Ruta circular en Hakone

El día ha amanecido soleado, bien. En este hotel el desayuno está incluido en el precio de la habitación, suponemos que debido a que no hay ningún restaurante o cafetería cerca y es necesario coger un autobús para llegar a algún lugar con comida. El desayuno, de tipo bufet, es bastante variado, con comida tanto japonesa como occidental.

Barco para recorrer el lago Ashi

Barco para recorrer el lago Ashi

Después de desayunar hemos cogido el mismo autobús en el que vinimos ayer, el H, hasta Hakonemachi. El autobús te deja muy cerca del lago Ashi, junto al puerto donde se puede coger un barco para admirar las vistas que ofrece el lago con el monte Fuji al fondo. Como el día estaba lo suficientemente despejado hemos podido hacer ya las primeras fotografías del volcán, aunque en la cámara cuesta un poco distinguirlo del fondo, porque está completamente nevado.

El barco hace una pequeña parada en Moto-Hakone (donde, por cierto, se han bajado todos los grupos que iban con guía) y luego continúa hasta Togendai, en el otro extremo. En la misma terminal en la que atraca el barco se coge el teleférico, el primero de los dos que suben por el monte Kamiyama. Pero antes de cogerlo hemos pasado por la tienda, para comprar algunos productos de artesanía de madera, típicos de esta zona. Entre ellos hemos comprado una caja kumiki, una de esas cajas en las que tienes que desplazar varios paneles disimulados, en un orden concreto, para poder abrirlas.

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Santuario junto al lago Ashi, con el monte Fuji al fondo

Luego hemos cogido el teleférico para subir los dos primeros tramos, hasta Owakudani. Hay una estación intermedia, Ubako, en la que ni siquiera tienes que bajarte.

No había cola para el teleférico, aunque sí mucha en sentido bajada. Se debe a que nosotros hemos hecho la ruta circular en el sentido opuesto a como se recomienda en las guías y como suelen hacerlo las agencias. Así nos hemos quitado de encima a la mayoría de los enormes grupos con guía.

En la estación de Owakudani (“Gran valle hirviente”) es donde se toma el segundo teleférico, que sube el tercer tramo. Pero antes es recomendable salir a ver la zona en la que se encuentra la estación. Hay algunos estanques con agua hirviendo. En uno de ellos, al que se accede mediante algunos tramos de escaleras, cuecen huevos que puedes comprar para comerlos allí mismo. Al cocerlos en esa agua, la cáscara del huevo se vuelve negra, debido al sulfuro de hierro que contiene, fruto de la reacción del sulfuro de hidrógeno que emana del volcán con el hierro presente en el agua.

Teleférico que sube a Owakudani

Teleférico que sube a Owakudani

Owakudani

Owakudani

Huevo negro

Huevo negro

Tienen unos carritos que se desplazan por cables desde la parte superior, donde está el estanque hasta la inferior, donde está la tienda de souvenirs. Con ellos suben huevos crudos (blancos) y bajan huevos cocidos (negros).

De vuelta en la estación hemos cogido el teleférico hasta Souzan y ahí hemos enlazado con una especie de funicular (cable car), que nos ha bajado hasta Gora.

El monte Fuji, desde Owakudani

El monte Fuji, desde Owakudani

Bajando en funicular

Bajando en funicular

Allí hemos cogido un autobús, el S, hasta Yunessun, un enorme complejo con hoteles, restaurantes y un gran onsen. Hemos comprado una entrada combinada con comida y nos hemos ido directamente al restaurante a comer. Es un bufet con bastante variedad de platos, tanto japoneses como occidentales.

Aquí también te dan una pulsera para pagar cosas dentro del onsen, pero, a diferencia del que visitamos en Osaka, aquí la pulsera también sirve para las taquillas y no hay que andar guardando moneditas.

El entorno de Yunessun

El entorno de Yunessun

El onsen tiene tres zonas, dos para ir con bañador y otra, separada por sexos, para bañarse desnudo. Esta última se paga aparte, pero todas las entradas combinadas la incluyen.

La zona normal de baño tiene las típicas piscinas con chorros de agua, jacuzzi, etc. También tiene una pequeña zona infantil, aunque para niños bastante pequeños. Todo con agua caliente, pero no demasiado.

Luego hay otra zona que podríamos llamar “temática”. Aquí las piscinas no tienen sólo agua, también incluyen otros ingredientes como café, vino, té, sake… Además, están decoradas de forma acorde al contenido de la piscina, con enormes teteras o botellas de vino de las que emana el agua coloreada. Es toda una experiencia. Aquí son todas exteriores y el agua está bastante más caliente.

Para ir a la zona clásica, hay que pasar de nuevo por las taquillas. Se supone que te tienes que vestir y luego volver a quitarte la ropa en la otra zona, donde hay otras taquillas. Pero mucha gente se echa una toalla sobre el bañador y se va tal cual, dado que no sales a la calle en ningún momento. También se pueden alquilar una especie de pijamas, con los que puedes moverte por todo el edificio sin llevar nada más debajo. Las toallas, por cierto, también se alquilan. Pero puedes traer las tuyas.

La zona clásica tiene una parte donde tienes que lavarte primero (aquí no hay esponjas) y luego varias piscinas, un jacuzzi y una sauna. La mayoría de las piscinas son exteriores y el agua está tan caliente que hace que la de 42 grados parezca fría. Si quieres agua fría, para no caerte redondo por la bajada de tensión, tienes que buscar una ducha, porque no la hay en ningún otro sitio.

Piscina de vino

Piscina de vino

Piscina de sake

Piscina de sake

Piscina de té verde

Piscina de té verde

Hemos pasado toda la tarde en el onsen, e incluso hemos cenado en otro de sus restaurantes, porque cerca del hotel no tenemos nada.

Hemos tomado de nuevo el autobús H hasta el hotel. Todos los medios de transporte que hemos cogido a lo largo del día están incluidos en el Hakone Freepass, por lo que resulta altamente recomendable comprarlo.

Al llegar a la habitación nos la hemos encontrado tal y como la dejamos. No nos la han arreglado y no sabemos por qué. Quizás teníamos que haberlo pedido explícitamente o puede que en este hotel sea un servicio que se paga aparte. O tal vez se deba a que dejamos los futones sin guardar. Sea como sea, nos vamos a quedar sin saberlo, porque mañana dejamos el hotel, y nos trasladamos a nuestra siguiente escala.

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