Breve historia de Japón

Japón (en japonés, 日本, Nippon o Nihon) es un archipiélago formado por casi 7000 islas, isla arriba isla abajo, siendo la mayor de todas ellas Honshu, en la que pasaremos la mayor parte de nuestra estancia. Además de Honshu, las otras tres islas con mayor relevancia son Hokkaido, Shikoku y Kyushu.

Los comienzos

Aunque hay evidencias de presencia humana en Japón desde el paleolítico superior, apenas hay historia escrita hasta el siglo VII. Esto se debe, principalmente, a que en Japón no existía la escritura hasta que fue introducida por los monjes budistas chinos entre los siglos IV y VI. Hubo una cultura posterior, conocida como Yayoi, que destaca sobre todo por iniciar el cultivo del arroz. No tenían un gobierno centralizado. En su lugar, diversas sociedades gobernaban cada una su propio territorio. Pero, con el tiempo, una de ellas, la Yamato fue expandiéndose por el archipiélago, imponiendo un sistema de gobierno centralizado dirigido desde la provincia Yamato (la actual prefectura Nara), con la excusa de su supuestos orígenes divinos.

Los gobernantes fueron adoptando poco a poco las costumbres chinas y acabaron trasladando la capital de Heijō-kyō (Nara) a Heian-kyō (llamada en la actualidad Kioto), donde permaneció hasta el siglo XIX. Alrededor de los diversos emperadores fue surgiendo una poderosa aristocracia, que era quien realmente gobernaba. Con el tiempo, el control sobre las provincias se fue debilitando y los nobles necesitaban una fuerza militar cada vez mayor para seguir manteniendo el poder. Fue en esta época cuando aparecieron los samurais, nombre que se dio primero a los sirvientes de la nobleza y que con el tiempo se fue asociando a líderes militares.

Los shogunatos

Poco a poco, los militares fueron adquiriendo más poder y acabaron desplazando a la nobleza, convirtiéndose ellos mismos en la nueva aristocracia. Durante varios siglos se fueron sucediendo diversos linajes de guerreros en el poder, con constantes guerras entre ellos (sobre todo entre los Taira y los Minamoto). Hasta que en 1192, Minamoto no Yoritomo se hizo con el control de todo el país, estableciendo un gobierno militar en Kamakura y autoproclamándose shogun (abreviatura de Seii Taishogun, título que se daba al líder de los samuráis y que significa “gran general apaciguador de los bárbaros”). Aunque la figura de emperador no desapareció, quedó totalmente desprovisto del escaso poder que aún conservaba, aunque siguiera siendo considerado el legítimo gobernante.

Este régimen, llamado bakufu (literalmente, gobierno desde la maku o tienda de campaña), perduró durante 700 años, durante los cuales varios grandes clanes de guerreros se sucedieron en el poder, pudiendo distinguirse tres grandes shogunatos: Kamakura, Ashikaga y Tokugawa. No fue precisamente una época de estabilidad. Cuando no le declaraban la guerra al shogún miembros de clanes rivales, lo hacían los de su propio clan, se le revelaban sus propios vasallos o alguno de sus generales le traicionaba.

Durante el segundo shogunato, Ashikaga o periodo Muromachi (por la zona de Kioto donde el shogún estableció su residencia), los señores feudales (daimyo) empezaron a concentrar buena parte del poder, lo que derivó en una guerra civil. El tercer shogunato, Tokugawa o periodo Edo (nombre de la capital del shogunato, actualmente Tokio), acabó con esa situación unificando todo el país mediante alianzas administrativas con los feudos, otorgando poder a clanes vasallos que les apoyaban y quitándoselo a los problemáticos, pero manteniendo siempre el control político y económico sobre ellos.

Durante este shogunato se creó un sistema de castas que se acabó asimilando en todo Japón: los samuráis eran la clase alta, seguidos de los nobles y cortesanos primero y las clases religiosas después, quedando todos los demás por debajo. Al mismo tiempo se impuso un aislamiento del resto del mundo (llamado sakoku o “cierre del país”), expulsando a los extranjeros e impidiendo la entrada de viajeros (incluso la de japoneses que hubieran emigrado).

La Restauración Meiji

El declive del shogunato de Tokugawa comenzaría en julio de 1853, cuando varios buques de guerra estadounidenses llegaron a las costas de Japón exigiendo que les dejaran entrar en sus puertos, bajo amenaza de iniciar acciones militares. Por miedo a tener que enfrentarse a la superioridad tecnológica de Estados Unidos, el shogunato cedió a sus peticiones, lo que fue visto como un signo de debilidad.

Fueron los propios aristócratas los que se rebelaron, presionando al emperador Meiji para que, en 1867, dictara la orden de disolver el shogunato. El shogún no se rinde sin más, pero, tras unas cuantas batallas, el ejército imperial, modernizado gracias a la ayuda extranjera, acaba con todo su poder. A este proceso se le llamó la Restauración Meiji.

La era Meiji supuso la modernización de Japón y su ascenso a potencia mundial. La ciudad de Edo cambió su nombre por el de Tokio (capital del este) y se convirtió en la capital de facto de Japón al trasladarse allí la residencia del emperador. Sin embargo, aunque sí se redactó un edicto cuando la capital se trasladó a Heian-kyō (en el año 794), parece ser que no se hizo lo mismo al trasladar la capital a Tokio, por lo que muchos aún consideran que, oficialmente, la capital de Japón sigue siendo Kioto.

El Imperio de Japón

La industrialización y la modernización llegó hasta el nombre del país, que pasó a denominarse Imperio de Japón. Los japoneses iniciaron entonces una etapa expansionista que les llevó a luchar primero contra China y después contra Rusia por el control de Corea y la región de Manchuria (que, por cierto, consiguieron).

Afianzados como potencia mundial y animados por sus recientes victorias, Japón se metió por voluntad propia en las dos Guerras Mundiales, siempre con el objetivo principal de conquistar China, con la que también mantuvo una guerra particular entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Durante todos estos conflictos, las relaciones con Estados Unidos fueron… tensas, bastante tensas. Situación a la que no ayudó que Japón firmara un pacto tripartito con la Alemania nazi e Italia (lo que se conocería como el Eje).

La situación llegó al límite cuando Japón atacó Pearl Harbor (el 7 de diciembre de 1941) y luego invadió buena parte de las islas del Pacífico, incluyendo Filipinas y Hong Kong. A los japoneses les fue relativamente bien durante unos meses, llegando a conquistar Birmania, Tailandia, Malasia… Pero después de una larga campaña naval en el Pacífico, Japón perdió Okinawa y tuvo que abandonar sus recientes conquistas. Las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki forzaron la rendición definitiva de Japón.

Después de la bomba

La ocupación estadounidense se encargó de desmantelar el ejército y de quitarle el poder al emperador, creando la figura de un primer ministro elegido por un parlamento. En 1952, Japón recupera su soberanía e inicia su recuperación económica, sorprendentemente rápida, poniéndose en poco tiempo a la par con occidente y destacando por su alta tecnología.

En la década de los 90, el país sufre una recesión económica, agravada por el descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población. La recuperación, después de la década perdida, ha sido bastante más lenta. Y el tsunami de 2011, junto con el desastre de Fukushima no han ayudado demasiado.

 

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