Patrimonio de la humanidad en Nikko

Hoy nos hemos vuelto a levantar tempranito y hemos seguido el mismo plan que ayer, desayunando en el hotel y cogiendo el mismo tren hasta Nikko. Hoy sí que hemos utilizado el abono que compramos ayer, empezando por el autobús número 7, llamado World Heritage Bus, que lleva hasta la zona donde están los templos que queremos visitar, y que hemos cogido en la parada 1A de la estación JR en Nikko.

Mausoleo Taiyuin

Yashamon

Yashamon

Nos hemos bajado en la parada Taiyuintemple-Futarasanshrine (así aparece en el mapa que tenemos), que te deja en la entrada del mausoleo de Taiyuin, que está junto a la del santuario Futarasan. Empezar por aquí y recorrer la zona andando hasta el puente de Shinkyō es la ruta inversa a la que suele hacer la mayoría de la gente (sobre todo los grupos con guía). Hemos decidido hacerlo así en parte para ir contracorriente, evitando coincidir con los grupos por toda la ruta, y en parte porque en este sentido es cuesta abajo, que también se agradece 😉 .

Aunque no estaba en nuestros planes iniciales, hemos decidido (o, más bien, lo ha decidido nuestro hijo) visitar el mausoleo Taiyuin. Este mausoleo forma parte del templo Rinnō-ji y tiene una entrada combinada que te ahorra unos ¥50 (que no es gran cosa) y tener que pasar por la taquilla del templo después.

Koukamon

Koukamon

Aquí está enterrado Tokugawa Iemitsu, el tercer shogun de la era Edo. El mausoleo fue construido en 1653 por el cuarto shogun Tokugawa, Ietsuna, hijo de Iemitsu. Se construyó con una estructura semejante a la de Tōshō-gū, donde está enterrado el abuelo de Iemitsu, Ieyasu, pero de forma más modesta, debido al profundo respeto que Iemitsu sentía por su abuelo. Por este mismo motivo los edificios de este complejo están encarados hacia Tōshō-gū. Posteriormente, el emperador Go-Kōmyō le concedió el título de templo al mausoleo, aunque tras la Restauración Meiji quedó supeditado a Rinnō-ji.

Resulta curioso observar, como a medida que te vas adentrando en el mausoleo, acercándote al edificio principal, los edificios están cada vez más decorados y son más suntuosos. El salón principal (honden) y la sala de oración (haiden) están cerrados y sólo se pueden ver por fuera. Tampoco está abierta la Koukamon, la puerta que separa la Okunoin (“casa interior”) del resto del templo. La Okunoin, en la que incluso los monjes rara vez entran, contiene otro haiden, otra puerta (llamada Inukimon), una torre del tesoro y la tumba de Iemitsu.

Santuario Futarasan

Tras la visita de Taiyuin, que no dura mucho, nos hemos metido en el santuario Futarasan que, como ya hemos dicho, está justo al lado.

Barriles de sake

Barriles de sake

El santuario Futarasan fue fundado por el monje Shōdō Shonin en el año 782, y está dedicado a los kami de las tres montañas más sagradas de Nikko: Nantai, Nyoho y Taro. Fue originalmente un templo que mezclaba budismo y sintoísmo, pero tras la separación de las religiones que se produjo en la Restauración Meiji se convirtió en santuario. El complejo cubre 3400 hectáreas, incluyendo varios bosques y los picos de las tres montañas.

Hay un conjunto de barriles de sake, donados por destiladores locales que opinan que el agua del manantial que se encuentra en el santuario Takinō, situado a un kilómetro al oeste de Futarasan, hace que el sake sea muy sabroso.

En el recinto hay varios árboles gigantes, algunos milenarios, que se consideran sagrados. Tienen cuerdas shimenawa alrededor para protegerlos y son venerados. También hay un farol llamado el farol fantasma, por las extrañas formas que adopta el fuego cuando se enciende. Tiene marcas de los golpes de las espadas de guerreros samuráis que lo confundieron con un monstruo en la oscuridad de la noche.

Farol fantasma

Farol fantasma

Árboles sagrados

Árboles sagrados

Por algún motivo que desconocemos, el sello de este santuario cuesta ¥500, en lugar de los ¥300 habituales. Y es algo bastante raro, porque el precio de los sellos parece muy estandarizado.

Santuario Tosho-gu

De camino a Tosho-gu

De camino a Tosho-gu

El santuario Futarasan tiene una salida que conduce a un paseo flanqueado por faroles que recorre un lateral del santuario Tosho-gu, en dirección hacia su entrada. El precio de este santuario es notablemente más elevado que el del resto de lugares de culto de la zona. Y resulta obvio que las discrepancias sobre el reparto del importe de la entrada combinada de templos proceden de aquí, siendo éste el motivo de su retirada.

El santuario Tōshō-gū contiene el mausoleo con las cenizas de Tokugawa Ieyasu, el fundador del shogunato Tokugawa, que perduró durante más de 250 años. El propio Ieyasu es venerado en este santuario con el nombre de Tosho Daigongen. Se construyó en 1617, un año después de la muerte de Ieyasu. Siguiendo su voluntad, el santuario se construyó en Nikko, a pesar de que Nikko está al norte de Tokio (que era la capital durante el shogunato, con el nombre de Edo) y el norte se considera una dirección tabú, porque se dice que es por donde entran los demonios. Pero Ieyasu quería ser enterrado aquí para poder proteger a Japón del mal.

Aunque Ieyasu quería un santuario modesto, su nieto Iemitsu hizo varias remodelaciones en 1636 hasta convertirlo en el imponente edificio actual. El complejo es realmente hermoso, con numerosos edificios profusamente decorados. Y también está atestado de gente, sobre todo de enormes grupos procedentes de excursiones organizadas.

No ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal

No ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal

El santuario está organizado para absorber a este enorme flujo de gente, lo que implica una ruta marcada y zonas a las que no se puede volver una vez recorridas. Por el mismo motivo, el sello no te lo ponen directamente en el libro. En su lugar te venden, al mismo precio, una hoja con el sello y el nombre ya escritos, a falta de poner la fecha, que sí lo hacen en el momento. Es un fastidio, pero tendremos que pegar la hoja en su lugar correspondiente del libro (hemos guardado el espacio).

Uno de los edificios más conocidos del santuario es el Shinkyusha (“establo sagrado”), un establo para los caballos blancos sagrados del santuario, que incluye un friso con ocho tallas de monos representando escenas cotidianas de la vida. Entre ellas se encuentra la famosa “no ver el mal, no hablarle al mal, no escuchar al mal”. Los monos se han considerado mensajeros de los dioses y protectores de los caballos desde la antigüedad. También se consideran símbolos de la buena suerte, porque la palabra japonesa para mono, saru, también se utiliza, como verbo, cuando se habla de expulsar o abandonar la mala fortuna.

La puerta Yomeimon está actualmente en restauración y cubierta de andamios. Te ofrecen hacerte una foto con una de las torres laterales, que luego te venden junto a una foto de la puerta sin los andamios (que, por cierto, es realmente preciosa).

Más allá de la puerta se encuentra el edificio principal, que consta de la sala de oración (haiden), conectada con el salón principal o honden.

A la derecha se encuentra la puerta Sakashitamon, que conduce al santuario interior Okusha, en cuya entrada se encuentra la famosa escultura del gato durmiente. En la parte de atrás hay un gorrión. Si el gato despertara se comería al gorrión, pero, sin embargo, conviven. Es un símbolo de la paz.

Karamon

Karamon

El gato durmiente

El gato durmiente

Gorrión

Gorrión

Tras la entrada hay un montón de escaleras que llevan al lugar donde están los restos de Ieyasu, en una especie de enorme urna a cuyo recinto no se puede entrar pero que sí se puede rodear para verla desde todos los ángulos.

Piedras en Tosho-gu

Piedras en Tosho-gu

Okusha-houtou

Okusha-houtou

A la izquierda de la puerta Yomeimon, detrás de la “torre del tambor” se encuentra el Yakushi-dō (también llamado Honji-dō) en cuyo techo está la pintura del Nakiryu (“dragón plañidero”), que recibe ese nombre por el sonido, como un gemido, que produce el eco si se golpean dos palos bajo las fauces del dragón. Se entra en grupos y los monjes hacen una demostración golpeando palos en varios lugares de la estancia. Que cada uno juzgue a qué suena. No se permiten hacer fotografías.

Templo Rinnō-ji

Bajando desde la entrada de Tosho-gu se encuentra el templo Rinnō-ji, que es el más importante de Nikko. Fue fundado por Shōdō Shonin en el año 766. Originalmente se llamaba Shihonryuji y fue renombrado como Manganji en el año 810. En 1655 se le cambió el nombre una vez más, esta vez a Rinnoji-no-miya, del que procede el nombre actual. Durante la Restauración Meiji (aparte de cambiarle el nombre, una vez más, a Manganji) se trató de separar los templos budistas de los santuarios sintoístas y más de 100 templos fueron “fusionados” con éste por ley. Sin embargo, 15 de esos templos revivieron en el año 1882 y se “independizaron” con el nombre de Rinnō-ji.

Andamio del Sanbutsu-do

Andamio del Sanbutsu-do

El edificio central de este complejo, el único que cobra entrada para acceder a él, se llama Sanbutsu-dō (“Salón de los tres budas”) y alberga tres estatuas de los budas Amida Nyorai (Amitābha), Senju-Kannon (Kannon de los mil brazos) y Batō-Kannon (Kannon con cabeza de caballo), cada una de las cuales representa a uno de los tres montes sagrados de Nikko.

Está cubierto de andamios, con una enorme fotografía del exterior del edificio, debido a su restauración hasta marzo de 2021. Aún así se puede entrar, aunque algunos elementos están tapados o directamente no están, como algunas de las estatuas. Se puede subir, mediante un montón de tramos de escaleras, a la parte superior del andamiaje. Desde allí se puede ver cómo están desmontando el templo pieza a pieza. También hay un mirador, desde donde se pueden ver otros edificios del complejo.

Puente Shinkyō

Bajando desde Rinnō-ji, y siguiendo los carteles para no liarse, se llega hasta el Shinkyō (“Puente sagrado”), un precioso puente lacado en rojo sobre el río Daiya. Cuenta la leyenda que Shōdō Shonin y sus acompañantes escalaron el monte Nantai en el año 766 para rezar por la prosperidad, pero al llegar al río no pudieron cruzarlo. Sus rezos hicieron que se apareciera un dios que portaba dos serpientes, una roja y otra azul, a las que convirtió en un puente multicolor cubierto de juncos por el que pudieron cruzar. Por ese motivo a este puente también se lo conoce como Yamasugeno-jabashi (“puente-serpiente de juncos”).

Puente Shinkyo

Puente Shinkyo

El puente forma parte del santuario Futarasan, tiene 28 metros de largo y 7,8 de ancho, y el punto más alto se encuentra a algo más de 10 metros sobre el río.

Ha habido otros puentes anteriores, pero el actual fue construido en 1636. Hasta 1973 tan sólo generales y emisarios de la corte imperial podían utilizarlo. Tuvo que ser restaurado a finales de los años 90 y en la actualidad hay que pagar para cruzarlo. Aunque no se puede pasar al otro lado del río, se entra y se sale por el mismo margen.

El puente se encuentra al final (o el principio, según se mire) del parque de Nikko, que es donde se encuentran todos los templos y santuarios que hemos visitado. En la calle que va hasta la estación hay varios restaurantes. Hemos comido en uno de ellos. Hoy ha tocado ramen y udon. Los ramen son la versión japonesa de los fideos chinos, aunque se sirven de forma muy similar a los udon, en sopa y con más ingredientes, todo en un mismo cuenco.

Lago Chūzenji

En la misma calle, justo frente al restaurante donde hemos comido, hemos cogido un autobús que nos ha llevado hasta el lago Chūzenji (parada Chuzenji-onsen). El lago se creó hace unos 20.000 años, cuando una erupción del monte Nantai bloqueó el río. El lago se alimenta del río Yukawa y descarga su exceso de agua a través de una preciosa cascada de casi 100 metros de altura llamada Kegon, situada en el primer tramo del río Daiya, que nace en este lago.

Lago Chuzenji

Lago Chuzenji

Cascada Kegon

Cascada Kegon

Se puede acceder, por medio de un ascensor de pago (y unas cuantas escaleras), a una plataforma de observación situada en el fondo de la cascada. Es algo caro, pero permite acceder a unas muy buenas vistas de la cascada, dado que desde arriba se ve bastante mal.

Bakejizō

Tras las fotos de rigor del lago y la cascada hemos tomado de nuevo el autobús (en la misma parada), de vuelta a Nikko. Nos hemos bajado en Nishisando y nos hemos dirigido hacia el río, buscando los Bakejizō. Encontrarlos no ha sido tarea fácil, porque no hay indicaciones. Una japonesa nos ha visto algo despistados y se ha ofrecido a ayudarnos. Incluso nos ha guiado hasta la puerta de su casa, de donde ha cogido un mapa que nos ha regalado y sobre el que nos ha indicado el camino… mandándonos en dirección contraria a la que teníamos que ir.

Afortunadamente, en la dirección que nos ha indicado el camino se termina pronto, o hubiéramos andado bastante más de la cuenta. Y, aunque hemos estado a punto de tratar de meternos por la orilla del río, al final hemos acabado suponiendo que los Jizō estaban en la dirección opuesta y que el puente que nos había señalado en el mapa no era por el que realmente habíamos cruzado.

Bakejizo

Bakejizo

Tras un paseo que nos ha parecido bastante más largo de lo que realmente era hemos llegado, ya anocheciendo, a nuestro destino: los Bakejizō, literalmente “Jizō fantasma”, un grupo de unas 40 estatuas alineadas junto al río Daiya. Reciben ese nombre porque se supone que cada vez que las cuentas obtienes un número diferente, porque las estatuas juegan contigo y cambian de sitio. De hecho, nuestro hijo ha contado tan sólo 33. Solía haber más de cien estatuas, pero la mayoría se perdió en una inundación.

Jizō es el nombre japonés del bodhisattva Ksitigarbha (“Tesoro de la tierra”), que permanece en los infiernos, sin alcanzar la budeidad, hasta haber ayudado a liberar a todas las almas atormentadas.

Se le suele representar vestido de monje con un báculo con sortijas y una campanilla en una mano y una perla brillante en la otra. Se supone que utiliza el báculo para romper las puertas de los infiernos y la perla para iluminar toda la existencia, alejándola del dolor.

En Japón Jizō es el protector de los niños (sobre todo de los fallecidos), las embarazadas, los bomberos y los viajeros. Oculta a los niños en sus ropas para protegerlos de los demonios y los guía a la salvación.

De vuelta al hotel

Es posible que haya un camino mejor señalado bajándose en una parada anterior de autobús, porque nos hemos encontrado gente que venía de esa dirección. En cualquier caso, nosotros nos hemos vuelto a Nishisando, porque ahí paran más autobuses.

Hemos cogido otro autobús de vuelta a la estación de tren de JR y luego hemos tenido que correr para coger el tren que estaba a punto de marcharse, y no tener que esperar un buen rato, porque a esas horas la frecuencia de trenes es mucho menor.

Ya en Utsunomiya, hemos cenado en el centro comercial de la propia estación. Luego nos hemos ido al hotel a descansar, que el día ha sido bastante largo.

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