso cruce con las pantallas en los edificios las hemos hecho desde un mirador que hay en la estación, que ofrece mejor altura, aunque algunos árboles entorpezcan un poco la visión.

Akihabara

Akihabara

Akihabara

Hemos cogido otro tren hasta Akihabara, un barrio que destaca por los comercios de electrónica y los salones recreativos. Hemos entrado en algunos de estos últimos, hasta que, por la hora, ya no han dejado entrar a nuestro hijo (a partir de las 18:30, sólo mayores de 16 años).

Los recreativos aquí son impresionantes. Ocupan edificios enteros de varias plantas, normalmente organizados por temáticas. Hay plantas enteras dedicadas a máquinas purikura o esas con ganchos con los que tratar de coger diversos premios. Pero las estrellas son las máquinas de videojuegos. Las hay de todo tipo, con pantallas enormes, entrada de auriculares (para que puedas oír el juego entre tanto ruido) y variados mandos de juego. Incluso hay una zona con máquinas “retro”, con arcaicas pantallas de tubo.

Tienen mucho éxito las máquinas de seguir el ritmo, aunque parece que las de bailar pulsando con los pies ya han pasado de moda. Ahora el ritmo se sigue con las manos, pulsando sobre zonas sensibles de la pantalla y el marco circular que la rodea, o sobre unos mandos esféricos que se mueven en todas las direcciones. Este tipo de máquina parece gustarle sobre todo a las chicas, lo que también parece confirmar el hecho de que en uno de los que hemos entrado sea la única planta que tiene baños para ellas.

Máquinas de ritmo

Máquinas de ritmo

Máquina de cartas

Máquina de cartas

Máquinas de fútbol

Máquinas de fútbol

Hay montones de máquinas de lucha, la mayoría conectadas en red, tanto de personajes más clásicos como de robots gigantes. También hay muchas máquinas a las que se juega con cartas físicas que los jugadores traen de casa (y que deben comprar en otro sitio, porque no parece que se vendan allí). Las cartas las sitúan sobre una superficie que las detecta y sobre la que las desplazan para interactuar con el juego. Hay montones de máquinas de este tipo, tanto para jugar solo como para enfrentar a varios jugadores entre ellos, cada una con sus propias cartas diferentes. Cerca de estas máquinas suele haber catálogos con todas las cartas disponibles.

Como casi todo en Japón, los salones recreativos también están muy organizados. Aparte de la clasificación temática por plantas, hay zonas habilitadas para hacer cola ante las máquinas más demandadas o, directamente, una hoja de reservas similar a la de los restaurantes. También tienen tableros para hacer torneos, con rondas clasificatorias y eliminatorias. Y en algunos puntos hay una serie de cuadernos para que los jugadores se dejen mensajes entre ellos o para que hagan dibujos, algo a lo que parecen bastante aficionados.

Diseña tu propio personaje

Diseña tu propio personaje

Dibujos de jugadores

Dibujos de jugadores

Hemos estado paseando un rato por el barrio, entrando en tiendas y haciendo más compras (cargaditos vamos a volver). También hemos aprovechado para cenar, antes de volvernos al hotel (tren hasta Shinagawa y autobús gratuito).

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Palacio imperial y Museo nacional

Sorpresa en Tokio

Hoy nos hemos despedido del hotel de Utsunomiya y hemos cogido un tren hasta Tokio, nuestra última escala del viaje. Nuestra intención era dejar las maletas en las taquillas de la estación para ahorrarnos un par de paseos al hotel, dado que requiere combinar varios transportes y el check-in no se puede hacer hasta las cuatro de la tarde. Sin embargo nos hemos encontrado con algo que no esperábamos: todas las taquillas están bloqueadas por motivos de seguridad.

Al parecer, un presidente de un país lejano, un tal Obama, ha decidido visitar Japón justo esta semana, y todo Tokio está en estado de alerta, en especial la red de transportes. Las taquillas van a estar bloqueadas toda la semana (pone del 22 al 25 en los carteles, pero ya no se pueden utilizar), las papeleras están tapadas, todo el personal de la estación lleva brazaletes indicando el estado de alerta y hay mensajes en todos los monitores, tanto en la estación como en los trenes, pidiendo que se informe inmediatamente de cualquier objeto sospechoso que parezca abandonado. Alerta por posible ataque terrorista.

En la estación de Tokio hay una zona en la que custodian maletas, junto a una zona enorme de taquillas. Este servicio seguía funcionando, aunque con limitaciones, como tener que recoger lo que dejaras antes de las ocho de la tarde. Sin embargo, la cola era kilométrica y los precios bastante elevados: ¥500 por bulto. Hemos preguntado y nos han dicho que no es cosa de esta estación, sino que todo Tokio está en estado de alerta y todas las taquillas de todas las estaciones están bloqueadas. Y son muchas taquillas, porque aquí las hay en todas las estaciones, por pequeñas que sean.

La estación de Tokio

La estación de Tokio

En vista de que no podíamos dejar las maletas, nos hemos visto obligados a cambiar de planes y llevar las maletas hasta el hotel, haciendo además la ruta larga, porque el servicio de autobús gratuito del hotel, que lo comunica con la estación de Shinagawa, no empieza a funcionar en dirección al hotel hasta las tres de la tarde. Hemos tenido que coger un tren hasta Hamamatsucho y luego enlazar con el monorraíl hasta Tennozu Isle, parada junto a la que se encuentra el hotel. Afortunadamente, ambas líneas están incluidas en el JR Pass.

Hemos dejado las maletas en recepción y luego hemos repuesto fuerzas tomando un café y unos cruasanes rellenos de una mezcla de crema de cereza y de pasta de judía roja que estaban deliciosos. Luego hemos desecho el camino, tomando primero el monorraíl y luego un tren de nuevo hasta la estación de Tokio.

Hemos salido de la estación y le hemos hecho algunas fotos. La estación de Tokio es un curioso edificio de estilo europeo como no esperas encontrarte en Japón. Fue construida en 1914 al estilo de la estación central de Ámsterdam, en la que se inspira. Quedó gravemente dañada durante la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida, aunque se conserva gran parte de la fachada original.

Palacio imperial de Tokio

Medio Nijubashi

Medio Nijubashi

Desde la estación nos hemos ido andando hasta el recinto del palacio imperial, que está cerca. Luego hemos tenido que rodear una buena parte para llegar al punto donde se hacen las fotos típicas del puente con el palacio al fondo.

El palacio imperial de Tokio, también conocido como Kōkyo, se encuentra en el lugar donde se situaba el castillo de Edo, del clan Tokugawa. La familia imperial reside aquí desde que se trasladó la capital desde Kioto, tras la Restauración Meiji. Por ese motivo los jardines interiores y los edificios no son visitables.

Al palacio se accede a través de un puente llamado Nijubashi (“puente doble”), cuyo nombre proviene de un puente anterior de madera que tenía dos alturas. Actualmente son dos puentes, uno de acero y otro de piedra, situados uno junto al otro.

La única zona que se puede visitar es Higashi Gyoen (“jardines del este”), donde se pueden ver las ruinas del antiguo donjon (“torre principal”) del castillo, destruido en un incendio en 1657. Cuando se construyó (1638) era la torre más alta de todo Japón, con 58 metros de altura. Hemos estado paseando por los jardines, haciéndonos fotos en los lagos. La estructura de los jardines es la del antiguo castillo y recuerda mucho al castillo de Nijō. Aunque del castillo no queda nada. Tan sólo parte de las murallas y fosos y algunas casas de la guardia.

Jardín del Ninomaru

Jardín del Ninomaru

Casa de guardias

Casa de guardias

Museo nacional de Tokio

"Mono anciano" (Takamura Koun, periodo Meiji)

“Mono anciano” (Takamura Koun, periodo Meiji)

Nos hemos vuelto andando a la estación de Tokio y hemos cogido un tren hasta Uguisudani, la parada que queda más cerca del Museo nacional de Tokio.

En 1872 se realizó una exposición temporal en un edificio que había sido un anteriormente un templo. Se exhibieron más de 600 piezas procedentes de todo el país. Esta exposición, que se hizo como parte de los preparativos de la partición de Japón en la Exposición Universal de Viena de 1873, fue la base de una exposición permanente que se convertiría en el primer museo nacional de Japón. Con el tiempo, el museo se fue ampliando y reformando hasta convertirse en el mayor museo del país.

El museo consta actualmente de varios edificios, cada uno con diferentes exposiciones. Nosotros nos hemos centrado en el Honkan, el edificio principal, que alberga en su mayor parte obras de arte japonesas. Lo malo es que dos de los cuadros que más interés teníamos en ver no se encuentran ahora en el museo. No obstante, hay montones de obras realmente hermosas e interesantes, así que la visita ha merecido mucho la pena. Además, en el museo se pueden hacer fotografías sin flash, salvo a las obras en las que se prohíbe explícitamente, por deseo de sus dueños.

Varios de los preciosos...

Varios de los preciosos…

...biombos pintados...

…biombos pintados…

...que hay en el museo

…que hay en el museo

En una de las salas hemos descubierto que el día que visitamos el Sanjūsangen-dō nos engañaron, puesto que nos aseguraron que había 1001 estatuas y resulta que tres de ellas están aquí. Eso nos pasa por no contarlas 😉 .

El museo se encuentra al norte del parque de Ueno, así que nos hemos bajado andando a coger el tren allí. Para volver al hotel hemos decidido encadenar dos shinkansen, hasta la estación de Shinagawa. No es que se gane mucho tiempo, pero los trenes normales van siempre llenísimos y así nos garantizábamos poder sentarnos, que ya iba “apeteciendo”. Allí hemos cogido el autobús gratuito del hotel.

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Shabu-shabu

Al llegar al hotel nos hemos ido directamente a cenar, dado que, para evitar que nos cerraran el museo, no habíamos comido gran cosa desde los cruasanes de media mañana. El hotel, un Toyoko Inn, tiene un restaurante shabu-shabu, así que hemos aprovechado para probarlo. Se trata de un tipo de restaurante en el que tú mismo te cocinas la comida, carne, udon y verduras, cociéndola en agua en la propia mesa.

Nuestro hijo se lo ha pasado en grande. Le ha hecho mucha ilusión poder hacerse su propia comida. Y, además, estaba todo muy bueno. Aunque se tarda bastante en cenar, sobre todo si te haces el valiente y decides intentarlo con los palillos, rechazando los tenedores que te ofrecen 😛 .

Tras la cena hemos hecho el check-in y hemos subido las maletas a la habitación. Buenas noches.

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Patrimonio de la humanidad en Nikko

Hoy nos hemos vuelto a levantar tempranito y hemos seguido el mismo plan que ayer, desayunando en el hotel y cogiendo el mismo tren hasta Nikko. Hoy sí que hemos utilizado el abono que compramos ayer, empezando por el autobús número 7, llamado World Heritage Bus, que lleva hasta la zona donde están los templos que queremos visitar, y que hemos cogido en la parada 1A de la estación JR en Nikko.

Mausoleo Taiyuin

Yashamon

Yashamon

Nos hemos bajado en la parada Taiyuintemple-Futarasanshrine (así aparece en el mapa que tenemos), que te deja en la entrada del mausoleo de Taiyuin, que está junto a la del santuario Futarasan. Empezar por aquí y recorrer la zona andando hasta el puente de Shinkyō es la ruta inversa a la que suele hacer la mayoría de la gente (sobre todo los grupos con guía). Hemos decidido hacerlo así en parte para ir contracorriente, evitando coincidir con los grupos por toda la ruta, y en parte porque en este sentido es cuesta abajo, que también se agradece 😉 .

Aunque no estaba en nuestros planes iniciales, hemos decidido (o, más bien, lo ha decidido nuestro hijo) visitar el mausoleo Taiyuin. Este mausoleo forma parte del templo Rinnō-ji y tiene una entrada combinada que te ahorra unos ¥50 (que no es gran cosa) y tener que pasar por la taquilla del templo después.

Koukamon

Koukamon

Aquí está enterrado Tokugawa Iemitsu, el tercer shogun de la era Edo. El mausoleo fue construido en 1653 por el cuarto shogun Tokugawa, Ietsuna, hijo de Iemitsu. Se construyó con una estructura semejante a la de Tōshō-gū, donde está enterrado el abuelo de Iemitsu, Ieyasu, pero de forma más modesta, debido al profundo respeto que Iemitsu sentía por su abuelo. Por este mismo motivo los edificios de este complejo están encarados hacia Tōshō-gū. Posteriormente, el emperador Go-Kōmyō le concedió el título de templo al mausoleo, aunque tras la Restauración Meiji quedó supeditado a Rinnō-ji.

Resulta curioso observar, como a medida que te vas adentrando en el mausoleo, acercándote al edificio principal, los edificios están cada vez más decorados y son más suntuosos. El salón principal (honden) y la sala de oración (haiden) están cerrados y sólo se pueden ver por fuera. Tampoco está abierta la Koukamon, la puerta que separa la Okunoin (“casa interior”) del resto del templo. La Okunoin, en la que incluso los monjes rara vez entran, contiene otro haiden, otra puerta (llamada Inukimon), una torre del tesoro y la tumba de Iemitsu.

Santuario Futarasan

Tras la visita de Taiyuin, que no dura mucho, nos hemos metido en el santuario Futarasan que, como ya hemos dicho, está justo al lado.

Barriles de sake

Barriles de sake

El santuario Futarasan fue fundado por el monje Shōdō Shonin en el año 782, y está dedicado a los kami de las tres montañas más sagradas de Nikko: Nantai, Nyoho y Taro. Fue originalmente un templo que mezclaba budismo y sintoísmo, pero tras la separación de las religiones que se produjo en la Restauración Meiji se convirtió en santuario. El complejo cubre 3400 hectáreas, incluyendo varios bosques y los picos de las tres montañas.

Hay un conjunto de barriles de sake, donados por destiladores locales que opinan que el agua del manantial que se encuentra en el santuario Takinō, situado a un kilómetro al oeste de Futarasan, hace que el sake sea muy sabroso.

En el recinto hay varios árboles gigantes, algunos milenarios, que se consideran sagrados. Tienen cuerdas shimenawa alrededor para protegerlos y son venerados. También hay un farol llamado el farol fantasma, por las extrañas formas que adopta el fuego cuando se enciende. Tiene marcas de los golpes de las espadas de guerreros samuráis que lo confundieron con un monstruo en la oscuridad de la noche.

Farol fantasma

Farol fantasma

Árboles sagrados

Árboles sagrados

Por algún motivo que desconocemos, el sello de este santuario cuesta ¥500, en lugar de los ¥300 habituales. Y es algo bastante raro, porque el precio de los sellos parece muy estandarizado.

Santuario Tosho-gu

De camino a Tosho-gu

De camino a Tosho-gu

El santuario Futarasan tiene una salida que conduce a un paseo flanqueado por faroles que recorre un lateral del santuario Tosho-gu, en dirección hacia su entrada. El precio de este santuario es notablemente más elevado que el del resto de lugares de culto de la zona. Y resulta obvio que las discrepancias sobre el reparto del importe de la entrada combinada de templos proceden de aquí, siendo éste el motivo de su retirada.

El santuario Tōshō-gū contiene el mausoleo con las cenizas de Tokugawa Ieyasu, el fundador del shogunato Tokugawa, que perduró durante más de 250 años. El propio Ieyasu es venerado en este santuario con el nombre de Tosho Daigongen. Se construyó en 1617, un año después de la muerte de Ieyasu. Siguiendo su voluntad, el santuario se construyó en Nikko, a pesar de que Nikko está al norte de Tokio (que era la capital durante el shogunato, con el nombre de Edo) y el norte se considera una dirección tabú, porque se dice que es por donde entran los demonios. Pero Ieyasu quería ser enterrado aquí para poder proteger a Japón del mal.

Aunque Ieyasu quería un santuario modesto, su nieto Iemitsu hizo varias remodelaciones en 1636 hasta convertirlo en el imponente edificio actual. El complejo es realmente hermoso, con numerosos edificios profusamente decorados. Y también está atestado de gente, sobre todo de enormes grupos procedentes de excursiones organizadas.

No ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal

No ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal

El santuario está organizado para absorber a este enorme flujo de gente, lo que implica una ruta marcada y zonas a las que no se puede volver una vez recorridas. Por el mismo motivo, el sello no te lo ponen directamente en el libro. En su lugar te venden, al mismo precio, una hoja con el sello y el nombre ya escritos, a falta de poner la fecha, que sí lo hacen en el momento. Es un fastidio, pero tendremos que pegar la hoja en su lugar correspondiente del libro (hemos guardado el espacio).

Uno de los edificios más conocidos del santuario es el Shinkyusha (“establo sagrado”), un establo para los caballos blancos sagrados del santuario, que incluye un friso con ocho tallas de monos representando escenas cotidianas de la vida. Entre ellas se encuentra la famosa “no ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal”. Los monos se han considerado mensajeros de los dioses y protectores de los caballos desde la antigüedad. También se consideran símbolos de la buena suerte, porque la palabra japonesa para mono, saru, también se utiliza, como verbo, cuando se habla de expulsar o abandonar la mala fortuna.

La puerta Yomeimon está actualmente en restauración y cubierta de andamios. Te ofrecen hacerte una foto con una de las torres laterales, que luego te venden junto a una foto de la puerta sin los andamios (que, por cierto, es realmente preciosa).

Más allá de la puerta se encuentra el edificio principal, que consta de la sala de oración (haiden), conectada con el salón principal o honden.

A la derecha se encuentra la puerta Sakashitamon, que conduce al santuario interior Okusha, en cuya entrada se encuentra la famosa escultura del gato durmiente. En la parte de atrás hay un gorrión. Si el gato despertara se comería al gorrión, pero, sin embargo, conviven. Es un símbolo de la paz.

Karamon

Karamon

El gato durmiente

El gato durmiente

Gorrión

Gorrión

Tras la entrada hay un montón de escaleras que llevan al lugar donde están los restos de Ieyasu, en una especie de enorme urna a cuyo recinto no se puede entrar pero que sí se puede rodear para verla desde todos los ángulos.

Piedras en Tosho-gu

Piedras en Tosho-gu

Okusha-houtou

Okusha-houtou

A la izquierda de la puerta Yomeimon, detrás de la “torre del tambor” se encuentra el Yakushi-dō (también llamado Honji-dō) en cuyo techo está la pintura del Nakiryu (“dragón plañidero”), que recibe ese nombre por el sonido, como un gemido, que produce el eco si se golpean dos palos bajo las fauces del dragón. Se entra en grupos y los monjes hacen una demostración golpeando palos en varios lugares de la estancia. Que cada uno juzgue a qué suena. No se permiten hacer fotografías.

Templo Rinnō-ji

Bajando desde la entrada de Tosho-gu se encuentra el templo Rinnō-ji, que es el más importante de Nikko. Fue fundado por Shōdō Shonin en el año 766. Originalmente se llamaba Shihonryuji y fue renombrado como Manganji en el año 810. En 1655 se le cambió el nombre una vez más, esta vez a Rinnoji-no-miya, del que procede el nombre actual. Durante la Restauración Meiji (aparte de cambiarle el nombre, una vez más, a Manganji) se trató de separar los templos budistas de los santuarios sintoístas y más de 100 templos fueron “fusionados” con éste por ley. Sin embargo, 15 de esos templos revivieron en el año 1882 y se “independizaron” con el nombre de Rinnō-ji.

Andamio del Sanbutsu-do

Andamio del Sanbutsu-do

El edificio central de este complejo, el único que cobra entrada para acceder a él, se llama Sanbutsu-dō (“Salón de los tres budas”) y alberga tres estatuas de los budas Amida Nyorai (Amitābha), Senju-Kannon (Kannon de los mil brazos) y Batō-Kannon (Kannon con cabeza de caballo), cada una de las cuales representa a uno de los tres montes sagrados de Nikko.

Está cubierto de andamios, con una enorme fotografía del exterior del edificio, debido a su restauración hasta marzo de 2021. Aún así se puede entrar, aunque algunos elementos están tapados o directamente no están, como algunas de las estatuas. Se puede subir, mediante un montón de tramos de escaleras, a la parte superior del andamiaje. Desde allí se puede ver cómo están desmontando el templo pieza a pieza. También hay un mirador, desde donde se pueden ver otros edificios del complejo.

Puente Shinkyō

Bajando desde Rinnō-ji, y siguiendo los carteles para no liarse, se llega hasta el Shinkyō (“Puente sagrado”), un precioso puente lacado en rojo sobre el río Daiya. Cuenta la leyenda que Shōdō Shonin y sus acompañantes escalaron el monte Nantai en el año 766 para rezar por la prosperidad, pero al llegar al río no pudieron cruzarlo. Sus rezos hicieron que se apareciera un dios que portaba dos serpientes, una roja y otra azul, a las que convirtió en un puente multicolor cubierto de juncos por el que pudieron cruzar. Por ese motivo a este puente también se lo conoce como Yamasugeno-jabashi (“puente-serpiente de juncos”).

Puente Shinkyo

Puente Shinkyo

El puente forma parte del santuario Futarasan, tiene 28 metros de largo y 7,8 de ancho, y el punto más alto se encuentra a algo más de 10 metros sobre el río.

Ha habido otros puentes anteriores, pero el actual fue construido en 1636. Hasta 1973 tan sólo generales y emisarios de la corte imperial podían utilizarlo. Tuvo que ser restaurado a finales de los años 90 y en la actualidad hay que pagar para cruzarlo. Aunque no se puede pasar al otro lado del río, se entra y se sale por el mismo margen.

El puente se encuentra al final (o el principio, según se mire) del parque de Nikko, que es donde se encuentran todos los templos y santuarios que hemos visitado. En la calle que va hasta la estación hay varios restaurantes. Hemos comido en uno de ellos. Hoy ha tocado ramen y udon. Los ramen son la versión japonesa de los fideos chinos, aunque se sirven de forma muy similar a los udon, en sopa y con más ingredientes, todo en un mismo cuenco.

Lago Chūzenji

En la misma calle, justo frente al restaurante donde hemos comido, hemos cogido un autobús que nos ha llevado hasta el lago Chūzenji (parada Chuzenji-onsen). El lago se creó hace unos 20.000 años, cuando una erupción del monte Nantai bloqueó el río. El lago se alimenta del río Yukawa y descarga su exceso de agua a través de una preciosa cascada de casi 100 metros de altura llamada Kegon, situada en el primer tramo del río Daiya, que nace en este lago.

Lago Chuzenji

Lago Chuzenji

Cascada Kegon

Cascada Kegon

Se puede acceder, por medio de un ascensor de pago (y unas cuantas escaleras), a una plataforma de observación situada en el fondo de la cascada. Es algo caro, pero permite acceder a unas muy buenas vistas de la cascada, dado que desde arriba se ve bastante mal.

Bakejizō

Tras las fotos de rigor del lago y la cascada hemos tomado de nuevo el autobús (en la misma parada), de vuelta a Nikko. Nos hemos bajado en Nishisando y nos hemos dirigido hacia el río, buscando los Bakejizō. Encontrarlos no ha sido tarea fácil, porque no hay indicaciones. Una japonesa nos ha visto algo despistados y se ha ofrecido a ayudarnos. Incluso nos ha guiado hasta la puerta de su casa, de donde ha cogido un mapa que nos ha regalado y sobre el que nos ha indicado el camino… mandándonos en dirección contraria a la que teníamos que ir.

Afortunadamente, en la dirección que nos ha indicado el camino se termina pronto, o hubiéramos andado bastante más de la cuenta. Y, aunque hemos estado a punto de tratar de meternos por la orilla del río, al final hemos acabado suponiendo que los Jizō estaban en la dirección opuesta y que el puente que nos había señalado en el mapa no era por el que realmente habíamos cruzado.

Bakejizo

Bakejizo

Tras un paseo que nos ha parecido bastante más largo de lo que realmente era hemos llegado, ya anocheciendo, a nuestro destino: los Bakejizō, literalmente “Jizō fantasma”, un grupo de unas 40 estatuas alineadas junto al río Daiya. Reciben ese nombre porque se supone que cada vez que las cuentas obtienes un número diferente, porque las estatuas juegan contigo y cambian de sitio. De hecho, nuestro hijo ha contado tan sólo 33. Solía haber más de cien estatuas, pero la mayoría se perdió en una inundación.

Jizō es el nombre japonés del bodhisattva Ksitigarbha (“Tesoro de la tierra”), que permanece en los infiernos, sin alcanzar la budeidad, hasta haber ayudado a liberar a todas las almas atormentadas.

Se le suele representar vestido de monje con un báculo con sortijas y una campanilla en una mano y una perla brillante en la otra. Se supone que utiliza el báculo para romper las puertas de los infiernos y la perla para iluminar toda la existencia, alejándola del dolor.

En Japón Jizō es el protector de los niños (sobre todo de los fallecidos), las embarazadas, los bomberos y los viajeros. Oculta a los niños en sus ropas para protegerlos de los demonios y los guía a la salvación.

De vuelta al hotel

Es posible que haya un camino mejor señalado bajándose en una parada anterior de autobús, porque nos hemos encontrado gente que venía de esa dirección. En cualquier caso, nosotros nos hemos vuelto a Nishisando, porque ahí paran más autobuses.

Hemos cogido otro autobús de vuelta a la estación de tren de JR y luego hemos tenido que correr para coger el tren que estaba a punto de marcharse, y no tener que esperar un buen rato, porque a esas horas la frecuencia de trenes es mucho menor.

Ya en Utsunomiya, hemos cenado en el centro comercial de la propia estación. Luego nos hemos ido al hotel a descansar, que el día ha sido bastante largo.

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Nikko Edomura

Hoy hemos madrugado más de lo habitual, para no arriesgarnos a perder el autobús gratuito que lleva a Nikko Edomura. No por ahorrarnos el coste, sino porque la combinación para ir usando el transporte público es realmente horrible.

Así que hemos bajado a desayunar al poco de que abriera el desayuno. El bufet es también bastante variado. Aquí hay cruasanes, tostadas y hasta mermelada. También ensalada (lechuga y tomate), salchichas e incluso beicon. Si no te gusta el desayuno japonés, aquí no vas a tener problemas.

Tras desayunar, hemos cruzado a la estación y hemos cogido la línea Nikko de JR hasta Nikko. Hay carteles por todas partes que indican dónde se coge el tren. Incluso las columnas del andén tienen carteles que dejan claro a dónde vas. Es imposible perderse. La línea va de Utsunomiya a Nikko, así que tampoco te puedes pasar la parada. Como es principio de línea, el tren llega con bastante antelación, pero no sale hasta su hora, totalmente puntual. Sin embargo, puedes subir desde mucho antes, por lo que conviene llegar con tiempo para coger sitio y poder ir sentado los cerca de 50 minutos que dura el trayecto.

La estación de Tobu

La estación de Tobu

La ciudad de Nikkō se encuentra a 140 kilómetros al norte de Tokio, en una zona montañosa de la región de Kantō. La ciudad surgió alrededor de los templos fundados por el monje budista Shōdō Shonin y cobró bastante importancia cuando los primeros miembros del clan Tokugawa decidieron construir allí sus mausoleos.

Hemos llegado a Nikko unos tres cuartos de hora antes de que saliera el autobús de Nikko Edomura. El problema es que el tren anterior llega muy justo para coger el autobús (aunque da tiempo si sabes dónde para y vas directamente) y, además, queríamos comprar un pase de autobús, por si teníamos que volver a la estación en transporte público

El pase es un abono de autobús que permite coger todos los que quieras. Hay varios, dependiendo de cómo de lejos quieras ir. Nosotros hemos comprado el que permite llegar hasta Chuzenji. Como es para dos días, nos sirve para las visitas que vamos a hacer mañana y también podemos usarlo hoy. Cuesta ¥2000, pero sólo el trayecto hasta Chuzenji, ida y vuelta, ya cuesta más, así que merece bastante la pena.

Parada del autobús gratuito

Parada del autobús gratuito

La estación de tren de JR en Nikko es la más antigua de Japón y fue diseñada por el arquitecto Frank Lloyd Wright. Dispone de una habitación de invitados que utilizaba el emperador Taishō cuando visitaba la zona, pero que normalmente está cerrada (y tampoco hemos intentado subir a verla, todo sea dicho).

También nos hemos acercado a la estación de tren de Tobu, otra empresa de transportes (que también opera la mayoría de los autobuses de Nikko), que está muy cerca de la de JR, porque la oficina de turismo está allí. Nos han dado un mapa de la zona e información sobre autobuses.

Luego nos hemos vuelto a la estación de JR a esperar el autobús de Edomura, que se coge a la izquierda, según sales de la estación, en el lado en el que están los baños, un poco más allá de la parada de taxis. Hay un cartel con una fotografía de unos ninjas. El autobús ha llegado puntual y, tras unos 30 minutos de paseo, nos ha dejado en el aparcamiento de Nikko Edomura o Edo Wonderland para los gaijin como nosotros.

Se trata de una pequeña villa ambientada en la época Edo, con todo el personal vestido de forma acorde y con todo tipo de espectáculos y representaciones relacionadas con la época. Ataques ninja, peleas de shinobi (otro nombre para los ninja), juegos de agua, geisha, etc. También hay un laberinto, pasajes del terror (ambientados en la mitología japonesa), una casa ninja inclinada, etc. Te puedes disfrazar de un montón de formas diferentes y pasar el día con el disfraz. Aunque no lo hicimos, entre otras cosas, porque estuvo todo el día lloviendo. Lluvia que también provocó la cancelación del espectáculo que se hacía al aire libre, además de disminuir considerablemente la animación callejera.

Una de las calles de Edomura

Una de las calles de Edomura

Casa de té

Casa de té

El río navegable de Edomura

El río navegable de Edomura

Hay que destacar que para los que no hablamos japonés la ayuda es mínima. Todos los carteles explicativos están en japonés y todos los espectáculos son en japonés exclusivamente. Aunque no suele importar mucho, porque son muy visuales. Lo que sí resulta gracioso es que pueden estar cinco minutos soltando una interminable charla sobre las normas del espectáculo en japonés y luego en inglés, a lo Lost in translation, limitarse  a decir “no photo, no video, no light”.

Como nota curiosa, destacar que algunos espectáculos se ven sentados en el suelo, tras quitarte los zapatos y meterlos en una bolsa de plástico. Muy japonés.

Magia con agua

Magia con agua

Espectáculo de geisha

Espectáculo de geisha

Ha estado bastante bien y a nuestro hijo le ha gustado mucho. La pena ha sido la lluvia, que nos ha impedido sacarle el máximo partido. De hecho, en lugar de quedarnos hasta la hora de cierre, hemos visto todo lo que era a cubierto por la mañana, hemos comido algo y hemos cogido el último autobús gratuito (que, extrañamente, sale hora y media antes de que cierre el parque) que nos ha llevado de nuevo a la estación.

Nos hemos vuelto a Utsunomiya, hemos comido algo más por la zona (lo del parque fue un mero tentempié entre dos espectáculos) y hemos comprado algo para cenar en la habitación, dado que mañana madrugaremos de nuevo.

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Museo al aire libre de Hakone

"La pleureuse"

“La pleureuse”

El desayuno en el hotel ha sido idéntico al de ayer, no variaba ninguno de los platos del bufet. Hemos hecho un check-out rapidísimo (como todos) y nos hemos subido cuesta arriba con la maleta y las mochilas hasta la parada de autobús. Hemos cogido de nuevo el H, pero esta vez en dirección a Odawara. Nos hemos bajado en Kowakidani Station y allí hemos tomado el Hakone Tozan Railway, aunque tan solo hasta la siguiente parada, Chokoku-no-mori, que es la que más cerca queda del Museo al aire libre de Hakone, nuestra visita de hoy. De hecho, esta parada de tren está justo al lado del museo, más cerca que la parada de autobús que, sin embargo, es la que recomiendan.

El museo tiene principalmente esculturas, con la particularidad de que están todas al aire libre, integradas con la naturaleza. El entorno del museo es precioso, con árboles, estanques, puentes. Algunas de las esculturas son móviles y otras están pensadas para que los niños interactúen con ellas subiéndose o metiéndose dentro. Hay un laberinto y un edificio que debería tener dentro una especie de red donde los niños pueden meterse y saltar, pero que estaba cerrado.

"Espacio curvo"

“Espacio curvo”

Interior de "Escultura sinfónica"

Interior de “Escultura sinfónica”

Laberinto "Jardín de estrellas"

Laberinto “Jardín de estrellas”

También tiene algunos edificios con exposiciones. Uno de ellos está dedicado a Picasso y tiene piezas de cerámica, dibujos, etc.

Hemos aprovechado para comer en el museo, en un restaurante tipo bufet, buscando, una vez más, variedad de comida.

Pabellón de Picasso

Pabellón de Picasso

Comida variada

Comida variada

Nos vamos a Utsunomiya

Hemos cogido de nuevo el Tozan Railway, esta vez hasta Odawara. El tren no va directo, te tienes que bajar en Hakone-Yumoto y, en el mismo andén, coger otro tren. Los trenes están sincronizados, pero hay que darse prisa.

El tren serpentea por la montaña. Va en las dos direcciones por la misma vía, por lo que hay puntos concretos donde se cruza con otro que va en sentido contrario. Normalmente son estaciones, pero a veces hay tramos sin salida donde se mete a esperar a que pase el otro tren o para cambiar de vía, porque la bajada la hace por escalones. Todo esto hace que tarde bastante más que el autobús en llegar a Odawara, pero merece la pena, aunque sólo sea por las vistas.

Una vez en Odawara hemos recogido las maletas, pagando los 1200 yenes que faltaban en monedas de 100. Luego hemos encadenado dos shinkansen, un Kodama hasta Tokio y un Yamabiko hasta Utsunomiya, donde tenemos nuestro siguiente hotel. El hotel, el Chisun Hotel Utsunomiya, está justo frente a la estación, sólo hay que cruzar. Aunque primero hay que averiguar por dónde, claro.

Tras hacer el check-in hemos cenado en uno de los restaurantes que hay cerca del hotel. Hoy ha tocado la especialidad de la zona: gyoza. Son una especie de empanadillas, hechas de forma similar al dim sum chino, aunque más fritas. También las sirven cubiertas de queso. Deliciosas.

Gyoza

Gyoza

Ya con el estómago lleno, nos hemos vuelto al hotel a descansar.

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Ruta circular en Hakone

El día ha amanecido soleado, bien. En este hotel el desayuno está incluido en el precio de la habitación, suponemos que debido a que no hay ningún restaurante o cafetería cerca y es necesario coger un autobús para llegar a algún lugar con comida. El desayuno, de tipo bufet, es bastante variado, con comida tanto japonesa como occidental.

Barco para recorrer el lago Ashi

Barco para recorrer el lago Ashi

Después de desayunar hemos cogido el mismo autobús en el que vinimos ayer, el H, hasta Hakonemachi. El autobús te deja muy cerca del lago Ashi, junto al puerto donde se puede coger un barco para admirar las vistas que ofrece el lago con el monte Fuji al fondo. Como el día estaba lo suficientemente despejado hemos podido hacer ya las primeras fotografías del volcán, aunque en la cámara cuesta un poco distinguirlo del fondo, porque está completamente nevado.

El barco hace una pequeña parada en Moto-Hakone (donde, por cierto, se han bajado todos los grupos que iban con guía) y luego continúa hasta Togendai, en el otro extremo. En la misma terminal en la que atraca el barco se coge el teleférico, el primero de los dos que suben por el monte Kamiyama. Pero antes de cogerlo hemos pasado por la tienda, para comprar algunos productos de artesanía de madera, típicos de esta zona. Entre ellos hemos comprado una caja kumiki, una de esas cajas en las que tienes que desplazar varios paneles disimulados, en un orden concreto, para poder abrirlas.

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Luego hemos cogido el teleférico para subir los dos primeros tramos, hasta Owakudani. Hay una estación intermedia, Ubako, en la que ni siquiera tienes que bajarte.

No había cola para el teleférico, aunque sí mucha en sentido bajada. Se debe a que nosotros hemos hecho la ruta circular en el sentido opuesto a como se recomienda en las guías y como suelen hacerlo las agencias. Así nos hemos quitado de encima a la mayoría de los enormes grupos con guía.

En la estación de Owakudani (“Gran valle hirviente”) es donde se toma el segundo teleférico, que sube el tercer tramo. Pero antes es recomendable salir a ver la zona en la que se encuentra la estación. Hay algunos estanques con agua hirviendo. En uno de ellos, al que se accede mediante algunos tramos de escaleras, cuecen huevos que puedes comprar para comerlos allí mismo. Al cocerlos en esa agua, la cáscara del huevo se vuelve negra, debido al sulfuro de hierro que contiene, fruto de la reacción del sulfuro de hidrógeno que emana del volcán con el hierro presente en el agua.

Teleférico que sube a Owakudani

Teleférico que sube a Owakudani

Owakudani

Owakudani

Huevo negro

Huevo negro

Tienen unos carritos que se desplazan por cables desde la parte superior, donde está el estanque hasta la inferior, donde está la tienda de souvenirs. Con ellos suben huevos crudos (blancos) y bajan huevos cocidos (negros).

De vuelta en la estación hemos cogido el teleférico hasta Souzan y ahí hemos enlazado con una especie de funicular (cable car), que nos ha bajado hasta Gora.

El monte Fuji, desde Owakudani

El monte Fuji, desde Owakudani

Bajando en funicular

Bajando en funicular

Allí hemos cogido un autobús, el S, hasta Yunessun, un enorme complejo con hoteles, restaurantes y un gran onsen. Hemos comprado una entrada combinada con comida y nos hemos ido directamente al restaurante a comer. Es un bufet con bastante variedad de platos, tanto japoneses como occidentales.

Aquí también te dan una pulsera para pagar cosas dentro del onsen, pero, a diferencia del que visitamos en Osaka, aquí la pulsera también sirve para las taquillas y no hay que andar guardando moneditas.

El entorno de Yunessun

El entorno de Yunessun

El onsen tiene tres zonas, dos para ir con bañador y otra, separada por sexos, para bañarse desnudo. Esta última se paga aparte, pero todas las entradas combinadas la incluyen.

La zona normal de baño tiene las típicas piscinas con chorros de agua, jacuzzi, etc. También tiene una pequeña zona infantil, aunque para niños bastante pequeños. Todo con agua caliente, pero no demasiado.

Luego hay otra zona que podríamos llamar “temática”. Aquí las piscinas no tienen sólo agua, también incluyen otros ingredientes como café, vino, té, sake… Además, están decoradas de forma acorde al contenido de la piscina, con enormes teteras o botellas de vino de las que emana el agua coloreada. Es toda una experiencia. Aquí son todas exteriores y el agua está bastante más caliente.

Para ir a la zona clásica, hay que pasar de nuevo por las taquillas. Se supone que te tienes que vestir y luego volver a quitarte la ropa en la otra zona, donde hay otras taquillas. Pero mucha gente se echa una toalla sobre el bañador y se va tal cual, dado que no sales a la calle en ningún momento. También se pueden alquilar una especie de pijamas, con los que puedes moverte por todo el edificio sin llevar nada más debajo. Las toallas, por cierto, también se alquilan. Pero puedes traer las tuyas.

La zona clásica tiene una parte donde tienes que lavarte primero (aquí no hay esponjas) y luego varias piscinas, un jacuzzi y una sauna. La mayoría de las piscinas son exteriores y el agua está tan caliente que hace que la de 42 grados parezca fría. Si quieres agua fría, para no caerte redondo por la bajada de tensión, tienes que buscar una ducha, porque no la hay en ningún otro sitio.

Piscina de vino

Piscina de vino

Piscina de sake

Piscina de sake

Piscina de té verde

Piscina de té verde

Hemos pasado toda la tarde en el onsen, e incluso hemos cenado en otro de sus restaurantes, porque cerca del hotel no tenemos nada.

Hemos tomado de nuevo el autobús H hasta el hotel. Todos los medios de transporte que hemos cogido a lo largo del día están incluidos en el Hakone Freepass, por lo que resulta altamente recomendable comprarlo.

Al llegar a la habitación nos la hemos encontrado tal y como la dejamos. No nos la han arreglado y no sabemos por qué. Quizás teníamos que haberlo pedido explícitamente o puede que en este hotel sea un servicio que se paga aparte. O tal vez se deba a que dejamos los futones sin guardar. Sea como sea, nos vamos a quedar sin saberlo, porque mañana dejamos el hotel, y nos trasladamos a nuestra siguiente escala.

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Llegada a Hakone

Hoy hemos desayunado camino de la estación, en una cafetería que está en el distribuidor subterráneo que conecta la estación de JR con la zona en la que está el hotel. Luego hemos cogido el primero de los dos trenes que nos llevarán hasta Odawara, el Sakura 542, hasta el final de la línea: Shin-Osaka.

Como teníamos algo de tiempo entre un tren y otro, hemos aprovechado para comprar algo para comer y también para cenar, puesto que no hay gran cosa cerca del hotel en el que pasaremos los próximos días.

Mientras esperábamos al siguiente tren, nuestro hijo se ha sentado en un banco, junto a una abuelita a la que le ha faltado tiempo para ponerse a hablar con él, preguntándole (en inglés) de dónde era y qué edad tenía. Al final ha empezado a sacar caramelos del bolso y se los ha regalado.

Luego hemos tomado el Hikari 520 hasta Odawara. Tarda dos horas y veinte minutos, así que nos hemos acabado comiendo los sándwiches de katsu directamente en el tren.

Lo primero que hemos hecho al llegar a Odawara es buscar unas taquillas donde dejar buena parte de las maletas, para no tener que cargar con ellas en el autobús y por la cuesta que hay desde la parada hasta el hotel, que es bastante pronunciada. Hemos conseguido meterlo todo en una sola taquilla de las grandes (hay tres tamaños), aunque hemos tenido que jugar un poco al Tetris para conseguirlo. La taquilla cuesta ¥600 al día. Para cerrarla tienes que meter los primeros 600. A partir de las dos de la madrugada cuenta un día más. El resto del importe tienes que introducirlo para poder abrirla.

Lo siguiente que hemos hecho es comprar el Hakone Freepass, que es un pase similar al de JR, pero para la zona de Hakone, permite coger trenes, autobuses, barcos, los teleféricos y el funicular, e incluye entrada gratuita o descuentos para unos cuantos sitios. Se compra en la oficina de la propia empresa, Odakyu, que está junto a los torniquetes de acceso a sus andenes (la estación la comparten varias empresas de ferrocarriles). Nosotros hemos comprado el de tres días, pero también lo hay para sólo dos. Nos ha atendido un chaval muy majo, que incluso hablaba un par de palabras de español y que nos ha regalado tres juegos de palillos.

Luego hemos cogido el autobús H de la línea Hakone Tozan Bus hasta el hotel. La carretera serpentea por la montaña y el autobús la recorre a toda velocidad, sin molestarse apenas en frenar en las curvas. Hemos llegado los tres ligeramente mareados.

El hotel en el que nos alojamos, el Ra Kuun, sin llegar a ser un ryokan, sí que tiene habitaciones estilo japonés y su propio onsen (aunque también tiene habitaciones de tipo occidental). Nosotros tenemos reservada una japonesa, así que toca dormir en el suelo. Es algo que hay que probar, aunque sólo sea un par de días.

Hotel Ra Kuun

Hotel Ra Kuun

Habitación estilo japonés

Habitación estilo japonés

Sentados también en el suelo, aunque sobre unas tablas con respaldo que hacen las veces de sillas, hemos cenado las ekiben que compramos por la mañana.

La cena

La cena

A ver si mañana tenemos un día despejado y podemos ver el monte Fuji desde el lago Ashi.

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Miyajima

Para ganar tiempo, y dado que no hemos cogido el desayuno del hotel (lo que aparece en la foto no parece gran cosa, para lo que cuesta), hemos desayunado en la habitación los cafés y bollos que compramos ayer en la estación. Estación a la que nos hemos dirigido para coger un tren hasta Miyajimaguchi. Todo está perfectamente indicado. Hay que carteles que indican el andén donde para el tren que va hasta Miyajima y, en las estaciones intermedias que tienen nombres parecidos, hay otros enormes que dicen claramente que esa estación NO es donde tienes que bajarte.

Muy cerca de la estación, y siguiendo los carteles que hay por todas partes, está el puerto desde donde salen los ferries que van a la isla. Hemos cogido el de JR, incluido en el JR Pass, que apenas tarda 10 minutos en cruzar los 2 kilómetros que la separan de la costa de Hiroshima.

La isla se llama en realidad Itsukushima, pero se la conoce como Miyajima (“isla-santuario”). Es considerada un lugar sagrado, por el que los kami tienen preferencia, desde hace siglos. Es más, el lugar se considera tan puro, que los nacimientos y las muertes están prohibidos, para no comprometer esa pureza. Las mujeres que estén cerca de dar a luz o los enfermos terminales tienen que abandonar la isla obligatoriamente, y los entierros están totalmente prohibidos.

El santuario Itsukushima

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Itsukushima y la pagoda de cinco pisos

Desde el puerto hay que andar unos 15 minutos hasta el santuario Itsukushima. Y nada más salir del puerto ya te encuentras con los ciervos salvajes que pululan por toda la isla (y que se te comen los planos a nada que te descuides). De camino hemos ido haciendo fotos, desde todos los ángulos, de la impresionante puerta torii del santuario, que está en el mar. La llaman Otorii (“gran torii”), usando el prefijo honorífico o-. La primera se construyó en 1168. La actual, que es ya la octava, es de 1875. Tiene más de 16 metros de altura y pesa 60 toneladas. Está formada por cuatro pequeñas torii que sostienen los pilares del torii principal. No está enterrada, sino apoyada en el lecho marino, sostenida por su peso, al que contribuyen las 7 toneladas de piedras que hay colocadas en su parte superior. Está lo suficientemente cerca de la costa como para poder acercarse a ella andando cuando baja la marea. Cuando hemos llegado la marea estaba alta, por lo que estaba parcialmente sumergida.

Se dice que el santuario fue fundado en el año 593, aunque los primeros registros sobre su existencia son del año 811. Sufrió daños por incendios en 1027 y 1223, y por un tifón en 1325. El santuario principal actual es de 1571, aunque entre los más de 50 edificios que forman el complejo hay otros de mayor antigüedad.

La Otorii entre faroles

La Otorii entre faroles

El santuario fue construido sobre el agua, aunque los motivos de hacerlo así no están del todo claros. Unos afirman que se debe a que el santuario está dedicado al kami Itsukushima, protector de los pescadores y sus barcos. Aunque lo más probable es que se deba al carácter sagrado que siempre ha tenido la isla, unido a la creencia en la Tierra pura (el “paraíso” budista), que es a donde van las almas de los que mueren, y a la que se llega en barco.

La zona en la que está el santuario tiene muy poquita profundidad y se puede ver el fondo y cómo los pilares de los edificios se apoyan sobre las rocas colocadas para nivelar en lugar de estar enterrados, siempre tratando de alterar lo menos posible el terreno sagrado de la isla.

El monte Misen

Cerca de la salida del santuario, siguiendo la ruta marcada, se encuentra la parada del autobús gratuito del teleférico. Sólo hay que seguir los carteles. El autobús te deja junto a la terminal del teleférico. Tan sólo hay que subir unas pocas escaleras. El teleférico tiene dos tramos, te bajas de uno y te subes en el siguiente. El primero es de cabinas pequeñas, de unas 6 personas. Es de tipo circular, por lo que pasan constantemente. Las cabinas del segundo son más grandes, pero salen cada 15 minutos, por lo que puede que haya que esperar algo de cola. Hay dos cabinas que circulan en paralelo, cada una en un sentido.

Desde el teleférico

Desde el teleférico

Si vas a dejar cosas, para cargar con el menor peso posible durante el paseo por la montaña, es mejor hacerlo en las taquillas que hay arriba, en la estación Shishiiwa, porque son gratuitas (las que hay abajo, no). También puede ser recomendable coger uno de los bastones de bambú que hay junto a la puerta, teniendo en cuenta la cantidad de escalones que hay por el camino y la ausencia casi total de pasamanos (hay tres junto al Dainichido, cuando ya estás bajando). El recorrido está perfectamente indicado, y tiene algunos tramos fáciles y otros bastante empinados o con muchas escaleras. Está muy bien acondicionado, salvo porque no hay dónde agarrarse. Lo estiman en una hora, desde que sales de la estación Shishiiwa hasta que vuelves a ella, pero hay que correr mucho para hacerlo en ese tiempo.

Tras recorrer el primer tramo, el más largo, se llega a una pequeña explanada donde hay varios templos. En uno de ellos está la Llama eterna, encendida por el monje Kobo Daishi durante su búsqueda de la iluminación y mantenida durante más de 1200 años sin apagarse. Éste fue el fuego que se utilizó para encender la Llama de la paz (la dedicada a las víctimas de la bomba atómica, en el Parque de la paz).

Por el camino que sigue subiendo hay pequeños templos y santuarios y, arriba, un mirador desde el que se pueden ver, si el cielo está despejado, muchas de las islas del mar interior de Seto.

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La llama eterna (o, más bien, los rescoldos)

La cumbre del monte Misen

La cumbre del monte Misen

Las islas del mar de Seto

Las islas del mar de Seto

El paseo de vuelta hasta la estación es algo más ligero (aunque no mucho más). Nosotros hemos decidido reponer fuerzas tomando unos udon en el restaurante de la estación del teleférico, antes de bajar.

El autobús gratuito no es muy grande y todo el mundo tiene que ir sentado (todo el espacio está ocupado con asientos, algunos plegables). Al ir a coger el de bajada se ha llenado justo cuando nos tocaba subir a nosotros. Como pasan cada 20 minutos, hemos decidido bajar andando. Y ha sido buena idea, porque el camino de bajada es precioso, con el río, cascadas, puentes, etc. Merece la pena y no se tarda mucho (y de bajada es cómodo).

Bajando desde la estación Momijidani

Bajando desde la estación Momijidani

Udon

Udon

Cuando hemos llegado abajo hemos visto que la marea ya había bajado lo suficiente como para poder ir andando hasta la puerta. Así que haciendo caso omiso del cansancio y el dolor de pies, nos hemos acercado hasta ella para verla de cerca y hacerle más fotos.

Itsukushima sin agua

Itsukushima sin agua

La Otorii sin agua

La Otorii sin agua

Otorii

Otorii

Parque de la paz

La cúpula de la bomba atómica

La cúpula de la bomba atómica

La llama de la paz

La llama de la paz

Hemos cogido el mismo ferry de vuelta y luego un tren hasta Yokogawa. Allí hemos enlazado con el tranvía número 7, que nos ha llevado hasta el Parque de la paz (parada Genbaku dome mae), y así poder verlo con más tranquilidad, aprovechando que no llovía. El parque está lleno de monumentos dedicados a las víctimas o a la paz. Destaca el Monumento a la paz de los niños, dedicado a la memoria de Sasaki Sadako, una niña que murió de leucemia a causa de la radiación. En Japón hay una antigua creencia que dice que si fabricas 1000 grullas de papel se te concede un deseo. Sadako llegó a hacer 1300 grullas, pidiendo curarse. Algunas de ellas se guardan en el museo. Rodeando al monumento hay muchas más, la mayoría dejadas o enviadas por niños de todo el mundo.

También resulta llamativo el Montículo conmemorativo de la bomba atómica, creado con las cenizas de 70.000 víctimas no identificadas. Muy cerca del parque, cruzando la calle, está el hipocentro, el punto exacto donde cayó la bomba. Ahora está todo reconstruido. Tan sólo hay una placa con una fotografía de cómo quedó después de la explosión.

Campana de la paz

Campana de la paz

Monumento a la paz de los niños

Monumento a la paz de los niños

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Montículo conmemorativo de la bomba atómica

Para volver hemos cogido un autobús. Es de los de subir por detrás y coger ticket con un número. Al llegar al destino, se paga lo que indica el panel para el número del ticket y se baja por delante.

Antes de meternos en el hotel, y para que no nos pasará lo de ayer, hemos ido directamente al centro comercial a cenar. Hoy hemos probado un restaurante de okonomiyaki llamado Goemon. Son una especie de creps que se preparan en una plancha frente a la barra en la que comes. Les ponen todo tipo de cosas encima y los cubren con un huevo hecho muy finito, salsa y especias. En esta zona es típico que lleven pasta, udon o soba, como ingrediente principal.

Preparando nuestros okonomiyaki

Preparando nuestros okonomiyaki

Okonomiyaki listo para tomar

Okonomiyaki listo para tomar

Ya en el hotel ha tocado hacer maletas, que mañana nos vamos a Hakone.

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Los horrores de la bomba

Termina nuestra estancia en Osaka. Con las maletas a cuestas nos hemos ido a la estación y hemos cogido el Sakura 551, el shinkansen que nos ha llevado, tras hora y media de viaje, hasta nuestra siguiente escala: Hiroshima.

El tren tiene cuatro asientos por fila, dos a cada lado del pasillo. Como nosotros somos tres, el cuarto asiento lo ha ocupado una simpática abuelita que se ha pasado medio viaje contándonos vete tú a saber qué en japonés, ignorando por completo nuestros gestos de absoluta incomprensión. Incluso nos ha enseñado sus billetes señalando las estaciones de destino (escritas en kanji) para que supiéramos a dónde iba.

Llegada a Hiroshima

Al llegar hemos podido comprobar que la previsión no se equivocaba: estaba lloviendo. Afortunadamente el hotel está bastante cerca de la estación y hay un enorme distribuidor subterráneo que tiene una salida muy cercana, así que nos hemos mojado poco.

No hemos podido entrar en la habitación. Aquí es habitual que no te dejen entrar hasta las tres de la tarde. Así que hemos dejado las maletas y nos hemos metido en un centro comercial donde hemos aprovechado para comer. La zona de restaurantes estaba bastante llena, puesto que los japoneses comen pronto. Los restaurantes tienen filas de sillas fuera, donde la gente puede esperar, tras reservar mesa, a que les toque su turno.

Nos hemos acercado a uno que tenía la suficiente variedad como para que todos encontráramos algo que nos apeteciera y nos hemos quedado esperando a que saliera la chica para cogernos la reserva. Mientras esperábamos ha llegado otra persona y se ha apuntado directamente en la hoja (colándose, por cierto). Parece ser que aquí lo hacen así. Los restaurantes tienen una carpeta con la hoja de las reservas y un bolígrafo junto a la entrada y la gente se apunta directamente, indicando cuántas personas son. Luego, cuando se vacía alguna mesa, sale y llaman al siguiente que le toca, tachando su nombre cuando entra. Pero el cartel que lo explicaba estaba escrito en perfecto japonés 😦 .

A la hora convenida nos hemos vuelto al hotel. Se trata del APA Hotel Hiroshima Ekimae (o sea, “hotel APA cerca de la estación de Hiroshima”). La habitación de este hotel es más grande, aunque el espacio está mucho peor aprovechado. El baño, sin embargo, es el mismo modelo “compacto” que teníamos en el hotel anterior, elevado unos 20 centímetros del suelo, supongo que para que haya sitio, entre otras cosas, para todas las tuberías y motores que hacen funcionar los múltiples chorritos de agua que puede lanzarte la taza.

El parque conmemorativo de la paz

La cúpula de la bomba

La cúpula de la bomba

No nos hemos demorado mucho, hemos soltado las maletas y descargado parte del peso que llevábamos a cuestas y nos hemos dirigido de nuevo a la estación de tren. La hemos cruzado y hemos cogido el autobús turístico. Este autobús no es como los que sueles encontrarte en otras ciudades, no tiene planta superior sin techo, ni auriculares con explicaciones. Es como una línea de autobús más, pero que recorre los lugares más turísticos de la ciudad. Lo mejor es que lo opera JR y está incluido en el JR Pass.

Nos hemos bajado en la parada Genbaku Dome – mae y hemos hecho una visita rápida del parque, directos hasta el Museo conmemorativo de la paz, porque seguía lloviendo. Afortunadamente, entre el arsenal de cacharros con el que cargamos se incluye una cámara acuática, así que hemos podido hacer alguna foto bajo la lluvia.

Lo primero que te encuentras, al entrar al parque desde ese extremo, es la Cúpula de la bomba atómica. Se trata de uno de los pocos edificios en los que quedó algo en pie tras la explosión de la bomba atómica, y que se ha conservado tal y como quedó, como recuerdo de la destrucción causada.

Llama de la paz

Llama de la paz

De camino al museo también está la Llama de la paz, un monumento dedicado a las víctimas de la bomba, cuya llama, que se encendió en 1964, permanecerá encendida mientras queden armas atómicas operativas en el planeta.

El precio del museo es simbólico e incluye información en múltiples idiomas, incluido el castellano. Recoge pertenencias de gente que sufrió la explosión, así como restos de objetos deformados por las intensas temperaturas. También se pueden ver algunos documentales e información sobre el estado actual de las armas atómicas en el mundo. Hay copias de la orden de lanzar la bomba contra la ciudad y de las cartas de protesta enviadas por el alcalde de Hiroshima durante años a los embajadores y representantes de todos los países que aún poseen armas nucleares.

Ropas de gente expuesta

Ropas de gente expuesta

Objetos deformados por el calor

Objetos deformados por el calor

Reloj parado en la hora de la explosión

Reloj parado en la hora de la explosión

Vista desde el museo

Vista desde el museo

Una réplica de la bomba

Una réplica de la bomba

Al salir del museo hemos tomado de nuevo el autobús turístico hasta el hotel. Más tarde hemos salido a cenar, más o menos a las 21:00. Nos hemos acercado al centro comercial cercano al hotel y lo primero que hemos visto es que cierra a las 22:00. Así que hemos subido rápidamente a la planta de los restaurantes. Como aquí cenan bastante pronto, todos estaban ya vacíos y el personal limpiando y recogiendo. Nos hemos ido a la zona de comida rápida, pero la mayoría sólo ofrecía ya bebidas y algún helado. Al final, al fondo del todo, hemos encontrado un pequeño local con tres mesitas que aceptaba pedidos hasta las 21:30, y donde un hombre muy amable nos ha preparado todo lo que le hemos pedido, incluyendo un menú infantil que llevaba hasta patatas fritas, y dos copas de helado. Es una pena que no admitan propinas, porque se la habría ganado.

Cena en el Ancafe

Cena en el Ancafe

Los postres

Los postres

Vuelta al hotel y a dormir, que mañana hay mejor pronóstico para el clima.

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