Templos y santuarios en Kioto

Hoy nos hemos levantado algo más tarde. Hemos bajado cuando ya casi se estaba terminando el tiempo del desayuno. Aún así, en cuanto nos han visto llegar nos han sacado tostadas y nos han repuesto de casi todo lo que se había terminado (excepto leche). Pensábamos que tendríamos que coger el desayuno en la estación, pero al final no ha hecho falta. Hoy había una especie de ensaladilla rusa que estaba bastante buena. Y la riquísima sopa de miso que tienen siempre, claro.

Fushimi Inari-taisha

La entrada a Fushimi Inari

La entrada a Fushimi Inari

Nos hemos ido a la estación y hemos cogido un shinkansen hasta Kioto. Allí hemos cambiado a un tren regional para ir hasta Inari. El santuario está justo frente a la estación.

El santuario Fushimi Inari-taisha fue construido en el siglo VIII por el clan Hata y es el principal centro de culto al kami Inari en Japón. Inari es el kami del arroz y del sake, aunque a medida que el papel de la agricultura en la economía japonesa fue disminuyendo, pasó a ser también el kami de todo tipo de negocios. El culto a Inari es el más extendido de Japón. Se estima que una tercera parte de los santuarios de todo Japón están dedicados a este kami (por lo que se ve, entre salud, dinero y amor, los japoneses tienen bastante claro con qué se quedan). Con frecuencia comerciantes, hombres de negocios o las propias empresas donan barriles de sake y puertas torii en agradecimiento al kami por lo bien que les ha ido. Y la mayoría de estas puertas torii acaban aquí, donde miles de ellas (literalmente) forman un interminable camino que serpentea por la montaña, detrás del santuario.

Un kitsune con la llave del granero

Un kitsune con la llave del granero

Otro de los elementos típicos de este santuario (y de otros muchos consagrados a Inari) son las estatuas de zorros. El zorro (kitsune) se considera el mensajero del kami y protector de las cosechas, por lo que con frecuencia se lo representa con un rollo de papel en la boca o custodiando las llaves del granero.

El complejo se sitúa en la ladera de una montaña y abarca numerosas construcciones. Aunque se empezó a construir en 711, el santuario principal no se construyó hasta 1499.

Nos hemos hinchado a hacer fotos de puertas torii. También hemos comprado un libro de sellos de templos y santuarios y nos han escrito el nombre del santuario en él. A partir de ahora iremos poniendo el sello de cada templo que visitemos en el libro, a 300 yenes cada uno, eso sí.

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii

Unas pocas puertas torii más

Unas pocas puertas torii más

Dos de los primeros sellos

Dos de los primeros sellos

Sanjūsangen-dō

Nos hemos cogido de nuevo el tren hasta la estación de Kioto y desde allí nos hemos ido a un centro comercial cercano a comer. Hemos escogido un buffet libre que tenía tanto comida japonesa como occidental y hemos aprovechado para probar un montón de cosas (que no tenemos ni idea de cómo se llaman, y casi ni qué son). Luego hemos vuelto a la estación a coger un autobús que nos ha llevado a Sanjūsangen-dō. Coger autobuses aquí resulta bastante sencillo. Todo está indicado en inglés además de en japonés y el autobús lleva una pantalla donde se indica cada parada. Hay que tener en cuenta que al autobús se sube por detrás y se sale por delante. Como nosotros compramos billetes válidos para todo el día, hemos tenido que meterlos en la máquina para que les pusieran la fecha. Las siguientes veces basta con enseñarlos.

Probando entrantes japoneses

Probando entrantes japoneses

Degustación de postres

Degustación de postres

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō

Sanjūsangen-dō (“Salón con treinta tres espacios entre columnas”) es el nombre con el que se conoce popularmente al templo Rengeō-in. El nombre hace referencia a las dimensiones del edificio principal que, con sus 120 metros, es considerado el edificio de madera más largo del mundo. En su interior se encuentra una impresionante estatua de Kannon, flanqueada por otras no menos impresionantes 1000 estatuas más de Kannon a tamaño natural.

Kannon, a menudo erróneamente llamada diosa de la misericordia, es en realidad un bodhisattva budista cuya principal cualidad es la compasión. En el budismo, el término bodhisattva se aplica a aquellos que siguen el camino de la iluminación, tratando de alcanzar el nirvana. Son venerados, se les reza y se les dedican templos. Son el equivalente budista a los santos cristianos. Si el bodhisattva alcanza la budeidad (la verdad, el despertar espiritual, el nirvana) puede recibir el título honorífico de Buda.

Kannon es, por tanto, el nombre que dan los japoneses al bodhisattva Avalokiteśvara. Cuenta la leyenda que Avalokiteśvara renunció a alcanzar él mismo (o ella) la iluminación hasta que hubiera ayudado al resto de los seres sensibles en su propio camino hacia el nirvana. Para ello entró en una profunda meditación, con el objetivo de salvar a todos los seres desgraciados. Pero al salir de la meditación descubrió que sólo había logrado ayudar a una pequeña parte de los que sufrían, lo que le hizo empezar a dudar de que sus esfuerzos sirvieran realmente para algo. Al titubear, y tal como él mismo había jurado al hacer sus votos, su cuerpo empezó a romperse en pedazos. Pidió ayuda al buda Amitâbha, quien lo reconstruyó creando un nuevo cuerpo con mil brazos (para poder alcanzar a todos los que sufren) y diez cabezas (para poder escuchar todos sus lamentos). Sobre las diez cabezas le colocó la suya propia.

Junto al Sanjūsangen-dō

Junto al Sanjūsangen-dō

Por este motivo, este bodhisattva, que con frecuencia toma forma femenina, se suele representar con once cabezas y con numerosos brazos (típicamente 42: los dos habituales y 40 extra, los cuales, multiplicados por los 25 planos de existencia que considera el budismo, nos dan los 1000).

En el interior del templo no se pueden hacer fotos ni grabar vídeo (incluso amenazan con revisarte las cámaras y multarte), así que no tengo ninguna. Puedes ver alguna en la página web del templo: http://www.sanjusangendo.jp/b_1.html.

El templo también tiene un pequeño lago y algunos otros edificios.

Gion y Kiyomizu-dera

Tras la visita hemos cogido de nuevo el autobús y hemos ido al barrio de Gion, el barrio de las geishas (aunque ya adelantamos que no hemos visto ninguna). Desde la parada hemos ido andando hasta el templo Kiyomizu-dera, parando por los callejones del barrio y las calles empinadas. De camino hemos pasado por el santuario Yasaka y hemos aprovechado para visitarlo y hacer algunas fotos, ya que la entrada es gratis.

El santuario Yakusa

El santuario Yakusa

El barrio de Gion

El barrio de Gion

Kiyomizu-dera (“Templo del agua pura”) es un templo budista fundado en el año 778, aunque sus edificios se han incendiado en numerosas ocasiones. Los actuales son de 1633. El Hondō (salón principal) está designado como tesoro nacional y destaca por su enorme balconada de madera, a 13 metros sobre la colina, construida sin utilizar ni un solo clavo. Este voladizo dio pie a la expresión “saltar de la baranda de Kiyomizu” y hacía referencia a la leyenda de ver cumplido un deseo si sobrevivías a la caída.

La balconada de Kiyomizu-dera

La balconada de Kiyomizu-dera

La visita al templo la hemos hecho de noche, aprovechando que a finales de marzo y principios de abril el templo tiene también horario nocturno, algo que sólo ocurre unos pocos días al año. La visita nocturna, con el templo y la ciudad de fondo iluminada tiene su encanto. Aunque hacer fotos resulta complicado.

El camino está marcado y hay mucho personal asegurándose de que no te desvíes (no sea que yendo a oscuras te vayas a despeñar por un barranco). Casi al principio nos han llevado a un edificio en el que tenías que quitarte los zapatos y pagar ¥100 para entrar. Pensábamos que era para ver el interior, pero nos han dirigido hacia unas escaleras que bajaban con escasa iluminación que continuaban por un pasillo completamente a oscuras. A tientas, sin ver absolutamente nada, hemos ido avanzando por el pasillo hasta llegar a una piedra giratoria iluminada desde un agujero en el techo. Como no sabíamos muy bien que teníamos que hacer la hemos movido un poco y hemos continuado por el pasillo a oscuras hasta la salida.

Buscando después en internet hemos averiguado que, por lo visto, el edificio bajo el que hemos estado alberga una estatua de Daizuigu Bosatsu, la madre de Buda, y que el paseo a oscuras representa su útero. Se supone que Daizuigu Bosatsu puede conceder cualquier deseo, si lo formulas mientras giras la piedra, sobre la que está escrita la palabra “útero” en sánscrito.

La vuelta desde el templo es, naturalmente, cuesta abajo. El camino más corto de bajada te deja en la parada de autobús de Gojozaka, desde donde hemos vuelto a la estación de Kioto. Hemos tardado una media hora en poder coger un autobús. No porque no pasen, al contrario, pasan cada cinco minutos. El problema es que había muchísima gente en la parada y los autobuses venían muy llenos. Apenas se podían subir 3 o 4 personas en cada uno. 6 autobuses han tenido que pasar hasta que nos hemos podido subir a uno de ellos. Ya en la estación de Kioto hemos cogido otro shinkansen hasta Shin-Osaka. Aquí hemos comprado desayuno para mañana, para tomarlo en la habitación y ganar tiempo, puesto que queremos coger un tren tempranito.

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